Turbulencias monetarias

Andrés Méndez | Director de AMF-Economía

09 Octubre 2011
El tradicional libreto del Banco Central adquiriéndole divisas al sector privado y monetizando (con su compra) la economía sufrió una interrupción durante el trimestre pasado. No fue la primera y, quizás, tampoco sea la última. En rigor, la "novedad" fue que el sector externo se haya tornado contractivo, colocando al BCRA en una posición de oferente neto de divisas. Como dato ilustrativo, el Central se desprendió de un promedio de U$S 57 millones por jornada durante agosto y septiembre, interrumpiendo el virtual equilibrio de julio pasado. De esta forma, cerró un ciclo de nueve trimestres consecutivos sin ventas netas de divisas (para encontrar un trimestre "vendedor" habría que remontarse hasta los primeros meses de 2009, lapso en el que promedió ventas diarias de U$S 24 millones o, alternativamente, el último trimestre de 2008 cuando diariamente se desprendió de U$S 33 millones).

La historia es rica en episodios de este tipo y, más cerca en el tiempo, la combinación entre el conflicto agropecuario y las convulsiones emergentes de la quiebra de Lehman Brothers constituyen referentes obligados de los últimos años. Sin embargo, hacía nueve trimestres que, al momento de crear dinero primario, el sector externo cantaba invariablemente "presente".

Sin embargo, el problema no está en los mecanismos que crean moneda, sino en las conductas que provocan esta "retirada" del sector externo como tradicional monetizador. Y la explicación es sencilla y contundente: si los agentes económicos habían acentuado la dolarización de sus portafolios desde principios de año esperando un peso más devaluado tras la contienda electoral del mes en curso, las convulsiones externas pusieron su "sello" al aumentar la aversión al riesgo emergente. Claro, la programación monetaria que comenzaba a zozobrar en manos de una política monetaria convenientemente expansiva, ahora encuentra un sector privado menos predispuesto a mantener moneda doméstica. Y en el caso del dinero transaccional (que constituye el agregado objetivo del Programa Monetario), la tasa de crecimiento interanual tiende a desacelerarse y, seguramente, lo seguirá haciendo en los próximos meses.

¿Qué sucede? El combustible transaccional no crece como antes (como en similar período del año pasado) y esto nos brinda una buena noticia: las metas monetarias programadas se van cumpliendo. Pero, paralelamente, nos acerca una realidad inquietante: los agentes económicos comienzan a desacelerar el ritmo al que incrementan sus tenencias nominales de medios de pago. Y esto tiene que ver con un comportamiento similar en el mercado de bienes y servicios.

Por caso, los medios de pago de particulares y empresas en moneda doméstica que hace unos meses atrás evolucionaban cómodamente a un ritmo de crecimiento interanual de 40%, desaceleran progresivamente su ritmo de expansión hasta ubicarse en septiembre pasado en torno al 36%/37% interanual. Al respecto, la meta nominal anual (que contempla una suba máxima de 34,4% en diciembre), ahora resulta de probable cumplimiento, situación que no resultaba tan clara en julio pasado.

Similar situación se aprecia para el agregado que adiciona al M2 privado los depósitos a la vista del sector público en moneda local (M2 en pesos), tras aproximarse al límite superior impuesto para septiembre pasado, comenzó a declinar como fiel reflejo de la conducta de los agentes privados que explican alrededor del 90% del dinero transaccional. Este comportamiento observado en el trimestre pasado es la punta del iceberg de un proceso que -de sostenerse el clima externo adverso- se extenderá a los trimestres sucesivos. Esto es, se desacelerará el ritmo de crecimiento del dinero transaccional y, probablemente, el Banco Central delineará para 2012 escenarios más conservadores en cuanto a la expansión de este tramo de la demanda de dinero.

¿Qué puede esperarse? En primera instancia, el cumplimiento de las metas monetarias programadas para diciembre (ahora si, el agregado privado no daría los "dolores de cabeza" de 2010). Paralelamente, pautas nominales más prudentes para el año que viene: a la medida de un flujo de divisas más complicado.

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