23 Febrero 2011 Seguir en 
Hace pocos días, una nota en estas columnas puso al llamado "Complejo Presidente Sarmiento" ante la atención pública. La historia del local se difundió con ese motivo: edificado en 1951 para cobijar una central eléctrica de mucha importancia para su tiempo, a comienzos de la década de 1970 se canceló ese destino. Pasó sucesivamente a los de local para deportes y salón de baile, para llegar finalmente al estado de ruina total que han documentado con elocuencia nuestras fotografías.
El vandalismo, unido al paso del tiempo y a los factores climáticos, han hecho estragos en esa estructura que enorgullecía a los tucumanos seis décadas atrás. Se robaron las chapas de los techos, los enormes ventanales no tienen un vidrio sano, la mampostería se va cayendo, poco queda de los pisos. Los pastizales crecen, asimismo, en torno al local, sobre un terreno que aparece anegado en forma permanente.
Nada ha hecho el Estado respecto a esa construcción, que sirva para detener su decadencia. Un concejal afirma que en 2008 se dirigió por nota al Poder Ejecutivo, para advertir sobre el creciente deterioro, sin obtener respuesta. Del lado del gobierno, la Unidad de Reconversión del Espacio Público asegura que hay "varias propuestas" en estudio para proporcionar un nuevo destino al inmueble, pero que la falta de presupuesto resulta un gran obstáculo en tales propósitos.
El coordinador de la Unidad expresa que se pensó aprovechar la estructura -en el marco del Bicentenario- para albergar un centro de convenciones con capacidad para 2000 personas. El costo, en ese momento, ascendía a 7 millones de pesos: la cifra iba a ser aportada por la Nación, pero no hay novedades sobre el particular. Igualmente se manejó la idea del complejo deportivo.
En suma, estamos ante un caso bastante similar al que nos ocupó días atrás, de la Primera Confitería: el impresionante deterioro, para conjurar el cual el Estado no ha movido un dedo, y la existencia de una pregunta final acerca del destino que habrá de darse a una propiedad pública.
Pensamos que la ciudad no debe perder un inmueble de esas características. Corresponde recuperarlo y otorgarle alguna de las múltiples posibilidades de servir a las actividades colectivas que puede tener. No es posible que a cada rato aparezcan envueltas en el abandono construcciones que significaron, en su tiempo, una inversión considerable de fondos que, en última instancia, la ciudadanía aportó a través de los impuestos. Según los antecedentes oficiales, erigir ese local y equiparlo con sus maquinarias ya desaparecidas, representó casi 22 millones de los fuertes pesos de 1951: sería interesante estimar el monto que esa cifra representa, en la moneda actual.
Emplazado sobre una avenida altamente representativa, eje de una zona donde se encuentran edificios tan importantes como la vieja y la novísima Legislatura, el Colegio Nacional, el teatro San Martín, el Casino, el Arzobispado y varios otros, la ex Central Eléctrica debe sortear su condición actual de objeto de desguace por parte de los inescrupulosos, al margen de toda vigilancia del Estado.
Se hace urgente implementar un proyecto viable para utilizar una estructura tan importante con finalidades de beneficio común. Pensamos, por ejemplo, que podría implementarse un "concurso de ideas" con ese propósito, similar al que se dispuso para el ex local de Rentas de la Provincia ( y de cuyo resultado nada se sabe aún). Lo que se requiere es la voluntad política para marchar rumbo al propósito, ya que la financiación siempre podría obtenerse. Más, si existe una promesa de fondos nacionales, como lo indica la información oficial: son fondos cuya llegada debiera gestionarse con más énfasis.
El vandalismo, unido al paso del tiempo y a los factores climáticos, han hecho estragos en esa estructura que enorgullecía a los tucumanos seis décadas atrás. Se robaron las chapas de los techos, los enormes ventanales no tienen un vidrio sano, la mampostería se va cayendo, poco queda de los pisos. Los pastizales crecen, asimismo, en torno al local, sobre un terreno que aparece anegado en forma permanente.
Nada ha hecho el Estado respecto a esa construcción, que sirva para detener su decadencia. Un concejal afirma que en 2008 se dirigió por nota al Poder Ejecutivo, para advertir sobre el creciente deterioro, sin obtener respuesta. Del lado del gobierno, la Unidad de Reconversión del Espacio Público asegura que hay "varias propuestas" en estudio para proporcionar un nuevo destino al inmueble, pero que la falta de presupuesto resulta un gran obstáculo en tales propósitos.
El coordinador de la Unidad expresa que se pensó aprovechar la estructura -en el marco del Bicentenario- para albergar un centro de convenciones con capacidad para 2000 personas. El costo, en ese momento, ascendía a 7 millones de pesos: la cifra iba a ser aportada por la Nación, pero no hay novedades sobre el particular. Igualmente se manejó la idea del complejo deportivo.
En suma, estamos ante un caso bastante similar al que nos ocupó días atrás, de la Primera Confitería: el impresionante deterioro, para conjurar el cual el Estado no ha movido un dedo, y la existencia de una pregunta final acerca del destino que habrá de darse a una propiedad pública.
Pensamos que la ciudad no debe perder un inmueble de esas características. Corresponde recuperarlo y otorgarle alguna de las múltiples posibilidades de servir a las actividades colectivas que puede tener. No es posible que a cada rato aparezcan envueltas en el abandono construcciones que significaron, en su tiempo, una inversión considerable de fondos que, en última instancia, la ciudadanía aportó a través de los impuestos. Según los antecedentes oficiales, erigir ese local y equiparlo con sus maquinarias ya desaparecidas, representó casi 22 millones de los fuertes pesos de 1951: sería interesante estimar el monto que esa cifra representa, en la moneda actual.
Emplazado sobre una avenida altamente representativa, eje de una zona donde se encuentran edificios tan importantes como la vieja y la novísima Legislatura, el Colegio Nacional, el teatro San Martín, el Casino, el Arzobispado y varios otros, la ex Central Eléctrica debe sortear su condición actual de objeto de desguace por parte de los inescrupulosos, al margen de toda vigilancia del Estado.
Se hace urgente implementar un proyecto viable para utilizar una estructura tan importante con finalidades de beneficio común. Pensamos, por ejemplo, que podría implementarse un "concurso de ideas" con ese propósito, similar al que se dispuso para el ex local de Rentas de la Provincia ( y de cuyo resultado nada se sabe aún). Lo que se requiere es la voluntad política para marchar rumbo al propósito, ya que la financiación siempre podría obtenerse. Más, si existe una promesa de fondos nacionales, como lo indica la información oficial: son fondos cuya llegada debiera gestionarse con más énfasis.







