"Durante años se olvidaron de nosotros; ahora es tarde"

La instalación de una subcomisaría genera expectativas, pero se esperan soluciones de fondo. En las calles, se defienden a cadenazos de los delincuentes.

INDIGNADOS. Los vecinos del barrio señalan que la violencia en la zona viene creciendo desde hace 2 años.
INDIGNADOS. Los vecinos del barrio señalan que la violencia en la zona viene creciendo desde hace 2 años.
18 Julio 2003
"Durante años se olvidaron de nosotros. Cuando había algún problema no venía nunca la Policía, y ahora, porque hubo dos muertes, van a poner una comisaría. Ya es tarde porque ni el Gobierno, ni la Justicia ni la Policía hicieron nada para evitar que esto siguiera creciendo". La reflexión, cargada de amargura, pertenece a Roberto Rivadeneira, tío de Exequiel Jerez y vecino del barrio El Palomar de Banda del Río Salí.
Otro vecino, que prefirió no identificarse, coincidió con Rivadeneira en afirmar que desde hace dos años la situación se puso mucho más violenta. "Ya no se puede salir a la calle, y cuando anochece hay que encerrarse", señaló.
Los vecinos de El Palomar temen que con la instalación de la Jefatura de Policía en el corazón de "La Bombilla", los delincuentes de esa zona se radiquen en la Banda, porque consideran que ese es el sitio ideal para que se escondan, según dijo Rivadeneira.
Una mujer, que tampoco quiso dar su nombre, añadió: "como en los últimos años viene convirtiéndose en un gran ?aguantadero?, va a ser más fácil para los ladrones instalarse acá".

Deterioro gradual
El deterioro sociocultural en el barrio El Palomar viene siendo palpado a diario por los vecinos. "Antes había vida de barrio, tardes de tomar mate en la vereda, y esas cosas. Ahora es imposible caminar, y hay que tratar de no vestirse bien porque los ?choros? te siguen", dijo Miguel, un almacenero que parece ser el único comerciante del barrio que no sufrió asaltos. "Pero intentaron varias veces", aclaró.
Adrián, dueño de otra despensa, sufrió al menos tres asaltos y robos. "Una vez me abrieron el auto y se llevaron el auxilio y otras cosas; después entraron armados al negocio y se llevaron la balanza. Esto es de todos los días; si no soy yo, es cualquier otro vecino", afirmó.
Para evitar nuevos disgustos, Adrián mantiene oculta la balanza electrónica, que está atada al mostrador.
Caminar por las calles de El Palomar es también una tarea riesgosa. Rafael, por ejemplo, tiene siempre la mano derecha en el bolsillo, aferrada a una cadena que le sirve para alejar a los perros que le salen al cruce y a los delincuentes que pretendan su bicicleta o sus zapatillas. "Gratis no se la van a llevar", dijo.

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