La proyección de Juan Manzur como candidato a vicegobernador está envuelta, desde su propio lanzamiento, en la incertidumbre. Son pocos los que la rechazan abiertamente en Casa de Gobierno, pero varios son los que piden una presencia constante en la provincia como segundo de José Alperovich para impulsar la campaña.
De allí el origen de las visitas cada vez más frecuentes del ministro de Salud de la Nación, quien carece de un equipo político propio con base estable en Tucumán, aunque cuenta con abogados para seguir de cerca la causa en la Justicia Federal por presunto enriquecimiento ilícito por su declaración jurada patrimonial oficial. Mandar a control remoto es complicado y con resultados reservados, que sólo se pueden evaluar luego de producidos los hechos.
El nombre del ausente surgió en boca del gobernador el año pasado, cuando arreciaban las versiones de una fórmula Alperovich-Alperovich (con Beatriz Rojkés en el segundo término), y como una forma de cerrarle camino a esta alternativa y para calmar las siempre agitadas aguas del peronismo que clamaba por espacios institucionales de peso, para lo cual había varios inscriptos en la lista de posibles suplentes del mandatario.
Sus viajes sirven para acallar a los más distantes, pero no en forma total. Así como el mandatario le recomendó hace tiempo a la oposición ensuciarse los zapatos con el barro de las calles, algunos le piden a Manzur que se ensucie las manos con el barro de la interna. Los reacios a su nombre alegan que no se puede estar con una pata en cada lado y que mientras ellos (y principalmente Alperovich) corren con todo el costo de la campaña diaria, el licenciado presidente natural de la Legislatura viene, toca y se va, sin complicarse ni negociar con los aspirantes a los diversos cargos.
En los cuestionamientos, aparece implícita la famosa frase de Julio César, cuando le resumió al Senado romano en apenas tres palabras su triunfo sobre el rey de Ponto en la batalla de Zela: "veni, vidi, vici", que significan "llegué, ví, vencí". Pues bien, llevarse los beneficios de la victoria en las urnas provinciales sin asumir su costo está mal visto en varios despachos oficiales y peor todavía en los corrillos del Partido Justicialista.
Ni el vicegobernador es el cónsul de Roma, ni el PJ es el senado patricio y conservador. Ambos forman parte del aparato del poder que ejerce Alperovich y en ese contexto son herramientas de uso múltiple tras el objetivo de conseguir la reelección. Lo mismo ocurre con la multiplicidad de acoples (peronistas, neoperonistas, independientes y de amigos o socios políticos) a los cuales se bendecirá desde el despacho del mandatario. Su advertencia de la semana pasada que habrá una selección sobre a quiénes incluirá en la misma boleta es más una señal que una amenaza.
De ese modo les hizo saber que no será automático el aval, y que sólo los eternamente fieles podrán aspirar a conseguir una foto con él (actualizada y sin bigote, otra herramienta electoral). Para los otros les queda la resignación de compartir nombres en la misma papeleta, pero sin sonrientes afiches.
Plan A
Si Manzur fue el Plan B de Alperovich para sacarse de encima a los molestos o a los quejosos y para descomprimir presiones hasta intrafamiliares, tiene que haber un Plan A. Visitantes frecuentes del despacho gubernamental deslizan que el realmente bendecido para la vicegobernación es el senador nacional Sergio Mansilla.
Su nombre se elevaría hasta la postulación tras una sucesión de situaciones, en las cuales la determinante sería una suerte de imposibilidad de que Manzur deje sus obligaciones y compromisos con la Presidenta, quizás hasta con pedido oficial incluido. Sin embargo, nada de ello queda todavía claro; hasta que no se concrete el cambio, nadie se da oficialmente por enterado.
La elección de Mansilla tendría un abanico de significados. El primero es el reconocimiento implícito de Alperovich a la lealtad del ex arquero de Jorge Newbery, y su incondicional acompañamiento en cuanta recorrida se realiza.
El segundo es una demostración de la independencia del gobernador respecto del kirchnerismo, ya que Mansilla fue duramente cuestionado por su negativa a aprobar a la ley de matrimonio igualitario (aunque minimizó las críticas al estar ausente en la sesión cuando se la votó favorablemente).
Si se consagra tanto en los papeles como en las urnas la fórmula Alperovich-Mansilla, habrá una mutación en el Senado de la Nación. Al ex intendente de Aguilares le restan todavía cuatro años y medio de gestión en la Cámara Alta (fue electo para el período 2009-2015), y deberá renunciar al resto de su mandato. Su primer reemplazante es el propio gobernador, quien -a su vez- también dimitirá a la banca nacional para seguir al frente de la Provincia.
La segunda suplente en la lista más votada hace dos años es la ministra de Desarrollo Social, Beatriz Mirkin, que recibiría el escaño como un reconocimiento especial. Mirkin ya está siendo mencionada para integrar la nómina de diputados nacionales del oficialismo, ocupando el cupo femenino detrás de Alfredo Carlos Dato. En cualquiera de las dos hipótesis, quedará vacante un Ministerio clave para la construcción del alperovichismo desde la implementación de las políticas sociales.
