La semana que pasó fue generosa en noticias vinculadas con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, un funcionario de segunda línea del Gobierno nacional, pero con rango aparente de "Gran visir", o de figura que controla personalmente los asuntos cruciales para el Poder Ejecutivo, en particular los precios. Moreno parece haber cobrado bríos especiales en los últimos tiempos, y su accionar se centró especialmente en medidas para contrarrestar la marcha inflacionaria en sectores como los combustibles, la siderurgia, la televisión por cable... y el azúcar.
Moreno dio a conocer el miércoles dos resoluciones que congelaban los precios de los combustibles líquidos al 28 de enero y de los productos siderúrgicos al 21 de enero, en implícita alusión a Shell y a Siderar, que habían aplicado aumentos en los últimos días. También el Gobierno llamó a no acatar la suba de precios que impulsó Cablevisión, empresa ligada al grupo Clarín, hoy por hoy el principal enemigo que el kirchnerismo tiene identificado.
Son tiempos difíciles para subir precios, variable que el sector azucarero no ha logrado controlar del todo desde el año pasado. En 2010, en diversas oportunidades Moreno les advirtió a los dueños de los principales ingenios del país que se debía regular la oferta de azúcar para evitar problemas. Las advertencias no eran amigables, ya que venían acompañadas de amenazas de restringir la exportación del producto -cosa que finalmente cumplió-, y de frenar definitivamente la venta externa, o de propiciar el ingreso de azúcar de Brasil. En diciembre, acuciados por la "Espada de Damocles" que blandía sobre sus cabezas, los líderes de la actividad asumieron al menos dos compromisos ante Moreno: el primero fue que se iba a garantizar a rajatabla que el hasta ese momento escaso azúcar fraccionado iba a aparecer, como sea; el segundo, que la mesa de seguimiento de las exportaciones de azúcar iba a informar mes a mes, a través de auditorías internas en el sector, sobre los ingenios que cumplen con las pautas exportadora y de abastecimiento del azúcar fraccionado barato, que demanda con insistencia el funcionario nacional. En otras palabras, los ingenios grandes resolvieron poner "blanco sobre negro" respecto de una situación que los inquieta desde hace tiempo, como ser el hecho de que en Tucumán hay fábricas y cañeros que juegan su propio juego comercial, sin sacrificarse cuando hay que vender a pérdida en favor del conjunto, en el mercado externo o para satisfacer las exigencias de Moreno. Fue así como en el primer mes evaluado surgió que cumplieron con la cuota para fraccionado los ingenios La Providencia, La Fronterita, Bella Vista, Marapa, Aguilares, Ñuñorco, Santa Bárbara, La Florida, Cruz Alta y Leales. No integraban la nómina "virtuosa" los ingenios La Corona, Santa Rosa, La Trinidad y San Juan, cuyas autoridades desde hace bastante tiempo no mantienen ningún tipo de relación con el resto de los industriales del sector, y que no se allanan a las decisiones de la mesa azucarera nacional. Curiosamente, también integraba la lista de "incumplidores" el ingenio Concepción, el más grande e importante de la provincia, de propiedad del grupo Atanor (además es dueño del Marapa). Rápidamente, desde esta empresa y desde el CART se aclaró que el Concepción no pudo abastecer el fraccionado por problemas operativos -falta de stock, según se supo-, y se destacó que la firma Tabacal, de Salta, se erigió en garante de las entregas de fraccionado de la planta tucumana. El resultado del informe que los popes de la actividad azucarera nacional elevaron a Moreno no se hizo esperar, ya que el funcionario conminó a grandes empresas que consumen azúcar -fábricas de golosinas, embotelladoras, supermercados, etcétera-, que no le compren "ni un grano" del producto a los ingenios que operan fuera del sistema establecido.
En realidad, la pelea entre el CART y los "cuatro ingenios" no es nueva, ni se remonta a los episodios del año pasado. Cumplir con la "cuota Moreno" implicaba vender azúcar a menos de la mitad del precio de mercado, medida que afectaba a los ingenios y a sus cañeros proveedores, muchos de los cuales preferían no cederle parte de sus ganancias al Estado nacional, y entregar su caña a las fábricas que operan por fuera del sistema. Así, varios ingenios "cumplidores" sintieron que eran víctimas de una competencia desleal, y por eso decidieron aplicar "bisturí" a fondo, y entregar a los rebeldes a Moreno.
Como era de esperarse, las reacciones en los ingenios expuestos al castigo del secretario de Comercio Interior fueron de preocupación y de malestar con sus pares del CART, porque ahora afrontan un futuro muy incierto, tanto que se encendió una luz de alarma entre los trabajadores de estas plantas, que se imaginan que si sus patrones se quedan sin mercados para vender su azúcar habrá suspensiones o despidos, en el peor de los casos. El precio del azúcar en el mercado interno es excelente, y los valores externos se acercan a sus máximos niveles en 30 años, por problemas en Australia y en la India. Y todo parece indicar que en Tucumán se podrían obtener 1,5 millón de toneladas del producto este año, si no se producen heladas de consideración. O sea, se vislumbra que otra vez será un gran negocio el azúcar, siempre y cuando Moreno saque al principal sector productivo de Tucumán y del NOA de su lista negra.
