Algunos sofocones trastornaron el inicio medido del otoño. La aparición de azúcar brasileña en las góndolas de supermercados de por aquí alteró algunas cabezas y reactualizó la inquietud que planea sobre la actividad azucarera, aun en una época de bonanza. Pese a un precio espectacular, buenos rendimientos y pactos de abastecimiento que parecían garantizar cierta tranquilidad, el mundo azucarero no termina de hacer pie. Y ese ruido golpea especialmente Tucumán, la zona productora por excelencia.
Una parte de esas alteraciones -no todas- se debe buscar en las grietas que genera la informalidad en la producción y en la comercialización del producto. El ?negreo? es un hábito nocivo y viejo que complica proyecciones y quita seriedad. Lo extraño es que el propio Estado no termina de tomar partido ante un drama endémico de la economía. ¿Cuántos actores desde el surco y el ingenio hasta el almacén y el súper o los puertos tiene la actividad?
Un acuerdo entre los principales grupos industriales azucareros logró sostener el precio y abastecer la demanda; la cosecha 2010 dejó buenos dividendos, pero esa performance no alcanzó a los más desprotegidos de la actividad. Al final del ciclo, el empuje exportador ante los mejores precios internacionales atascó las cosas y el azúcar quedó a merced de Guillermo Moreno. El Estado (el Gobierno, mejor dicho) tomó partida para impedir mayores subas y emplazó a los grandes del sector a buscar alternativas para no desabastecer el mercado interno. La amenaza moderó ilusiones y llevó a importar el producto desde Brasil por parte de Ledesma, uno de los principales comercializadores. Aunque esas 20.000 toneladas son apenas el 1% de la producción anual, la evidencia mostró la necesidad de reformular los acuerdos privados, sincerar las cosas y mostró al Gobierno exclusivamente interesado en el consumidor final, pero ausente de la complejidad y la estructura de la actividad. Regular desde la góndola un espacio que genera unos U$S 1.500 millones, que ocupa 40.000 trabajadores en el país (en plena zafra) y que en el caso de Tucumán implica casi un 10% de su PBG, parece cuanto menos estrambótico. ¿Y para cuándo el control sobre la informalidad? ¿Hasta dónde se involucra la Provincia en un espacio que va más allá de la propia producción del sector?
En estos días, trajina otro pacto para sostener el precio interno y la producción 2011. Podría ser presentado como prenda de unidad ante Cristina Kirchner. "Se busca conformar a Moreno, y no lo están firmando todos los ingenios, pero si no se consigue autorización para exportar azúcar, el precio se va a caer y con el impacto de la inflación todo puede ir para abajo", dijo un experto. Un espacio en negro (¿100.000 toneladas de producción?), pactos de urgencias, un Estado imprevisible y una prosperidad que parece concentrarse en unos pocos forman parte del presente azucarero. El futuro pinta mejor: precios récord, más lugar para el etanol y la cogeneración de energía. Inversores que buscan comprar plantas (se mantiene el interés en por lo menos una fábrica) o petroleras que quieren sumarse al negocio dan la pauta de una mejor perspectiva. Por decisión del Congreso (en 2000 y 2002) el azúcar fue exceptuado de los regímenes de comercialización en el Mercosur, ante las asimetrías y los subsidios que Brasil derrama en la industria sucroalcoholera. Un complejo mecanismo de variables, precios y realidades dejaron a salvo la importación. Hoy, otros requerimientos y necesidades políticas internas han mutados esas estrategias y modificaron los miedos. Con todo lo que implica para el azúcar, el gigante Brasil está en las góndolas argentinas, tucumanas...
Una parte de esas alteraciones -no todas- se debe buscar en las grietas que genera la informalidad en la producción y en la comercialización del producto. El ?negreo? es un hábito nocivo y viejo que complica proyecciones y quita seriedad. Lo extraño es que el propio Estado no termina de tomar partido ante un drama endémico de la economía. ¿Cuántos actores desde el surco y el ingenio hasta el almacén y el súper o los puertos tiene la actividad?
Un acuerdo entre los principales grupos industriales azucareros logró sostener el precio y abastecer la demanda; la cosecha 2010 dejó buenos dividendos, pero esa performance no alcanzó a los más desprotegidos de la actividad. Al final del ciclo, el empuje exportador ante los mejores precios internacionales atascó las cosas y el azúcar quedó a merced de Guillermo Moreno. El Estado (el Gobierno, mejor dicho) tomó partida para impedir mayores subas y emplazó a los grandes del sector a buscar alternativas para no desabastecer el mercado interno. La amenaza moderó ilusiones y llevó a importar el producto desde Brasil por parte de Ledesma, uno de los principales comercializadores. Aunque esas 20.000 toneladas son apenas el 1% de la producción anual, la evidencia mostró la necesidad de reformular los acuerdos privados, sincerar las cosas y mostró al Gobierno exclusivamente interesado en el consumidor final, pero ausente de la complejidad y la estructura de la actividad. Regular desde la góndola un espacio que genera unos U$S 1.500 millones, que ocupa 40.000 trabajadores en el país (en plena zafra) y que en el caso de Tucumán implica casi un 10% de su PBG, parece cuanto menos estrambótico. ¿Y para cuándo el control sobre la informalidad? ¿Hasta dónde se involucra la Provincia en un espacio que va más allá de la propia producción del sector?
En estos días, trajina otro pacto para sostener el precio interno y la producción 2011. Podría ser presentado como prenda de unidad ante Cristina Kirchner. "Se busca conformar a Moreno, y no lo están firmando todos los ingenios, pero si no se consigue autorización para exportar azúcar, el precio se va a caer y con el impacto de la inflación todo puede ir para abajo", dijo un experto. Un espacio en negro (¿100.000 toneladas de producción?), pactos de urgencias, un Estado imprevisible y una prosperidad que parece concentrarse en unos pocos forman parte del presente azucarero. El futuro pinta mejor: precios récord, más lugar para el etanol y la cogeneración de energía. Inversores que buscan comprar plantas (se mantiene el interés en por lo menos una fábrica) o petroleras que quieren sumarse al negocio dan la pauta de una mejor perspectiva. Por decisión del Congreso (en 2000 y 2002) el azúcar fue exceptuado de los regímenes de comercialización en el Mercosur, ante las asimetrías y los subsidios que Brasil derrama en la industria sucroalcoholera. Un complejo mecanismo de variables, precios y realidades dejaron a salvo la importación. Hoy, otros requerimientos y necesidades políticas internas han mutados esas estrategias y modificaron los miedos. Con todo lo que implica para el azúcar, el gigante Brasil está en las góndolas argentinas, tucumanas...







