Los consumidores vuelven a recurrir a diversos artilugios para combatir la suba de los precios

El dinero no alcanza y las familias se ven obligadas a recurrir a alternativas para contrarrestar los incrementos sostenidos de precios. Opciones como la compra de segundas o terceras marcas o el asistencia a ferias americanas para adquirir ropa de segunda mano son frecuentes. La realidad exige cambios en las costumbres. Cuestionan el rol del Gobierno.

TENDENCIA. En Tucumán comenzaron a imponerse las ferias americanas, lugares donde la oferta se circunscribe a artículos de segunda mano o importados.  LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO
TENDENCIA. En Tucumán comenzaron a imponerse las ferias americanas, lugares donde la oferta se circunscribe a artículos de segunda mano o importados. LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO
08 Mayo 2011
Aunque el Gobierno nacional se empeña en minimizarla, la inflación es una realidad instalada en la Argentina, y lleva a que los consumidores destinen buena parte de sus energías a tratar de contrarrestar los efectos negativos de un escenario económico inestable.

Durante décadas y hasta la instrumentación del sistema de convertibilidad, que rigió en nuestro país desde 1991 durante poco más de 10 años, los argentinos tuvieron que aprender a sobrevivir frente a precios que suelen subir en forma sostenida.

Tras la crisis de 2001, que significó la caída de la paridad uno a uno entre el peso y el dólar, la población se vio obligada a desempolvar viejas fórmulas para evitar la desvalorización paulatina de sus ingresos. En cualquier caso, los ajustes que se instrumentaron se tradujeron en pérdida de la calidad de vida de los consumidores, que en general tuvieron que adaptarse a marcas de productos más baratas que las que estaban acostumbrados a comprar, o directamente a prescindir de artículos o prácticas que pasaron a ser lujos.

Sin embargo, ocho años de crecimiento sostenido de la economía argentina sirvieron para "maquillar" la situación. Pero cierto recalentamiento de una economía asentada en el fomento al consumo, con una evolución de los ingresos de la población que va por detrás de la marcha de los precios, parece haber desencadenado la necesidad en la gente de volver a instrumentar métodos para zafar de la inflación.

En su último informe sobre el comportamiento del comercio minorista en el país, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) advirtió que las ventas en esta franja crecieron un 6,1% en abril frente a igual mes del año pasado. Pero aclaró que en el rubro de alimentos y bebidas los consumidores apuntaron más a ofertas y descuentos, y buscaron segundas y terceras marcas ante el avance de la inflación. Según el estudio, las ventas de alimentos y bebidas crecieron un 4,3% frente a abril del año pasado, pero con un cambio en algunos patrones de demanda. Fue notorio -remarca la CAME- el desplazamiento hacia segundas y terceras marcas durante abril y la suba de compras m s chicas pero con mayor frecuencia, en muchos casos aprovechando exclusivamente ofertas y los descuentos del día a día.

Tendencia

José García, presidente de la Federación de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y del Frente de Organizaciones de Defensa de Usuarios y Consumidores (Fodecus), sostuvo que en Tucumán efectivamente hay una tendencia a la restricción en los gastos de los consumidores. "Hay un comportamiento distinto al de años anteriores, que nosotros vinculamos a problemas económicos. Se ha reducido un montón de cosas que la familia compartía; en alimentos, se está recurriendo mucho a segundas marcas, e inclusive hemos visto que las mismas empresas grandes producen artículos de segundas marcas en mayor cantidad porque es lo que más se lleva", indicó García. El defensor de los consumidores remarcó que las mismas empresas también ofrecen empaques con volúmenes inferiores de mercadería para poder vender más barato.

Los cambios en las costumbres varían según el segmento económico de la población que se trate.

"Es curioso, pero hemos observado que en algunos segmentos desapareció casi totalmente la cena, que es una comida habitual. También hay cambios en los desayuno y las meriendas, porque con el asunto de que ahora un kilo de pan, de azúcar, o de yerba cuesta $ 6 en cada caso, resulta que tomar un mate cocido ahora es bastante caro. Como sea, la gente de menores recursos está obligada a darle prioridad a la comida antes que a otras cosas", señaló García.

Según el presidente de Fodecus, a muchas familias los ingresos les alcanza para comer 15 o 20 días del mes, lo que ocasiona una mayor afluencia a los comedores comunitarios que en años anteriores.

"En los comedores, la ración diaria de comida pasó de un costo de $ 1,70 a $ 3, pero no se actualizan las partidas oficiales que envía el Gobierno. Una particularidad es que hay familias de bajos ingresos que directamente comenzaron a cultivar hortalizas en los fondos de sus casas. Parece que esta tendencia crecería mucho, porque hay bastante gente que nos pregunta dónde conseguir semillas, por ejemplo", aseveró el dirigente.

En la clase media, las restricciones difieren de las que se aplican en los sectores de bajo consumo. "Las familias de ingresos medios suprimen los postres, por ejemplo, y evitan las visitas que se hacían. La fiesta familiar a menudo se viene haciendo a la canasta, compartiendo todo. Con respecto a indumentaria, hay mucha concurrencia a las ferias americanas, para comprar ropa segundas mano. Nosotros fomentamos el resurgimiento del trueque, que se está como queriendo reactivar ahora, como estrategia para sobrevivir", apuntó García.

Hizo hincapié en que la población que goza de ingresos mensuales superiores a los $ 7.000 tiene más herramientas para contrarrestar los efectos de la inflación, en especial porque el rubro alimentación tiene menor impacto en sus presupuestos que en los segmentos de menores recursos.

"En esencia, los que perciben ingresos menores a $ 6.000 por mes disminuyeron mucho los gastos. Las familias elaboran pan casero para abaratar costos, o no salen los fines de semana. La recreación está saliendo de la agenda. Hoy se da prioridad a la comida, y se baja el consumo de gaseosas y se recurre mucho a los jugos", finalizó García.


Datos oficiales versus datos privados
El Índice de Precios al Consumidor (IPC-Costo de Vida) subió 0,8% en marzo en comparación a febrero, según datos difundidos por el Indec.

Los cálculos oficiales destacan que los precios minoristas acumulan en lo que va del corriente año un alza del 2,3%.

El Indec dio cuenta que el Índice de Precios Mayoristas aumentó el 0,9% en marzo, para cerrar el primer trimestre con un alza del 3%.

Según las consultoras privadas, la variación del costo de vida en marzo se ubicó alrededor del 2%, más del doble que lo estimado por el Indec.

En marzo, una familia tipo necesitó reunir ingresos por $ 1.283,72 para no caer en la pobreza y $ 585,52 para superar la indigencia.

La consultora FIEL informó que una familia debió ganar en marzo de $ 2.219,4 para no ser pobre y de $ 1.212,20 para no ser indigente.

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