16 Octubre 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Desde que la Argentina inició un camino de recuperación tras la crisis de 2001, los episodios de críticas mutuas, tensión y desconfianza entre el país y el FMI han sido constantes, aunque no se trata de un caso aislado para el organismo, que acumula cuestionamientos. "Nunca aceptaremos ciertos criterios que el organismo ha impuesto a otros países. Ya conocemos esa película, ya sabemos lo que es la supervisión del FMI". La frase, pronunciada como advertencia antes de la cumbre de ministros del G20 en París, no provino de ningún funcionario argentino, sino de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Ese país está a favor de aumentar el capital del FMI para que actúe como un freno a la crisis global, posición que rechaza EEUU y que no convence a Alemania.
De todos modos, Rousseff señaló que si bien su país está dispuesto a aportar más a las arcas del Fondo, descartó por completo hacerlo si el organismo encabezado por Christine Lagarde no deja de lado sus famosas "condicionalidades". Las exigencias que realizan los técnicos del FMI a cualquier país a cambio de dinero fresco no han cambiado en décadas: reducción del gasto, privatizaciones, eliminación de restricciones para las inversiones o desregulación de mercados. También el ex presidente Lula da Silva, se ocupó de enfatizar que "el FMI decía que tenía una solución para todo, cuando la crisis estaba en Bolivia, Brasil o México, pero cuando golpea a países ricos se calla, entró en un profundo silencio". Del otro lado del espectro ideológico, Steve Forbes, editor en jefe de la Revista Forbes escribió en una reciente columna. "Para ser franco, el mundo no necesita al Fondo: hace más mal que bien, ya que el planeta estaría mejor sin él", evaluó. En línea con el discurso de algunos presidentes latinoamericanos, Forbes advirtió que "el problema es que las recetas del FMI casi siempre perpetuaron la pobreza de sus pacientes".
Sobre el papel ante la crisis europea, el editor advirtió que los consejos del organismo han sido tóxicos, ya que "predica la austeridad sin las necesarias políticas paralelas que engendran el crecimiento". Se trata de expresiones que sirven para poner en contexto el enorme peso que se le da en algunos sectores de la Argentina a las recomendaciones del FMI. En ese marco, la cumbre de ministros del G20 avanzaba sin demasiadas definiciones. A la espera de un compromiso europeo a fines de este mes para no empeorar la situación y de cara a la reunión de jefes de Estado del G20 en Cannes, las dudas continuaban siendo más que las certezas. Las protestas que por estas horas se desarrollaban en las principales capitales de todo el mundo no aparecían como una buena noticia para los líderes del primer mundo, en el marco de los desafíos que enfrentan. No hay elementos aún para saber si ese tipo de protestas tendrán más capacidad de influencia política que las "antiglobalización" de fines de la década de 1990, pero lo cierto es que se suceden, amplían y logran repercusión en la prensa internacional.
De todos modos, Rousseff señaló que si bien su país está dispuesto a aportar más a las arcas del Fondo, descartó por completo hacerlo si el organismo encabezado por Christine Lagarde no deja de lado sus famosas "condicionalidades". Las exigencias que realizan los técnicos del FMI a cualquier país a cambio de dinero fresco no han cambiado en décadas: reducción del gasto, privatizaciones, eliminación de restricciones para las inversiones o desregulación de mercados. También el ex presidente Lula da Silva, se ocupó de enfatizar que "el FMI decía que tenía una solución para todo, cuando la crisis estaba en Bolivia, Brasil o México, pero cuando golpea a países ricos se calla, entró en un profundo silencio". Del otro lado del espectro ideológico, Steve Forbes, editor en jefe de la Revista Forbes escribió en una reciente columna. "Para ser franco, el mundo no necesita al Fondo: hace más mal que bien, ya que el planeta estaría mejor sin él", evaluó. En línea con el discurso de algunos presidentes latinoamericanos, Forbes advirtió que "el problema es que las recetas del FMI casi siempre perpetuaron la pobreza de sus pacientes".
Sobre el papel ante la crisis europea, el editor advirtió que los consejos del organismo han sido tóxicos, ya que "predica la austeridad sin las necesarias políticas paralelas que engendran el crecimiento". Se trata de expresiones que sirven para poner en contexto el enorme peso que se le da en algunos sectores de la Argentina a las recomendaciones del FMI. En ese marco, la cumbre de ministros del G20 avanzaba sin demasiadas definiciones. A la espera de un compromiso europeo a fines de este mes para no empeorar la situación y de cara a la reunión de jefes de Estado del G20 en Cannes, las dudas continuaban siendo más que las certezas. Las protestas que por estas horas se desarrollaban en las principales capitales de todo el mundo no aparecían como una buena noticia para los líderes del primer mundo, en el marco de los desafíos que enfrentan. No hay elementos aún para saber si ese tipo de protestas tendrán más capacidad de influencia política que las "antiglobalización" de fines de la década de 1990, pero lo cierto es que se suceden, amplían y logran repercusión en la prensa internacional.
Temas
Crisis económica mundial
NOTICIAS RELACIONADAS












