El escenario agrega complejidad, la mesura gana terreno en las expectativas. Algunas señales de la realidad comienzan a modificar el campo que se descontaba orégano para el resto del año. No serían síntomas de gravedad como para tumbar el humor y las ilusiones, pero en la lógica de los negocios y las previsiones de los balances no son cuestiones para dejar pasar, al menos por estos pagos. El cambio de tono se advierte por lo menos en tres de las principales actividades que se concentra en Tucumán. Se constata: 1) una caída de los precios internacionales del azúcar (está en torno 22 centavos la libra, cuando en febrero-marzo valía más de 30), una circunstancia que genera una baja en la paridad para importar el producto, junto con la disminución del precio interno (está en $180/195 la bolsa de 50 kilos, y en descenso), además de una dura negociación salarial; 2) un menor volumen de cosecha de limón al estimado y los valores internacionales que se mantienen lejos de la campaña pasada (se paga por la caja U$S 15/16, frente a los U$S 25 que se cotizaba en 2010 por estas fechas) y, 3) la pérdida progresiva de competitividad y de incidencia en el mercado que enfrentan las hilanderas, con suspensiones de personal y parada productivas.
El cuadro de estos días deberá pasar por el tamiz de la coyuntura, pero habría que decir que se corresponde con un panorama general que impacta en la Argentina, marcada básicamente de los precios de los commodities y del rumbo del modelo que define el Gobierno. El azúcar y el citrus representan para Tucumán en torno a un cuarto de su producto y lo suceda en ese mundo tiene una fuerte incidencia en el movimiento económico, por todo lo que multiplica y derrama. Así, una primera lectura arroja que a menos que la tendencia se modifique, en este año ingresará menos plata a la provincia (obviamente para las empresas y su gente), en relación con los ingresos de 2010, proveniente de dos de sus actividades clave.
En el caso de las textiles, la incidencia del plan económico en marcha se transformó en central para entender sus vaivenes. Aunque las dificultades actuales están concentradas en dos de las seis textiles que funcionan en Tucumán, la preocupación de una eventual extensión de la crisis tiene a mal traer al sector. "Venimos viendo este problema desde febrero pasado, cuando se dio un aumento de la fibra de algodón de casi un 120%, el insumo básico para las hilanderas, y Guillermo Moreno no dejó que las fábricas trasladen ese aumento al producto final, per como también hay escasez de algodón todo se complicó. El Gobierno frenó las importaciones, pero esa medida está resultando insuficiente porque los tejedores, a quienes les venden nuestras hilanderas, importan ahora más barato las telas terminadas y nos dejan con la producción sin vender; se podría solucionar el problema con un dólar más alto, pero esas ya son medidas con otro impacto". La explicación de uno de los actores sociales tucumano allana las conclusiones. Los trabajadores textiles perciben en torno al 70% de sus salarios (una serie de acuerdos laborales los cobijan) y no quedan en la calle. Son unos 800 operarios (el padrón total es de 4.500, incluido Alpargatas) que trabajan para Pol Ambrosio los que están en el trance. El Estado, es cierto, viene echando una mano al sector y hasta podría contener el caso. Pero la caída de la competitividad, el empuje inflacionario y la falta de ciertas certezas están pasando factura cada vez más caras. No se necesita una modificación explícita del humor social y de las variables para advertir que los cambios en el escenario comienzan a sentirse (y doler) por aquí.
El cuadro de estos días deberá pasar por el tamiz de la coyuntura, pero habría que decir que se corresponde con un panorama general que impacta en la Argentina, marcada básicamente de los precios de los commodities y del rumbo del modelo que define el Gobierno. El azúcar y el citrus representan para Tucumán en torno a un cuarto de su producto y lo suceda en ese mundo tiene una fuerte incidencia en el movimiento económico, por todo lo que multiplica y derrama. Así, una primera lectura arroja que a menos que la tendencia se modifique, en este año ingresará menos plata a la provincia (obviamente para las empresas y su gente), en relación con los ingresos de 2010, proveniente de dos de sus actividades clave.
En el caso de las textiles, la incidencia del plan económico en marcha se transformó en central para entender sus vaivenes. Aunque las dificultades actuales están concentradas en dos de las seis textiles que funcionan en Tucumán, la preocupación de una eventual extensión de la crisis tiene a mal traer al sector. "Venimos viendo este problema desde febrero pasado, cuando se dio un aumento de la fibra de algodón de casi un 120%, el insumo básico para las hilanderas, y Guillermo Moreno no dejó que las fábricas trasladen ese aumento al producto final, per como también hay escasez de algodón todo se complicó. El Gobierno frenó las importaciones, pero esa medida está resultando insuficiente porque los tejedores, a quienes les venden nuestras hilanderas, importan ahora más barato las telas terminadas y nos dejan con la producción sin vender; se podría solucionar el problema con un dólar más alto, pero esas ya son medidas con otro impacto". La explicación de uno de los actores sociales tucumano allana las conclusiones. Los trabajadores textiles perciben en torno al 70% de sus salarios (una serie de acuerdos laborales los cobijan) y no quedan en la calle. Son unos 800 operarios (el padrón total es de 4.500, incluido Alpargatas) que trabajan para Pol Ambrosio los que están en el trance. El Estado, es cierto, viene echando una mano al sector y hasta podría contener el caso. Pero la caída de la competitividad, el empuje inflacionario y la falta de ciertas certezas están pasando factura cada vez más caras. No se necesita una modificación explícita del humor social y de las variables para advertir que los cambios en el escenario comienzan a sentirse (y doler) por aquí.







