16 Octubre 2011 Seguir en 

EL MISTERIO
Por Ivo Marrochi
Ahora, que con prontitud
mi tiempo corre a su final
se erige el alma en una única pregunta:
cuál verdad me ha llegado más profunda.
Viven en mi memoria
los surcos cuajados de semillas
suavizadas con ternuras
del tiempo y sus caminos.
Mis ojos recorren tierras devastadas
que no pueden distinguirse por la niebla.
Como esos retoños del futuro
que doran la semilla tan deseada.
¿Fueron suficientes los nutrientes y cuidados?
¿O quizá perdió su fuerza
el afán de arrancarme la soberbia y la ignorancia? © LA GACETA
Por Ivo Marrochi
Ahora, que con prontitud
mi tiempo corre a su final
se erige el alma en una única pregunta:
cuál verdad me ha llegado más profunda.
Viven en mi memoria
los surcos cuajados de semillas
suavizadas con ternuras
del tiempo y sus caminos.
Mis ojos recorren tierras devastadas
que no pueden distinguirse por la niebla.
Como esos retoños del futuro
que doran la semilla tan deseada.
¿Fueron suficientes los nutrientes y cuidados?
¿O quizá perdió su fuerza
el afán de arrancarme la soberbia y la ignorancia? © LA GACETA
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