20 Abril 2011 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Amado Boudou ahora se ha metido con la dinámica de los mercados, tratando de hacer creer a la opinión pública que la baja del lunes en la Bolsa no ha sido por culpa del efecto Siderar. Él atribuyó la caída de los papeles privados a sucesos vinculados con Estados Unidos. Pero las caídas de los mercados del lunes han sido inferiores al 2,37% del Merval. A los mercados el avance estatal no les gusta. El riesgo país volvió a empinarse.
La propensión del ministro de Economía para edulcorar artificialmente la realidad no es nueva; su mayor exceso fue decir que la suba de precios es algo que atañe a la clase media.
Hoy, como todo el Gobierno, Boudou jura que el deseo legal y político del Estado de meterse en las empresas tiene que ver con una necesidad contante y sonante. Que los privados distribuyan más dividendos para beneficiar a los jubilados, afirma ante el aplauso fácil de los auditorios, como si buena parte del Fondo de Sustentabilidad de la Anses no se le prestara al propio Tesoro a tasa negativa. Su argumento no incluye, por ejemplo, la generación de inversiones con las utilidades empresarias, una premisa básica de un mundo habituado al progreso, muy diferente al del Estado que él cultiva. En su visión del cortoplacismo fiscal que parece abrumarlo, lo que Boudou parece no tener en cuenta es que esas inversiones deberían asegurarle a todos los tenedores de acciones, incluida la Anses, que puedan ganar más dinero hacia el futuro, con nuevos y quizás mayores dividendos.
La propensión del ministro de Economía para edulcorar artificialmente la realidad no es nueva; su mayor exceso fue decir que la suba de precios es algo que atañe a la clase media.
Hoy, como todo el Gobierno, Boudou jura que el deseo legal y político del Estado de meterse en las empresas tiene que ver con una necesidad contante y sonante. Que los privados distribuyan más dividendos para beneficiar a los jubilados, afirma ante el aplauso fácil de los auditorios, como si buena parte del Fondo de Sustentabilidad de la Anses no se le prestara al propio Tesoro a tasa negativa. Su argumento no incluye, por ejemplo, la generación de inversiones con las utilidades empresarias, una premisa básica de un mundo habituado al progreso, muy diferente al del Estado que él cultiva. En su visión del cortoplacismo fiscal que parece abrumarlo, lo que Boudou parece no tener en cuenta es que esas inversiones deberían asegurarle a todos los tenedores de acciones, incluida la Anses, que puedan ganar más dinero hacia el futuro, con nuevos y quizás mayores dividendos.








