Entre fidelidades y exclusiones

15 Octubre 2011
Cuna de civilizaciones y de las tres más grandes religiones monoteístas del mundo, Oriente Medio es, desde hace milenios, lugar de guerras y muchas disputas.

Nos llegan noticias de muertes, destrucción y guerra por diferentes motivos, sobre todo religiosos, pero hay muchos otros más. No pretendemos explicar todo, sólo hablar de alguno de ellos.

Debemos entender, por un lado, la existencia de diversos grupos religiosos minoritarios, cristianos entre otros, dispersos entre África y Asia y que tienen historias fascinantes de fidelidades y exclusiones y violencias de diversa índole. También debemos ver las posibilidades de un futuro común a esa diversidad.

La fascinación de esas historias reside en la supervivencia de sus culturas y creencias. La mayoría de los grupos cristianos que existen en la zona han permanecido allí por milenios. Las Iglesias Católica Caldea o la Católica Siria son descendientes de los cristianos evangelizados por San Pablo, el mismísimo apóstol de los gentiles. Han sobrevivido las persecuciones del siglo 1 contra los cristianos, las guerras del primer milenio, las cruzadas, las guerras de conquista y reconquista, las modernas guerras de independencia, dos guerras mundiales y multitud de conflictos armados nacionales y supranacionales.

Por las guerras religiosas hasta finales de la modernidad, la integración de las iglesias de ritos orientales con la Iglesia latina no ha sido fluida. No podía serlo por la violencia que rodeaba a la región. No hubo contacto físico con Roma por muchos años. De allí la diferencia de sus ritos. En décadas recientes, muchas de estas Iglesias han retomado fidelidad a la Iglesia Católica Romana reconociendo la primacía del Santo Padre.

Los cristianos coptos, no son un todo homogéneo. Algunos han estado enfrentados entre sí. Existen por lo menos tres grandes agrupaciones, la mayoría se encuentran en Egipto y países como Sudán y Etiopía. Hay entre ellos católicos romanos que reconocen la primacía del Papa; además de ortodoxos y varios evangélicos. La intolerancia fundamentalista es la que quema las Iglesias Coptas en Egipto a pesar de vivir allí milenios. Contagio de un momento de cambios en la región y el mundo.

Algunas fuentes citan que puede ser incluso una distracción respecto a otros problemas que se viven, como la búsqueda de una nueva forma de vida democrática. Se acusa falsamente a los musulmanes en general de ser los actores de los incendios de estas Iglesia y de los saqueos de algunas casas de coptos. Los patriarcas coptos en Egipto no lo hacen. Imanes y dirigentes musulmanes de la región han condenado los ataques. Se está convocando una acción interreligiosa para detener esta ola de violencia.

El fundamentalismo que sólo se acepta a sí mismo no tiene futuro en un mundo plural. Así como los líderes religiosos musulmanes y cristianos de Egipto se expresan al rezar en común por la convivencia pacífica, ese es el único camino para la región y el mundo. En un mundo plural, en la aldea global, donde cabemos todos, podremos pensar en una forma de construir una sociedad no sólo tolerante sino impulsora de la diversidad y respeto por el otro. Debemos recordar que el Dios de Isaac, de Abraham y de Jacob es el mismo y en Él todos hemos sido reconocidos como hijos suyos.

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