De allí el origen de las visitas cada vez más frecuentes del ministro de Salud de la Nación, quien carece de un equipo político propio con base estable en Tucumán, aunque cuenta con abogados para seguir de cerca la causa en la Justicia Federal por presunto enriquecimiento ilícito por su declaración jurada patrimonial oficial. Mandar a control remoto es complicado y con resultados reservados, que sólo se pueden evaluar luego de producidos los hechos.
El nombre del ausente surgió en boca del gobernador el año pasado, cuando arreciaban las versiones de una fórmula Alperovich-Alperovich (con Beatriz Rojkés en el segundo término), y como una forma de cerrarle camino a esta alternativa y para calmar las siempre agitadas aguas del peronismo que clamaba por espacios institucionales de peso, para lo cual había varios inscriptos en la lista de posibles suplentes del mandatario.
Sus viajes sirven para acallar a los más distantes, pero no en forma total. Así como el mandatario le recomendó hace tiempo a la oposición ensuciarse los zapatos con el barro de las calles, algunos le piden a Manzur que se ensucie las manos con el barro de la interna. Los reacios a su nombre alegan que no se puede estar con una pata en cada lado y que mientras ellos (y principalmente Alperovich) corren con todo el costo de la campaña diaria, el licenciado presidente natural de la Legislatura viene, toca y se va, sin complicarse ni negociar con los aspirantes a los diversos cargos.
En los cuestionamientos, aparece implícita la famosa frase de Julio César, cuando le resumió al Senado romano en apenas tres palabras su triunfo sobre el rey de Ponto en la batalla de Zela: "veni, vidi, vici", que significan "llegué, ví, vencí". Pues bien, llevarse los beneficios de la victoria en las urnas provinciales sin asumir su costo está mal visto en varios despachos oficiales y peor todavía en los corrillos del Partido Justicialista.
Ni el vicegobernador es el cónsul de Roma, ni el PJ es el senado patricio y conservador. Ambos forman parte del aparato del poder que ejerce Alperovich y en ese contexto son herramientas de uso múltiple tras el objetivo de conseguir la reelección. Lo mismo ocurre con la multiplicidad de acoples (peronistas, neoperonistas, independientes y de amigos o socios políticos) a los cuales se bendecirá desde el despacho del mandatario. Su advertencia de la semana pasada que habrá una selección sobre a quiénes incluirá en la misma boleta es más una señal que una amenaza.
De ese modo les hizo saber que no será automático el aval, y que sólo los eternamente fieles podrán aspirar a conseguir una foto con él (actualizada y sin bigote, otra herramienta electoral). Para los otros les queda la resignación de compartir nombres en la misma papeleta, pero sin sonrientes afiches.
Plan A
Si Manzur fue el Plan B de Alperovich para sacarse de encima a los molestos o a los quejosos y para descomprimir presiones hasta intrafamiliares, tiene que haber un Plan A. Visitantes frecuentes del despacho gubernamental deslizan que el realmente bendecido para la vicegobernación es el senador nacional Sergio Mansilla.
Su nombre se elevaría hasta la postulación tras una sucesión de situaciones, en las cuales la determinante sería una suerte de imposibilidad de que Manzur deje sus obligaciones y compromisos con la Presidenta, quizás hasta con pedido oficial incluido. Sin embargo, nada de ello queda todavía claro; hasta que no se concrete el cambio, nadie se da oficialmente por enterado.
La elección de Mansilla tendría un abanico de significados. El primero es el reconocimiento implícito de Alperovich a la lealtad del ex arquero de Jorge Newbery, y su incondicional acompañamiento en cuanta recorrida se realiza.
El segundo es una demostración de la independencia del gobernador respecto del kirchnerismo, ya que Mansilla fue duramente cuestionado por su negativa a aprobar a la ley de matrimonio igualitario (aunque minimizó las críticas al estar ausente en la sesión cuando se la votó favorablemente).
Si se consagra tanto en los papeles como en las urnas la fórmula Alperovich-Mansilla, habrá una mutación en el Senado de la Nación. Al ex intendente de Aguilares le restan todavía cuatro años y medio de gestión en la Cámara Alta (fue electo para el período 2009-2015), y deberá renunciar al resto de su mandato. Su primer reemplazante es el propio gobernador, quien -a su vez- también dimitirá a la banca nacional para seguir al frente de la Provincia.
La segunda suplente en la lista más votada hace dos años es la ministra de Desarrollo Social, Beatriz Mirkin, que recibiría el escaño como un reconocimiento especial. Mirkin ya está siendo mencionada para integrar la nómina de diputados nacionales del oficialismo, ocupando el cupo femenino detrás de Alfredo Carlos Dato. En cualquiera de las dos hipótesis, quedará vacante un Ministerio clave para la construcción del alperovichismo desde la implementación de las políticas sociales.







