Crecimiento sin desarrollo y sostenible, sólo por ahora

La expansión de 2010 y de este año es el principal activo del gobierno de cara a las elecciones de octubre, basado en gran medida en un aumento febril del consumo. La inflación, el tipo de cambio, las tarifas y la extinción de los superávit gemelos son los problemas en el horizonte. Por Juan J. Llach, Director del centro de estudios de gobierno, empresa, sociedad y economía, IAE -Universidad Austral. Ex Ministro de Educación de la Nación.

LA CLAVE DE LA EXPANSIÓN. El consumo sigue manteniéndose vigoroso y el Gobierno apuesta a reimpulsarlo en este año de elecciones. NA
LA CLAVE DE LA EXPANSIÓN. El consumo sigue manteniéndose vigoroso y el Gobierno apuesta a reimpulsarlo en este año de elecciones. NA
17 Abril 2011
Sin dudas, el crecimiento de la economía de 2010 y de este año es el principal activo del gobierno de cara a las elecciones de octubre, sobre todo por estar basado en gran medida en un aumento febril del consumo. Ello ha permitido mejorar los niveles de vida de millones de hogares argentinos. Surge la pregunta de hasta qué punto este nivel de crecimiento del PBI y del consumo es sostenible. Sólo se puede contestar afirmativamente si se introducen cambios relevantes en la política económica.

El primer problema es la inflación, ya que en caso de no ser encarada con un plan de estabilización serio tendrá una tendencia creciente. Un segundo problema es tener inflación pese a usarse como anclas los precios de la energía y el tipo de cambio. Los aumentos autorizados en los combustibles son apenas un paliativo y, aunque no hay un atraso cambiario hoy, la velocidad del aumento de los costos de producción en divisas es un claro freno a la inversión, sobre todo en la industria. Esto ocurre en un mal momento, porque en 2010 se invirtió 2,5% del PBI menos que en 2007 cuando para sostener una tasa de 6% o más de crecimiento de la economía harían falta, al menos, esos puntos. Un tercer problema es la extinción de los superávit gemelos, dado que la cuenta corriente del balance de pagos terminará cerca de cero y el resultado fiscal bien medido -neto de aportes del BCRA y otras cosméticas contables- será negativo. Han quedado muy atrás los años en que se hacía gala de un tipo de cambio alto y de los superávit gemelos.

Ahora el país está ahorrando cada vez menos, y para colmo lo hace en buena parte en el exterior, vía la fuga de capitales o el más criollo "dólar colchonero". No hay cifras exactas, pero entre 2008 y 2010 se fugaron más de U$S 30.000 millones, financiando en buena medida a los estados o empresas extranjeros. Sin un plan de estabilización serio, con correcciones graduales de los precios de la energía y del tipo de cambio y con aumentos graduales del ahorro y de la inversión, es obvio que los problemas de la economía se profundizarán. 2012 puede ser un "año bisagra", en el que si no se hacen las correcciones aumentará el riesgo de un ajuste brusco y recesivo, cosa que sería lamentable porque la Argentina ha logrado evitarlo durante nueve años por primera vez desde 1975.

Se añaden otras limitaciones que aparecerán a un plazo más largo y que impiden que el crecimiento sea un verdadero desarrollo. Una es el sistema previsional, con una relación de sólo 1,3 /1,4 contribuyentes por jubilado, cuando debería ser cercana a 4 para hacer sostenible al sistema. Al paso que vamos los jóvenes de hoy tendrán una pesada carga para sostener el sistema, y se los "premiará" con jubilaciones magras. Otra es la educación, con un preocupante deterioro de su calidad que ha relegado a la Argentina desde el primero o segundo puesto en América Latina que tenía hace 15 años al quinto o el sexto hoy.

Una tercera limitación es la "deuda de valor agregado". Por un lado la estructura fabril no es hoy distinta de la de principios de siglo. Las empresas invierten mucho menos de lo que debieran, dado que trabajan casi a capacidad plena. Por otro lado, es insuficiente la agregación de valor aguas abajo de las cadenas agroalimentarias. Hoy podríamos estar produciendo 18.000 en vez de 10.500 millones de litros de leche y casi toda la diferencia podría exportarse en productos de mayor valor agregado.

La competitividad sistémica de la producción argentina no ha avanzado significativamente en la última década, salvo en la agricultura, la vitivinicultura y algunas empresas manufactureras. Por ello, el país no está hoy mejor que hace una década para crecer y desarrollarse de manera endógena y sostenida y con mayor independencia de los vientos a favor globales. Se ha desaprovechado una década excepcional, aunque la oportunidad seguirá vigente. Otro punto a favor es el bajo nivel de endeudamiento público, de sólo del 25% del PBI cuando se excluye la deuda de la Tesorería con otros organismos estatales.

En el sector empresarial los problemas no son menores. No hay un aumento cualitativo o cuantitativo de empresas argentinas globales y las nuevas clases empresarias innovadoras no tienen masa crítica y mucho menos logran acelerada (y oscura) acumulación de capital de los grupos empresarios amigos del poder.

Con la energía hay, por cierto, problemas más hondos, como el hecho de que la demanda aumenta más del 40% y la oferta crece 21%, lo que resulta en un sostenido aumento de las importaciones que nos convertirá en importadores netos en poco tiempo mientras se sigue casi regalando la energía a millones que pueden pagarla.

Más allá de esta larga lista de falencias, que limitarán la sostenibilidad del crecimiento y su transformación en genuino desarrollo, la economía ocupará un rango menor en la campaña electoral. Se le abre así a la oposición -y si lo quisiera también al gobierno- el desafío de hacer campaña sobre la base de cuestiones más elevadas y cruciales como la defensa de la maltratada república, la independencia del Poder Judicial, la defensa de las libertades de la Constitución, el respeto a la ley, el orden y la seguridad personal, una política internacional madura o la genuina educación del soberano. Es una buena ocasión, casi inmejorable, porque como puede leerse en las encuestas de opinión, salvo la seguridad todos los temas mencionados tienen prioridad bajísima para buena parte de los argentinos. Ellos necesitan ser instruidos y advertidos que, sin una agenda como la mencionada, sus sueños de progreso en el hogar, el trabajo, la educación o la empresa serán, en el mejor de los casos, efímeros.

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