21 Junio 2011 Seguir en 
Todo sucede en una noche de desvelo, cuando los fantasmas de una madre y su hija acechan aquí y allá y no permiten que se unan, que se quieran. La obra "Un mismo árbol verde" está protagonizada por Marta Bianchi y Adriana Salonia, y el texto de Claudia Piñeiro está basado en hechos reales. No sólo en el del genocidio de los armenios que destruyó más de un millón y medio de vidas, sino también en el que tuvo lugar en este país durante la dictadura de los años 1976-1983 y en la búsqueda de la verdad impulsada por la Fundación Luisa Hairabedian, algo que la primera actriz insiste en destacar en su diálogo con LA GACETA.
La señora del drama del escenario lleva décadas entre el cine, la televisión y el teatro, pero sin dudas, en este último es donde mejor se siente. Cuando se le pregunta sobre la caracterización de personajes dramáticos, Marta Bianchi admite su preferencia, pero corrige: "también me siento bien con la comedia", y de inmediato recuerda sus papeles en "Raíces", "Conversaciones después de un entierro" y "Mujeres terribles". En definitiva: "me gusta mucho el drama, pero también la comedia", sostiene. Y, de paso, distingue la actuación de la sobreactuación, un tema siempre complejo y polémico, en todas partes del mundo.
-¿Ve televisión? ¿Cómo la ve?
- La televisión es una industria, por lo que todo se hace mucho más difícil; el teatro es más artesanal y permite al actor elegir y generar su proyecto. Veo poco televisión, un poco de ficción y los informativos. Lo que observo es el uso demasiado de las malas palabras y un empobrecimiento del lenguaje. No es que me oponga a las malas palabras, pero cuando son utilizadas alegremente, es un uso excesivo.
-Usted sabe que su presencia escénica no resulta indiferente...
- Busco conmover, ya sea a través de la risa, el llanto o cualquier emoción. El actor tiene la posibilidad de conmover, que quiere decir mover algo, modificar algo en el receptor. Creo que hay un efecto catártico, porque el arte en general refleja un momento social en el que se crea; que genera identificación, que permite o estimula a pensar y cambiar el mundo; hay una incidencia social, seguro.
-¿Que métodos utiliza en su composición?
- Un actor debe estudiar todos los métodos, dominarlos. Cuando debe abordar un personaje, el actor recurre a ellos, va a tener que apelar a todos los que estudió, y para esto es muy importante el estudio y el entrenamiento. No utilizo un método en particular, pero recurro a ellos como una herramienta.
-¿Cómo distinguir la actuación de la sobreactuación?
- Hay sobreactuación cuando se subraya lo que se está haciendo, cuando se dibuja lo externo, lo que provoca que uno no se lo crea, ni el que está en el escenario, ni el público. El actor no debe actuar, sino ser el personaje; en primer lugar tiene que ser él mismo y creérselo; hacer el personaje de verdad, de afuera y de adentro. De todos modos, hay géneros como el grotesco en el que se recurre a la sobreactuación.
ACTÚA HOY
A las 21 en el colegio Inmaculada Consolación Concepción
La señora del drama del escenario lleva décadas entre el cine, la televisión y el teatro, pero sin dudas, en este último es donde mejor se siente. Cuando se le pregunta sobre la caracterización de personajes dramáticos, Marta Bianchi admite su preferencia, pero corrige: "también me siento bien con la comedia", y de inmediato recuerda sus papeles en "Raíces", "Conversaciones después de un entierro" y "Mujeres terribles". En definitiva: "me gusta mucho el drama, pero también la comedia", sostiene. Y, de paso, distingue la actuación de la sobreactuación, un tema siempre complejo y polémico, en todas partes del mundo.
-¿Ve televisión? ¿Cómo la ve?
- La televisión es una industria, por lo que todo se hace mucho más difícil; el teatro es más artesanal y permite al actor elegir y generar su proyecto. Veo poco televisión, un poco de ficción y los informativos. Lo que observo es el uso demasiado de las malas palabras y un empobrecimiento del lenguaje. No es que me oponga a las malas palabras, pero cuando son utilizadas alegremente, es un uso excesivo.
-Usted sabe que su presencia escénica no resulta indiferente...
- Busco conmover, ya sea a través de la risa, el llanto o cualquier emoción. El actor tiene la posibilidad de conmover, que quiere decir mover algo, modificar algo en el receptor. Creo que hay un efecto catártico, porque el arte en general refleja un momento social en el que se crea; que genera identificación, que permite o estimula a pensar y cambiar el mundo; hay una incidencia social, seguro.
-¿Que métodos utiliza en su composición?
- Un actor debe estudiar todos los métodos, dominarlos. Cuando debe abordar un personaje, el actor recurre a ellos, va a tener que apelar a todos los que estudió, y para esto es muy importante el estudio y el entrenamiento. No utilizo un método en particular, pero recurro a ellos como una herramienta.
-¿Cómo distinguir la actuación de la sobreactuación?
- Hay sobreactuación cuando se subraya lo que se está haciendo, cuando se dibuja lo externo, lo que provoca que uno no se lo crea, ni el que está en el escenario, ni el público. El actor no debe actuar, sino ser el personaje; en primer lugar tiene que ser él mismo y creérselo; hacer el personaje de verdad, de afuera y de adentro. De todos modos, hay géneros como el grotesco en el que se recurre a la sobreactuación.
ACTÚA HOY
A las 21 en el colegio Inmaculada Consolación Concepción







