02 Julio 2003 Seguir en 
"Al señor de enfrente le robaron la bicicleta dos veces. El sábado pasado, a otro vecino, le quitaron la moto. A la chica de aquella casa intentaron violarla un día, a las dos de la tarde. Hasta los vigilantes que pagamos para que recorran el barrio por la noche fueron asaltados..." La enumeración de los padecimientos de los vecinos de la zona que rodea la calle Uruguay y pasaje Irigoyen se expresa con una mezcla de bronca y miedo.
Rabia y miedo
Rabia, por no poder detener los delitos contra su seguridad y sus propiedades, y miedo a las represalias que puedan tomar los delincuentes contra ellos. Es el temor el que los disuade de dar el nombre, o permitir que les saquen fotos. "Saben dónde vivo", se excusa Ariel, un chico de 20 años a quien el martes pasado tres delincuentes le robaron la bicicleta y le quitaron $ 14, a plena luz del día. "Me apuntaron con un arma y, con algo filoso, me lastimaron la mano", contó. "Ese de allá -señala un cruce ferroviario a pocos metros- es el ?puente de los suspiros?. Le dicen así porque uno no tiene tiempo ni de suspirar antes de que le quiten todo", relata.
A Manuel Ortiz, quien vive junto a las vías del tren que corren al lado del pasaje Irigoyen, entre Uruguay y Chile, lo asaltaron en la madrugada de ayer, por segunda vez en menos de un mes.
"Fue en la esquina de Uruguay y el pasaje. Eran dos tipos jóvenes; me quitaron la bicicleta y la ropa que llevaba para cambiarme después del trabajo", relató el hombre, empleado de la empresa 9 de Julio. Ortiz se quejó porque a los vigilantes que paga el vecindario no les permiten llevar armas. "Mientras tanto, los delincuentes sí andan armados", señaló.
Zona liberada
Los tres vigilantes pagados (a razón de $ 5 por semana) por más de 50 vecinos tienen, sin embargo, su recorrido acotado: Uruguay del 1.200 al 1.300; y Suipacha, del 1.100 al 1.200. "El pasaje Irigoyen, entre Chile y Uruguay; y Chile, entre el mismo pasaje y Suipacha, tuvo que ser ?liberado? y ya no tiene vigilancia", contó un vecino que no quiso dar su nombre.
El hombre relató que, hace unas tres semanas, uno de los vigiladores (en realidad, un vecino desocupado) fue asaltado y amenazado por varios delincuentes en la esquina de Chile y el pasaje. "Le dijeron que no pase más por allí, porque esa zona les pertenece, y la usan para escapar", contó.
Siestas de peligro
De todos modos, las horas más peligrosas no son las de la noche, sino las del mediodía y de la siesta. Lo peor -aseguran los vecinos- sucede los viernes y los sábados. Un hombre que vive con su familia sobre el pasaje Irigoyen, frente a la vía, tuvo que levantar la verja en 60 centímetros y poner alarma. "Me roban los plafones de la luz", explicó.
Los residentes de la cuadra hacen "vaquitas" para comprar los focos del alumbrado callejero. "Hay que reponerlos constantemente, porque los rompen a hondazos", comentan.
"Hagan denuncias"
"La situación de inseguridad se vive en toda la provincia y no se puede correr a poner un destacamento en todos lados, pero estamos trabajando", dijo el jefe de la Policía, Roberto Vallejo. "Pedimos que se haga la denuncia en las comisarías; que la gente llame al 101 para que el personal del Comando acuda rápidamente", dijo. De esa forma, señaló, se puede analizar la situación, hacer estadísticas y ver en qué lugares se necesita reforzar la seguridad.
Rabia y miedo
Rabia, por no poder detener los delitos contra su seguridad y sus propiedades, y miedo a las represalias que puedan tomar los delincuentes contra ellos. Es el temor el que los disuade de dar el nombre, o permitir que les saquen fotos. "Saben dónde vivo", se excusa Ariel, un chico de 20 años a quien el martes pasado tres delincuentes le robaron la bicicleta y le quitaron $ 14, a plena luz del día. "Me apuntaron con un arma y, con algo filoso, me lastimaron la mano", contó. "Ese de allá -señala un cruce ferroviario a pocos metros- es el ?puente de los suspiros?. Le dicen así porque uno no tiene tiempo ni de suspirar antes de que le quiten todo", relata.
A Manuel Ortiz, quien vive junto a las vías del tren que corren al lado del pasaje Irigoyen, entre Uruguay y Chile, lo asaltaron en la madrugada de ayer, por segunda vez en menos de un mes.
"Fue en la esquina de Uruguay y el pasaje. Eran dos tipos jóvenes; me quitaron la bicicleta y la ropa que llevaba para cambiarme después del trabajo", relató el hombre, empleado de la empresa 9 de Julio. Ortiz se quejó porque a los vigilantes que paga el vecindario no les permiten llevar armas. "Mientras tanto, los delincuentes sí andan armados", señaló.
Zona liberada
Los tres vigilantes pagados (a razón de $ 5 por semana) por más de 50 vecinos tienen, sin embargo, su recorrido acotado: Uruguay del 1.200 al 1.300; y Suipacha, del 1.100 al 1.200. "El pasaje Irigoyen, entre Chile y Uruguay; y Chile, entre el mismo pasaje y Suipacha, tuvo que ser ?liberado? y ya no tiene vigilancia", contó un vecino que no quiso dar su nombre.
El hombre relató que, hace unas tres semanas, uno de los vigiladores (en realidad, un vecino desocupado) fue asaltado y amenazado por varios delincuentes en la esquina de Chile y el pasaje. "Le dijeron que no pase más por allí, porque esa zona les pertenece, y la usan para escapar", contó.
Siestas de peligro
De todos modos, las horas más peligrosas no son las de la noche, sino las del mediodía y de la siesta. Lo peor -aseguran los vecinos- sucede los viernes y los sábados. Un hombre que vive con su familia sobre el pasaje Irigoyen, frente a la vía, tuvo que levantar la verja en 60 centímetros y poner alarma. "Me roban los plafones de la luz", explicó.
Los residentes de la cuadra hacen "vaquitas" para comprar los focos del alumbrado callejero. "Hay que reponerlos constantemente, porque los rompen a hondazos", comentan.
"Hagan denuncias"
"La situación de inseguridad se vive en toda la provincia y no se puede correr a poner un destacamento en todos lados, pero estamos trabajando", dijo el jefe de la Policía, Roberto Vallejo. "Pedimos que se haga la denuncia en las comisarías; que la gente llame al 101 para que el personal del Comando acuda rápidamente", dijo. De esa forma, señaló, se puede analizar la situación, hacer estadísticas y ver en qué lugares se necesita reforzar la seguridad.
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