09 Octubre 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- José Ignacio de Mendiguren siempre fue un hombre optimista, y cumplió su sueño de llegar a la presidencia de la UIA. Hace algunas semanas, dio un discurso de tono desarrollista en Tecnópolis mientras la presidenta Cristina Fernández lo miraba con ese rostro de aceptación que tiene reservado para muy pocos. Cuando terminó, la jefa de Estado dijo que era la primera vez que cuando le tocaba hablar después de un empresario no tenía nada para reprochar o responder.
Hasta ese punto llegaba, y algunos dicen que aún llega, la sintonía entre Mendiguren y la presidenta de los argentinos. Sin embargo, esta semana las muecas de enojo con Mendiguren se adueñaron del rostro de la principal ocupante de la residencia de Olivos, cuando leyó la desgrabación de una entrevista radial que "El Vasco" había brindado unas horas antes. En esa fatídica entrevista, Mendiguren dijo lo que casi todos los empresarios piensan: que la crisis mundial ya impacta sobre la Argentina, que lo más importante es armonizar con Brasil porque si se cae, el país estará en problemas y que las suspensiones en FIAT y Alpargatas eran señales de que había que estar atentos al derrotero de la crisis.
Para la Presidenta, fue demasiada sinceridad, casi una mala palabra para un gobierno acostumbrado a la obediencia ciega y donde el disenso es motivo de expulsión del "paraíso" kirchnerista. Enseguida, ordenó salir a cruzarlo, y una de las encargadas fue la viceministra de Trabajo Noemí Riali. Pero lo de Rial pareció no alcanzarle a la jefa de Estado. Esa noche de tensiones parece haber habido múltiples contactos entre hombres del gobierno y dirigentes cercanos al industrial para "ablandarlo". La tapa de Clarín terminó de encrespar los ánimos en la siempre nerviosa vida de los funcionarios que viven a la sombra de "la Jefa".
Mendiguren entendió rápido el mensaje y aclaró que había sido "mal interpretado", que lo del impacto de la crisis "no era para tanto", que los diarios "habían exagerado" y que estaba todo bien.
"El problema lo empezamos a tener en casa", se había sincerado Mendiguren, haciéndose eco de lo que le transmite sus representados, los industriales argentinos, que están convencidos de que el gobierno de Dilma Rousseff priorizará a la industria paulista, para lo cual si hace falta seguirá devaluando el real. Tal vez por eso Mendiguren advirtió que "el peor escenario es que Brasil deje de crecer". Desde la tapa de una revista, Cristiano Rattazzi, presidente de FIAT, alertó: "Si Brasil se cae, nos caemos a pedazos". Los industriales, alineados con los postulados del gobierno, están convencidos de que habrá cuatro años más de Cristina. Tal vez lo único que piden es que con la crisis mundial el gobierno no cometa el mismo error que con la inflación, que la negó cada vez que pudo y lo siguió haciendo.
A veces, cuando hay problemas concretos, es mejor afrontarlos para encontrar una salida adecuada y viable, porque lo peor que podría hacer el gobierno es jugar eternamente a la dudosa estrategia del disimulo.
Hasta ese punto llegaba, y algunos dicen que aún llega, la sintonía entre Mendiguren y la presidenta de los argentinos. Sin embargo, esta semana las muecas de enojo con Mendiguren se adueñaron del rostro de la principal ocupante de la residencia de Olivos, cuando leyó la desgrabación de una entrevista radial que "El Vasco" había brindado unas horas antes. En esa fatídica entrevista, Mendiguren dijo lo que casi todos los empresarios piensan: que la crisis mundial ya impacta sobre la Argentina, que lo más importante es armonizar con Brasil porque si se cae, el país estará en problemas y que las suspensiones en FIAT y Alpargatas eran señales de que había que estar atentos al derrotero de la crisis.
Para la Presidenta, fue demasiada sinceridad, casi una mala palabra para un gobierno acostumbrado a la obediencia ciega y donde el disenso es motivo de expulsión del "paraíso" kirchnerista. Enseguida, ordenó salir a cruzarlo, y una de las encargadas fue la viceministra de Trabajo Noemí Riali. Pero lo de Rial pareció no alcanzarle a la jefa de Estado. Esa noche de tensiones parece haber habido múltiples contactos entre hombres del gobierno y dirigentes cercanos al industrial para "ablandarlo". La tapa de Clarín terminó de encrespar los ánimos en la siempre nerviosa vida de los funcionarios que viven a la sombra de "la Jefa".
Mendiguren entendió rápido el mensaje y aclaró que había sido "mal interpretado", que lo del impacto de la crisis "no era para tanto", que los diarios "habían exagerado" y que estaba todo bien.
"El problema lo empezamos a tener en casa", se había sincerado Mendiguren, haciéndose eco de lo que le transmite sus representados, los industriales argentinos, que están convencidos de que el gobierno de Dilma Rousseff priorizará a la industria paulista, para lo cual si hace falta seguirá devaluando el real. Tal vez por eso Mendiguren advirtió que "el peor escenario es que Brasil deje de crecer". Desde la tapa de una revista, Cristiano Rattazzi, presidente de FIAT, alertó: "Si Brasil se cae, nos caemos a pedazos". Los industriales, alineados con los postulados del gobierno, están convencidos de que habrá cuatro años más de Cristina. Tal vez lo único que piden es que con la crisis mundial el gobierno no cometa el mismo error que con la inflación, que la negó cada vez que pudo y lo siguió haciendo.
A veces, cuando hay problemas concretos, es mejor afrontarlos para encontrar una salida adecuada y viable, porque lo peor que podría hacer el gobierno es jugar eternamente a la dudosa estrategia del disimulo.
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