La escuela secundaria es el orgullo de los vecinos

Consumado el escrutinio definitivo, entre los 93 pueblos del interior hubo dos casos que sobresalieron.

PAISAJE CAMPESTRE. Una casona estilo colonial abrazada por árboles, sobresale entre el resto de las viviendas.  LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
PAISAJE CAMPESTRE. Una casona estilo colonial abrazada por árboles, sobresale entre el resto de las viviendas. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
Por Redacción Política 10 Octubre 2011
La comuna de Manuela Pedraza, ubicada a sólo unos cuantos pasos de la ciudad de Simoca es la contracara de lo que ocurre en La Trinidad. En el pueblo, donde residen unos 1.500 habitantes, el actual comisionado rural, Carlos Gómez, un inusitado apoyo popular, en comparación con los otros delegados de la provincia. En los comicios del 28 de agosto, Gómez fue reelecto con el 76% de los votos, convirtiéndose en el delegado más votado entre las 93 comunas rurales.

El poblado está compuesto por casas situadas prácticamente a la vera de la ruta 157. Una arboleda de especies variadas rodea la plaza principal, situada sobre las vías de lo que fue el ferrocarril "interpueblos". Los juegos infantiles funcionan y no hay ningún banco roto. Una imagen que llama la atención y que produce un contraste con otras localidades.

En la entrada del pueblo dos hombres conversan. LA GACETA se acerca e inicia un improvisado diálogo. "¿Ustedes saben que Gómez fue el delegado comunal que más votos sacó?". La pregunta fue rápidamente contestada por Tomás Córdoba, un jubilado de 70 años, que se jacta de seguir manejando tractores. "La verdad que no lo sabíamos. Pero no me llama la atención. La gente lo eligió de nuevo porque viene haciendo cosas, no como otros delegados comunales que no invierten la plata que el Gobierno les da. Yo les decía a los candidatos de otros partidos que no pierdan en el tiempo en presentarse", comenta Córdoba y al instante suelta una carcajada. A Córdoba lo acompaña Francisco Jaime Gómez, un carpintero de 56 años de tonada litoraleña. "Aquí estamos bien, la mayoría de la gente vive de la zafra. Casi todos tienen trabajo y todos mandan a sus hijos a la escuela. Es tan lindo vivir aquí que hasta gente de Simoca está comprando tierras para instalarse", explica con orgullo el lugareño.

"Pero ustedes deben haber sufrido bastante cuando dejó de venir el tren", se le pregunta. "Y claro, cómo no -irrumpe Córdoba- cuando dejó de venir el tren este pueblo quedó en el olvido, casi se convierte en un pueblo fantasma. Después de 2002 comenzó a resurgir. Pienso que la gente tuvo mucho que ver en esto", resalta.

El orgullo del pueblo

Manuela Pedraza cuenta con dos establecimientos educativos, uno primario y otro secundario. Los vecinos se jactan de que es la única comuna de la provincia que posee un establecimiento secundario.

El sol se posa en línea recta sobre las cabezas de los interlocutores. Es el horario de salida de los alumnos de la escuela Leopoldo Lugones. Blanca -una mujer de unos 50 años que no da su apellido- se detiene a mirar la estampida de niños escolares y afirma con la mano apoyada en el mentón. "La verdad que uno puede tranquilamente vivir aquí. Porque los chicos crecen y pueden seguir estudiando en la comuna. En otros pueblos, los jóvenes o se van a estudiar a una ciudad más grande o abandonan la escuela. Esto aquí no pasa", explica el ama de casa.

Respecto a los servicios públicos, los vecinos consultados coinciden en que no hay mayores inconvenientes. "Aquí, casi toda la gente tiene trabajo. Y a los que no, el Gobierno les construyó un módulo. Aquí el agua no falta, tampoco la luz. Es una comuna tranquila. No hay delitos. Y a los ?changos? que se portan mal los ponemos nosotros en capilla", explica José Agüero.

Aunque conformes, en Manuela Pedraza también hay lugar para la queja de los vecinos. Porque las relucientes calles que circundan a la plaza encuentran su contraste un poco más adentro del pueblo. En los caseríos periféricos, las calles de tierra muestran mala conservación y algunas lagunas. "Acá también hacen falta cloacas", reclama Javier González.

Según los habitantes del lugar, el espíritu de la heroína que luchó durante la Primera Invasión Inglesa de 1806 está presente en la comuna que le debe su nombre y que está ubicada a sólo unos pasos de Simoca. "Manuela Pedraza es sinónimo de fuerza y pujanza", aseguran con orgullo.

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