23 Marzo 2011 Seguir en 
Tiene sólo 21 años, pero su currículumapabulla. Fue becado por laFundación del Teatro Colón, realizópresentaciones en Europa y AméricaLatina y hasta organizó una giranacional con fines solidarios en laque pone su talento al servicio delos que menos tienen. Es que AxelGarcía Stur no sólo es un joven pianistadifícil de encasillar ("soy rebeldepor naturaleza", afirma), sinotambién un artista comprometido.Y fue ese compromiso el que lo trajoa Tucumán para dictar un talleren el Instituto Superior de Músicade la UNT.Además el domingo ofreceráun concierto en el Teatro SanMartín."Es la primera vez que vengo aTucumán, pero voy a seguir haciéndolo.Encontré muchos talentosaquí. Los chicos tienen una granpredisposición, a pesar de que eldel pianista es un camino complejoy para nada sencillo", apuntó.
Talento precoz
El joven intérprete se inició desdemuy pequeño en el Conservatoriode Música de Río Gallegos (su ciudadnatal). Cuenta que el piano legusta desde que tiene memoria."En fotos de mi niñez aparezco conun tecladito que me regalaron mispadres. No imaginé que el piano seconvertiría en mi vocación y mi carrera.Es una pasión lo que siento",destacó.Curiosamente, en aquellos añosno escuchaba música clásica. "Encasa no teníamos piano. Por eso mequedaba hasta las 12 de la nochepracticando en el piano del conservatorio.Ahí, en la noche, me subíaal piano del escenario y empezabaa fabular que era un gran pianista",relató con picardía.Sus primeros pasos en la interpretaciónfueron alentadores, perocomplicados. "Cuando entré en laadolescencia participé de un concursoen Punta Arenas (Chile).Cuando gané se abrieron otros caminos:la beca de capacitación en elTeatro Colón y una beca de Culturade la Nación que me permitió perfeccionarmeen Brasil con Luiz deMoura Castro. Él me guió comoprofesional y como persona. Es unhombre de 74 años que vive enHartford (EEUU) y en Río de Janeirobrinda clases de capacitación parapianistas. Para costearme el primerviaje a Brasil empecé a hacerempanadas y alfajores de maicena.Me ayudaban a venderlas mis hermanos,aunque me cobraban comisión.Eran al horno y fritas", relató.Axel jamás se olvidará de aquellosaños. "Con mi abuela, que viveen Entre Ríos, viajamos por primeravez en colectivo a Río de Janeiro.Fueron más de 40 horas. Audicionéallá y me aceptaron. De Moura fuecomo un padre, una persona muysabia. Una vez me retó porque habíaviajado sin estudiar. Me rompióla partitura y me dijo que no valía lapena el esfuerzo que hacían mi familiani él mismo. Y que no se tratabade ir a Brasil de vacaciones.Me habló de responsabilidad y deencarar el piano como un trabajo",indicó.Años después también le dio consejossimilares otra eximia pianista:Martha Argerich. "Cuando la conocíyo tenía 14 años. Me acuerdo deque en esa oportunidad me dijo: ?nohay talento sin trabajo que puedadar fruto. Un buen pianista no sólolo es por la capacidad sino por lashoras de butaca?. Me habló de estudiarocho horas diarias y a conciencia",confesó.
El cambio
Pero fue en la universidad dondeAxel experimentó grandes cambiosy empezó a darse cuenta de que elpiano iba a ser parte de su vida. "Alprincipio no me gustaba Mozart.Hasta que hace dos años le di labienvenida a mi vida y guau: hagoMozart, Mozart, Mozart...", subrayacon fervor. Y agrega: "el artista esun gran fabulador, porque generadiferentes emociones en la gente".A la hora de hablar sobre sussueños, el joven pianista se reconocecomo revolucionario. "Quieroromper el protocolo del pianistacon traje en el piano -se entusiasma-.Quiero transgredir, quiero producirshows montados. Realizarobras tipo Broadway. Llevar, porejemplo, la vida de Mozart a un escenariocon escenografía. Quieroque el espectador se involucre contodos los sentidos cuando va a verun concierto".
Talento precoz
El joven intérprete se inició desdemuy pequeño en el Conservatoriode Música de Río Gallegos (su ciudadnatal). Cuenta que el piano legusta desde que tiene memoria."En fotos de mi niñez aparezco conun tecladito que me regalaron mispadres. No imaginé que el piano seconvertiría en mi vocación y mi carrera.Es una pasión lo que siento",destacó.Curiosamente, en aquellos añosno escuchaba música clásica. "Encasa no teníamos piano. Por eso mequedaba hasta las 12 de la nochepracticando en el piano del conservatorio.Ahí, en la noche, me subíaal piano del escenario y empezabaa fabular que era un gran pianista",relató con picardía.Sus primeros pasos en la interpretaciónfueron alentadores, perocomplicados. "Cuando entré en laadolescencia participé de un concursoen Punta Arenas (Chile).Cuando gané se abrieron otros caminos:la beca de capacitación en elTeatro Colón y una beca de Culturade la Nación que me permitió perfeccionarmeen Brasil con Luiz deMoura Castro. Él me guió comoprofesional y como persona. Es unhombre de 74 años que vive enHartford (EEUU) y en Río de Janeirobrinda clases de capacitación parapianistas. Para costearme el primerviaje a Brasil empecé a hacerempanadas y alfajores de maicena.Me ayudaban a venderlas mis hermanos,aunque me cobraban comisión.Eran al horno y fritas", relató.Axel jamás se olvidará de aquellosaños. "Con mi abuela, que viveen Entre Ríos, viajamos por primeravez en colectivo a Río de Janeiro.Fueron más de 40 horas. Audicionéallá y me aceptaron. De Moura fuecomo un padre, una persona muysabia. Una vez me retó porque habíaviajado sin estudiar. Me rompióla partitura y me dijo que no valía lapena el esfuerzo que hacían mi familiani él mismo. Y que no se tratabade ir a Brasil de vacaciones.Me habló de responsabilidad y deencarar el piano como un trabajo",indicó.Años después también le dio consejossimilares otra eximia pianista:Martha Argerich. "Cuando la conocíyo tenía 14 años. Me acuerdo deque en esa oportunidad me dijo: ?nohay talento sin trabajo que puedadar fruto. Un buen pianista no sólolo es por la capacidad sino por lashoras de butaca?. Me habló de estudiarocho horas diarias y a conciencia",confesó.
El cambio
Pero fue en la universidad dondeAxel experimentó grandes cambiosy empezó a darse cuenta de que elpiano iba a ser parte de su vida. "Alprincipio no me gustaba Mozart.Hasta que hace dos años le di labienvenida a mi vida y guau: hagoMozart, Mozart, Mozart...", subrayacon fervor. Y agrega: "el artista esun gran fabulador, porque generadiferentes emociones en la gente".A la hora de hablar sobre sussueños, el joven pianista se reconocecomo revolucionario. "Quieroromper el protocolo del pianistacon traje en el piano -se entusiasma-.Quiero transgredir, quiero producirshows montados. Realizarobras tipo Broadway. Llevar, porejemplo, la vida de Mozart a un escenariocon escenografía. Quieroque el espectador se involucre contodos los sentidos cuando va a verun concierto".







