De turismo por el corazón de Wall Street

El lugar donde se cierran transacciones millonarias no es como lo pintan en las películas de Hollywood, ni en la forma ni en las acciones. El "Tour de la Crisis Financiera" es el producto estrella de una empresa que ofrece paquetes turísticos en vez de bonos.

SÓLO POR FUERA. El edificio de la Bolsa de Nueva York puede ser visto por fuera, pero no por dentro: se suspendieron las visitas luego del 11-S. REUTERS
SÓLO POR FUERA. El edificio de la Bolsa de Nueva York puede ser visto por fuera, pero no por dentro: se suspendieron las visitas luego del 11-S. REUTERS
Por Irene Benito 09 Octubre 2011
Ni banqueros con habanos ni agentes bursátiles desgañitándose por sacar partido del subibaja de los mercados. Ni ejecutivos con trajes oscuros cerrando grandes negocios por BlackBerry ni limusinas brillantes esperando a sus pasajeros VIP. El Wall Street de las películas se parece muy poco al Wall Street de carne hueso. La Bolsa ni siquiera funciona como Hollywood la pinta: desde hace varios años, el 90% de las compraventas de acciones y papeles supone una orden (o transferencia electrónica) que parte de la computadora del comprador a la computadora del vendedor.

Así como la acción se ha trasladado al ordenador, los actores se han mudado a los modernos rascacielos de la zona central de Manhattan (Midtown), Hong Kong, Londres, Beijing, París, Mumbai, Dubai, San Pablo y donde quiera que el capital esté. Con esta aclaración-desmitificación comienza el recorrido organizado por The Wall Street Experience (www.thewallstreetexperience.com), empresa de servicios turísticos fundada en 2009 por Andrew Luan, que se presenta a sí mismo como ex vicepresidente de Deutsche Bank y testigo directo de la debacle financiera de 2008 que desencadenó el estallido de la ampolla inmobiliaria.

La sangría expuso las crípticas entrañas de la industria financiera y su devoción por los negocios de naturaleza ininteligible. En el meollo de la cuestión había trillones de dólares en hipotecas subprime de alta toxicidad y complejos instrumentos derivados de ellas como los CDS (credit default swap) y los CDO (collaterized debt obligation), y honorarios exhorbitantes (bonus) vinculados a balances "dibujados". En el tendal cayeron entidades colosales como Bear Stearns, Lehman Brothers, Merrill Lynch y AIG: en cuestión de horas-días-meses, millones de ciudadanos perdieron sus ahorros y miles de trabajadores se quedaron en la calle. Fue entonces cuando, irónicamente, Luan entrevió la oportunidad de mostrar y explicar Wall Street "desde adentro".

El dedo en la llaga
El empirismo que propone The Wall Street Experience con su producto estrella, el Tour de la Crisis Financiera o Financial Crisis Tour (50 dólares -$ 210- por cabeza), se entiende maravillosamente bien con el clima de protesta ciudadana y vigilancia policial vigente en Downtown desde el 17 de septiembre, cuando una cincuentena de "indignados" acampó en el parque Zuccotti, a una cuadra de la Reserva Federal de Nueva York. Ese ambiente hostil de calles cerradas, controvertida represión y repudio al sistema capitalista profundiza el deterioro de la legendaria imagen de Wall Street y de todo lo que estas dos palabritas representan.

Activistas con megáfonos y carteles, y policías con escudos y pistolas se estudian provocativamente mientras el guía Tom Comerford, ex empleado del banco Goldman Sachs, menciona que la calle donde funciona la Bolsa (o New York Stock Exchange -NYSE-) fue denominada "Wall" ("pared", en español) en honor al muro que colonos holandeses levantaron en el siglo XVII para proteger al caserío conocido como Nueva Amsterdam del asedio de las comunidades originarias de Nueva York.

Como si quisiese espolear la indignación rampante -echar más leña al fuego o meter el dedo en la llaga, en buen romance-, Comerford comenta que el bajo relieve del edificio neoclásico de la NYSE se titula "La integridad protege las obras del hombre". Dispuesta en tres partes, la escultura presenta a la integridad rodeada de las fuentes de la prosperidad estadounidense: la agricultura, la minería, la ciencia, la industria y la invención. Y eso, la fachada y la obra del artista John Quincy Adams Ward, es todo lo que se puede ver de la Bolsa, que suspendió las visitas turísticas tras la caída de las vecinas Torres Gemelas.

Estereotipo en vigor
El tour prosigue por el solar llamado Federal Hall, primera sede del Capitolio, la Corte Suprema y el Poder Ejecutivo de Estados Unidos -Nueva York fue capital del país entre 1788 y 1790-. Allí, en el número 26 de la calle Wall, George Washington juró como presidente en 1789. Algunos metros más allá y bajo la sombra de un plátano, en 1792, un grupo de 24 corredores consensuó las reglas de la compraventa de acciones y bonos que, con el tiempo, evolucionarían hacia el establecimiento del NYSE.

Aunque el poder político emigró a otras ciudades de la costa esta (primero a Filadelfia y, después, a Washington), el poder económico se expandió velozmente por el área baja de Manhattan (Downtown). Esta es la zona más antigua de Nueva York, la gran puerta de ingreso a América del Norte entre los siglos XVII y XX. El esplendor de la Bolsa modernizó el paisaje colonial (del que sólo queda un trazado urbano de calles angostas e intrincadas): dos ejemplos de esa opulencia son el emblemático cuartel general del banco JP Morgan y el suntuoso edificio Trump que, durante un par de meses, se jactó de ser la torre más alta del mundo.

Aunque el barrio perdió la excitación de las décadas de 1980 y 1990 (euforia que inspiró al artista Arturo Di Modica para esculpir el toro de bronce que colocó en Downtown en 1989), Comerford asegura que el estereotipo del ejecutivo de Wall Street se mantiene en vigor. Lo dice en la entrada de Deutsche Bank, el ex empleador de su jefe, Andrew Luan. El guía describe al "trader" como un gran consumidor de bebidas energizantes, ansiolíticos y genioles. Y añade que el estrés y la competencia obligan a buscar carreras breves y exitosas. Muchos entran al negocio con el propósito de retirarse del juego tras ganar el primer millón.

Muchos no lo consiguen: la codicia o el anhelo de hacer una fortuna de la noche a la mañana ha matado a más de un ejecutivo. También ha derribado a entidades aparentemente invulnerables como Lehman Brothers. El declive del que fuera el cuarto banco de inversión de EE.UU. comenzó en 2001, cuando los atentados del 9 de septiembre destruyeron sus oficinas en el World Trade Center, complejo ubicado a 500 metros del NYSE. En los años subsiguientes, la compañía acentuó su exposición a los nocivos productos financieros derivados del mercado inmobiliario y las hipotecas subprime. La burbuja le estalló en las manos. A mediados de septiembre, Lehman Brothers se declaraba en quiebra. Con un pasivo de más de U$S 600.000 millones, se convertía en la bancarrota más grande de la historia de Estados Unidos.

El naufragio del "Titanic" financiero resultó inevitable. El recorrido de The Wall Street Experience termina en la Reserva Federal de Nueva York, el edificio público donde los entonces presidente de la Fed local, Timothy Geithner, y secretario del Tesoro estadounidense, Henry "Hank" Paulson, rogaron a los directores ejecutivos de los principales bancos y grupos de inversión que encontrasen una solución para financiar la deuda de Lehman Brothers. La convocatoria fue un fracaso: sin el apoyo económico del Estado, ningún banco iba a hacerse cargo de la desgracia ajena. El enfermo terminal debía morir y el resto, salvarse como buenamente pueda.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios