Después de esperar cinco años, será juez en Salta
El tucumano Edgardo López Herrera, que se había postulado con éxito para cargos en la provincia, conducirá el Juzgado Federal Nº1 salteño. El letrado encabezó el orden de mérito provisorio del primer concurso que sustanció el Consejo Asesor de la Magistratura de Tucumán. Ciencia y paciencia.
Siempre terminaba primero o entre los primeros, pero ganar los concursos no era suficiente para acceder a la magistratura. Saber derecho, en su caso, fue tan importante como saber esperar. Ambas virtudes -la ciencia y la paciencia- han sido reconocidas finalmente este miércoles, cuando el Poder Ejecutivo de la Nación (PEN) envió el pliego del tucumano Edgardo López Herrera al Senado para que preste acuerdo a su designación en el Juzgado Federal Nº1 de Salta.
La noticia despistó a los que daban por hecho que aquel cargo sería para Julio Leonardo Bavio, secretario de la Cámara Federal de Apelaciones salteña y magistrado subrogante del Juzgado Federal Nº1 (este quedó acéfalo por la renuncia de Abel Cornejo, en agosto de 2008). También, a los que creían que las irreprochables credenciales académicas y profesionales de López Herrera, de 44 años, jamás podrían compensar su orfandad en el terreno de los contactos políticos. Por último, a los que preveían que su destino natural era el despacho del Juzgado Federal Nº2 que Felipe Terán poseyó hasta 2006 -cuando fue destituido- y que Mario Racedo ocupa en calidad de subrogante.
Cohibido por las efusiones que no tardaron en llegar, el protagonista de una historia prolongada durante cinco años tomó la novedad con naturalidad: desde luego había sopesado la posibilidad de mudarse a Salta cuando decidió presentarse en el proceso de selección convocado por el Consejo de la Magistratura de la Nación (CM). La certeza no lo agarraba desprevenido ni lo acobardaba: muchas renuncias estaba dispuesto a hacer López Herrera en pos de ser juez.
El jueves ya comenzaba a despedirse del decanato de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, tras apenas 15 meses de gestión. Las autoridades universitarias sabían de antemano que el desempeño del decano estaba subordinado al desenlace de sus exitosas postulaciones en cinco concursos: cuatro en el CM (para cubrir los juzgados federales Nº1 y Nº2 de Tucumán, el Nº1 de Salta y el Nº2 de Jujuy) y uno en el Consejo Asesor de la Magistratura provincial (CAM) (para llenar cuatro vocalías en la Cámara en lo Civil y Comercial Común de la Capital, donde encabezó el orden de mérito provisorio).
La demora del PEN para normalizar los Tribunales federales tucumanos (el año pasado asignó a Daniel Bejas en el Juzgado Nº1) y la judicialización del primer proceso de selección en el CAM incidieron en el destino salteño de López Herrera. Los gajes del oficio de concursante no lo desmoralizaron; mientras la Casa Rosada y la Justicia tomaban sus decisiones, el jurista enriquecía sus obras de doctrina. Se hundió en la pluma y la academia, y con esas ocupaciones neutralizó la ansiedad y el desconcierto.
Oportunidad para servir
Tenía y no tenía apuro en acceder a la magistratura, proyecto que concibió como la etapa superior de una impecable carrera jurídica. Primero, López Herrera se preocupó por ejercer la profesión de forma independiente y por profundizar el estudio del derecho. Se hizo litigante y jurista a la vez; en ese empeño completó un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid con la máxima calificación (sobresaliente cum laude) y publicó la premiada Teoría general de la responsabilidad civil.
La experiencia de la abogacía le permitió contrastar la teoría con la práctica. El conocimiento insustituible de la realidad de los Tribunales le ayudó a imaginar una judicatura con los pies en la tierra, consciente de las debilidades y fortalezas del proceso judicial.
Hijo y nieto de magistrados, López Herrera recordó la semana pasada que un juez es un hombre público. Pese a ello, tiene claro que a la custodia y al chofer sólo hay que recurrir en caso de necesidad. También sabe que la ética y la independencia atañen al ejercicio (no a la prédica), y que el cultivo de la cautela, la firmeza, la austeridad y la ejemplaridad fortalece al encargado de impartir justicia.
Responsabilidad
El letrado que se define a sí mismo como un científico y un hombre de fe considera que la magistratura es una responsabilidad elevada y trascendente. Y una oportunidad para servir al prójimo.
