16 Octubre 2011 Seguir en 
Las declaraciones poco felices del ex presidente uruguayo Tabaré Vázquez sobre la posibilidad de un conflicto armado a propósito de la instalación de una planta de pasta celulosa sobre las aguas del Río Uruguay, generaron sorpresa e indignación en ambos lados del Río de la Plata.
Recordemos que durante la gestión de Tabaré Vázquez (2005-2010) y Néstor Kirchner (2003-2007) las relaciones entre ambos países se deterioraron. En primer lugar, por las posibilidades de contaminación de las aguas del río que llevaron desde un principio a una creciente movilización de los vecinos de Entre Ríos (los asambleístas), en particular de Gualeguaychú, Colón y Concordia que bloqueando el paso fronterizo evidenciaron su malestar. En segundo lugar, el gobierno de Néstor Kirchner entendía que no se había respetado el marco jurídico en función del Estatuto del Río de la Plata firmado por Argentina y Uruguay en 1975.
La intransigencia de ambos gobiernos llevó a que las actividades de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) no prosperaran y dirigieran sus planteos hacia la Corte Internacional de Justicia.
Sin embargo, el ascenso de José Mujica permitió iniciar una nueva ronda de diálogo con su par argentina que llevó al levantamiento del bloqueo, la conformación de un Comité Científico Binacional responsable del monitoreo del Río Uruguay y el apoyo de Montevideo a la candidatura de Néstor Kirchner a la presidencia de la Unasur, tema constantemente resistido por Tabaré Vázquez.
En este contexto de mayor entendimiento, en el cual ambos países firmaron en los últimos años acuerdos de distinta naturaleza, las declaraciones del ex presidente fueron profundamente resistidas tanto por la dirigencia política uruguaya y argentina como por la opinión pública. Sus declaraciones se cobraron a su primera víctima: el propio Tabaré Vázquez que anunció su retiro de la vida pública y su renuncia a participar de las elecciones de 2014.
Si bien el conflicto de las pasteras puso en evidencia las propias limitaciones de ambas cancillerías a la hora de avanzar en soluciones negociadas, está claro que la opción por América Latina constituye un eje central de la política exterior de ambos países no sólo en términos económicos sino también político. Y esta SI es una alternativa saludable para la región en su conjunto.
Recordemos que durante la gestión de Tabaré Vázquez (2005-2010) y Néstor Kirchner (2003-2007) las relaciones entre ambos países se deterioraron. En primer lugar, por las posibilidades de contaminación de las aguas del río que llevaron desde un principio a una creciente movilización de los vecinos de Entre Ríos (los asambleístas), en particular de Gualeguaychú, Colón y Concordia que bloqueando el paso fronterizo evidenciaron su malestar. En segundo lugar, el gobierno de Néstor Kirchner entendía que no se había respetado el marco jurídico en función del Estatuto del Río de la Plata firmado por Argentina y Uruguay en 1975.
La intransigencia de ambos gobiernos llevó a que las actividades de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) no prosperaran y dirigieran sus planteos hacia la Corte Internacional de Justicia.
Sin embargo, el ascenso de José Mujica permitió iniciar una nueva ronda de diálogo con su par argentina que llevó al levantamiento del bloqueo, la conformación de un Comité Científico Binacional responsable del monitoreo del Río Uruguay y el apoyo de Montevideo a la candidatura de Néstor Kirchner a la presidencia de la Unasur, tema constantemente resistido por Tabaré Vázquez.
En este contexto de mayor entendimiento, en el cual ambos países firmaron en los últimos años acuerdos de distinta naturaleza, las declaraciones del ex presidente fueron profundamente resistidas tanto por la dirigencia política uruguaya y argentina como por la opinión pública. Sus declaraciones se cobraron a su primera víctima: el propio Tabaré Vázquez que anunció su retiro de la vida pública y su renuncia a participar de las elecciones de 2014.
Si bien el conflicto de las pasteras puso en evidencia las propias limitaciones de ambas cancillerías a la hora de avanzar en soluciones negociadas, está claro que la opción por América Latina constituye un eje central de la política exterior de ambos países no sólo en términos económicos sino también político. Y esta SI es una alternativa saludable para la región en su conjunto.
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