El desliz de Terminator o el síndrome de confianza del macho alfa

Cuanto más ascienden un hombre y una mujer en los negocios, más expuestos están a cometer adulterio, según consigna la revista Time.

22 Mayo 2011
LOS ÁNGELES.- Come back, Charlie Sheen. Todo está perdonado. Puede que el circo mediático haya dejado atrás las aventuras de este provocador de Hollywood.

Ahora, la sociedad estadounidense tiene que lidiar con el comportamiento de Arnold Schwarzenegger, su Terminator, que no sólo traicionó la confianza de su familia, sino que además se presentó a sus votantes como un hombre de honor mientras ocultaba que había tenido un hijo con su empleada del hogar y nunca se lo contó a su mujer.

Peor aún es el escándalo que envuelve al ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn.

Al menos Sheen no pretendió nunca ser otra cosa que un fiestero. Se suponía que Schwarzenegger y Strauss-Kahn tenían que ser mejores, o eso se pensaba.

Pero quizá, ese comportamiento insensible forma parte de un perfil masculino potente. "Incluso Osama bin Laden tenía varias mujeres y su alijo de porno", escribió Matt Miller en The Washington Post. "¿Estos comportamientos sólo se producen en el territorio de los machos alfa?"

La respuesta, si uno piensa en arquetipos como el ex presidente Bill Clinton, el ex gobernador de Nueva York Eliot Spitzer, la estrella del golf Tiger Woods o el candidato a la presidencia estadounidense John Edwards, parece ser afirmativa.

"Los hombres poderosos pueden ser poderosamente insensatos", escribe la revista Time. "Tienden a tomar riesgos, o al menos a valorarlos de forma diferente. A menudo, están rodeados de gente con un interés político o personal en protegerles hasta el punto de encubrir sus locuras, indiscreciones y delitos". El artículo cita un estudio que será publicado en breve según el cual, cuanto más alto asciende un hombre o una mujer en la jerarquía de los negocios, más probable es que se planteen cometer adulterio. "Con el poder llegan tanto la oportunidad como la confianza", argumentan los autores. "Y la confianza genera un sentido de derecho sexual", añaden.

Tracey Weber, que escribe en la web de investigación periodística sin fines de lucro ProPublica, declaró sus esperanzas de que la publicidad adquirida por los escándalos actuales evite otras potenciales víctimas de esos comportamientos. Pero según afirma, su propia experiencia no la deja ser optimista: la reportera formó parte del equipo de Los Angeles Times que informó en 2003 sobre los presuntos acosos sexuales de Schwarzenegger cuando el actor aspiraba al cargo de gobernador de California.

Weber convenció a algunas mujeres para que detallaran el comportamiento del actor. "Una de las mujeres me llamó llorando", escribió. "Yo la convencí para que revelara sus humillaciones, pero aquí llega otra. Los votantes, igual que Hollywood, ignoran el comportamiento de la estrella", concluyó. (dpa)

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