También un espacio de resistencia. En los momentos azarosos, muchos le aconsejaron no meterse "en el lío de Tribunales". Pero él -que es muy creyente- siempre pensó que ser juez es una oportunidad única para hacer el bien. "Un magistrado deshonesto puede hacer un gran daño y uno débil, sucumbir a todas las presiones. Y un juez honrado, ¿cuánta justicia puede dispensar?", se repetía internamente para darse fuerzas. La perseverancia de López Herrera le ha brindado la oportunidad de confeccionar sentencias impregnadas de aquel ideal.
La noticia despistó a los que daban por hecho que aquel cargo sería para Julio Leonardo Bavio, secretario de la Cámara Federal de Apelaciones salteña y magistrado subrogante del Juzgado Federal Nº1 (este quedó acéfalo por la renuncia de Abel Cornejo, en agosto de 2008). También, a los que creían que las irreprochables credenciales académicas y profesionales de López Herrera, de 44 años, jamás podrían compensar su orfandad en el terreno de los contactos políticos. Por último, a los que preveían que su destino natural era el despacho del Juzgado Federal Nº2 que Felipe Terán poseyó hasta 2006 -cuando fue destituido- y que Mario Racedo ocupa en calidad de subrogante.
Cohibido por las efusiones que no tardaron en llegar, el protagonista de una historia prolongada durante cinco años tomó la novedad con naturalidad: desde luego había sopesado la posibilidad de mudarse a Salta cuando decidió presentarse en el proceso de selección convocado por el Consejo de la Magistratura de la Nación (CM). La certeza no lo agarraba desprevenido ni lo acobardaba: muchas renuncias estaba dispuesto a hacer López Herrera en pos de ser juez.
El jueves ya comenzaba a despedirse del decanato de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, tras apenas 15 meses de gestión. Las autoridades universitarias sabían de antemano que el desempeño del decano estaba subordinado al desenlace de sus exitosas postulaciones en cinco concursos: cuatro en el CM (para cubrir los juzgados federales Nº1 y Nº2 de Tucumán, el Nº1 de Salta y el Nº2 de Jujuy) y uno en el Consejo Asesor de la Magistratura provincial (CAM) (para llenar cuatro vocalías en la Cámara en lo Civil y Comercial Común de la Capital, donde encabezó el orden de mérito provisorio).
La demora del PEN para normalizar los Tribunales federales tucumanos (el año pasado asignó a Daniel Bejas en el Juzgado Nº1) y la judicialización del primer proceso de selección en el CAM incidieron en el destino salteño de López Herrera. Los gajes del oficio de concursante no lo desmoralizaron; mientras la Casa Rosada y la Justicia tomaban sus decisiones, el jurista enriquecía sus obras de doctrina. Se hundió en la pluma y la academia, y con esas ocupaciones neutralizó la ansiedad y el desconcierto.
Oportunidad para servir
Tenía y no tenía apuro en acceder a la magistratura, proyecto que concibió como la etapa superior de una impecable carrera jurídica. Primero, López Herrera se preocupó por ejercer la profesión de forma independiente y por profundizar el estudio del derecho. Se hizo litigante y jurista a la vez; en ese empeño completó un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid con la máxima calificación (sobresaliente cum laude) y publicó la premiada Teoría general de la responsabilidad civil.
La experiencia de la abogacía le permitió contrastar la teoría con la práctica. El conocimiento insustituible de la realidad de los Tribunales le ayudó a imaginar una judicatura con los pies en la tierra, consciente de las debilidades y fortalezas del proceso judicial.
Hijo y nieto de magistrados, López Herrera recordó la semana pasada que un juez es un hombre público. Pese a ello, tiene claro que a la custodia y al chofer sólo hay que recurrir en caso de necesidad. También sabe que la ética y la independencia atañen al ejercicio (no a la prédica), y que el cultivo de la cautela, la firmeza, la austeridad y la ejemplaridad fortalece al encargado de impartir justicia.
Responsabilidad
El letrado que se define a sí mismo como un científico y un hombre de fe considera que la magistratura es una responsabilidad elevada y trascendente. Y una oportunidad para servir al prójimo.
También un espacio de resistencia. En los momentos azarosos, muchos le aconsejaron no meterse "en el lío de Tribunales". Pero él -que es muy creyente- siempre pensó que ser juez es una oportunidad única para hacer el bien. "Un magistrado deshonesto puede hacer un gran daño y uno débil, sucumbir a todas las presiones. Y un juez honrado, ¿cuánta justicia puede dispensar?", se repetía internamente para darse fuerzas. La perseverancia de López Herrera le ha brindado la oportunidad de confeccionar sentencias impregnadas de aquel ideal.
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