En busca del manual de los hombres prudentes

Por Jaime Najles - Psicoanalista.

22 Mayo 2011
El incidente del director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, trasciende el mero hecho policial. Desde aquel "Happy birthday mister President" de Marilyn Monroe a John Kenedy, la lista de los líderes políticos y sociales enredados en escándalos de índole pública es interminable: los Kennedy, Clinton, Lugo, Berlusconi, y la detención del director del FMI por acoso sexual a una empleada en un hotel de Nueva York... Se habla de la impunidad del Poder, del atropello del poderoso. En parte es cierto. ¿Alcanza como explicación? ¿Qué es lo que caracteriza esa impunidad? En los Príncipes Modernos (en el sentido de Maquiavelo) una constante es la guerra, la violencia. Y ahora, también, el sexo como símbolo de omnipotencia, lugar privilegiado de su afirmación, que hace de este la encarnación del "verdadero hombre", del único poseedor de "eso".

El discurso cotidiano sobre la autoridad ha asimilado lo esencial de estos nuevos Príncipes: ser jefe es "tener eso". La obsesión sexista no pertenece al registro de la anécdota, no es la desviación excéntrica; al contrario, es el ejercicio constitutivo de una autoridad, manifestación de su "Poder Absoluto".

Desde el acoso del director de repartición hasta los excesos kennedyanos, las andanzas de Clinton, Berlusconi y sus menores, hasta el vergonzoso incidente sexual-policial del director del FMI evidencian la dimensión sexual del poder abusivo. Más que la aficción perversa por las desviaciones, es el ejercicio del Poder abusivo, que recuerda que es un potente afrodisíaco.

Carente de pudor y prudencia, el poder se sexualiza para probar y experimentar su autoridad: autor y actor, somete a otros y en extensión a toda la sociedad a sus formas de poder, sin tope ni prohibición.

Es el poder sin Ley que encuentra su aprobación en un placer sin Ley. Esta época, que el psicoanálisis denomina como de la inexistencia del Otro , caída de los ideales y debilitamiento del Nombre del Padre, se manifiesta en la cultura, en la familia y en la sociedad; y tiene sus consecuencias en la política.

Baltasar Gracián (1601-1658) jesuita y escritor barroco, en su obra más famosa, Oráculo Manual y arte de prudencia, busca el diseño de un "varón integral": un "Manual" que ayudará a perfilar aspectos determinados de la personalidad del hombre de la época, basados en "La Prudencia" como modo de relacionarse con los demás. Dice: "Hombre de entereza": hombre que ni la "pasión vulgar ni la violencia tirana le obliguen a pisar la raya de la razón"; o "Nunca perderse el respeto a sí mismo"; o "Señorío en el decir y en el hacer"... Máximas que expresan un modo -ya en esa época- de ejercer el poder, con prudencia y con Pudor, término caído un poco en desuso pero que mantiene su vigor.

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