Moreno dio a conocer el miércoles dos resoluciones que congelaban los precios de los combustibles líquidos al 28 de enero y de los productos siderúrgicos al 21 de enero, en implícita alusión a Shell y a Siderar, que habían aplicado aumentos en los últimos días. También el Gobierno llamó a no acatar la suba de precios que impulsó Cablevisión, empresa ligada al grupo Clarín, hoy por hoy el principal enemigo que el kirchnerismo tiene identificado.
Son tiempos difíciles para subir precios, variable que el sector azucarero no ha logrado controlar del todo desde el año pasado. En 2010, en diversas oportunidades Moreno les advirtió a los dueños de los principales ingenios del país que se debía regular la oferta de azúcar para evitar problemas. Las advertencias no eran amigables, ya que venían acompañadas de amenazas de restringir la exportación del producto -cosa que finalmente cumplió-, y de frenar definitivamente la venta externa, o de propiciar el ingreso de azúcar de Brasil. En diciembre, acuciados por la "Espada de Damocles" que blandía sobre sus cabezas, los líderes de la actividad asumieron al menos dos compromisos ante Moreno: el primero fue que se iba a garantizar a rajatabla que el hasta ese momento escaso azúcar fraccionado iba a aparecer, como sea; el segundo, que la mesa de seguimiento de las exportaciones de azúcar iba a informar mes a mes, a través de auditorías internas en el sector, sobre los ingenios que cumplen con las pautas exportadora y de abastecimiento del azúcar fraccionado barato, que demanda con insistencia el funcionario nacional. En otras palabras, los ingenios grandes resolvieron poner "blanco sobre negro" respecto de una situación que los inquieta desde hace tiempo, como ser el hecho de que en Tucumán hay fábricas y cañeros que juegan su propio juego comercial, sin sacrificarse cuando hay que vender a pérdida en favor del conjunto, en el mercado externo o para satisfacer las exigencias de Moreno. Fue así como en el primer mes evaluado surgió que cumplieron con la cuota para fraccionado los ingenios La Providencia, La Fronterita, Bella Vista, Marapa, Aguilares, Ñuñorco, Santa Bárbara, La Florida, Cruz Alta y Leales. No integraban la nómina "virtuosa" los ingenios La Corona, Santa Rosa, La Trinidad y San Juan, cuyas autoridades desde hace bastante tiempo no mantienen ningún tipo de relación con el resto de los industriales del sector, y que no se allanan a las decisiones de la mesa azucarera nacional. Curiosamente, también integraba la lista de "incumplidores" el ingenio Concepción, el más grande e importante de la provincia, de propiedad del grupo Atanor (además es dueño del Marapa). Rápidamente, desde esta empresa y desde el CART se aclaró que el Concepción no pudo abastecer el fraccionado por problemas operativos -falta de stock, según se supo-, y se destacó que la firma Tabacal, de Salta, se erigió en garante de las entregas de fraccionado de la planta tucumana. El resultado del informe que los popes de la actividad azucarera nacional elevaron a Moreno no se hizo esperar, ya que el funcionario conminó a grandes empresas que consumen azúcar -fábricas de golosinas, embotelladoras, supermercados, etcétera-, que no le compren "ni un grano" del producto a los ingenios que operan fuera del sistema establecido.
En realidad, la pelea entre el CART y los "cuatro ingenios" no es nueva, ni se remonta a los episodios del año pasado. Cumplir con la "cuota Moreno" implicaba vender azúcar a menos de la mitad del precio de mercado, medida que afectaba a los ingenios y a sus cañeros proveedores, muchos de los cuales preferían no cederle parte de sus ganancias al Estado nacional, y entregar su caña a las fábricas que operan por fuera del sistema. Así, varios ingenios "cumplidores" sintieron que eran víctimas de una competencia desleal, y por eso decidieron aplicar "bisturí" a fondo, y entregar a los rebeldes a Moreno.
Como era de esperarse, las reacciones en los ingenios expuestos al castigo del secretario de Comercio Interior fueron de preocupación y de malestar con sus pares del CART, porque ahora afrontan un futuro muy incierto, tanto que se encendió una luz de alarma entre los trabajadores de estas plantas, que se imaginan que si sus patrones se quedan sin mercados para vender su azúcar habrá suspensiones o despidos, en el peor de los casos. El precio del azúcar en el mercado interno es excelente, y los valores externos se acercan a sus máximos niveles en 30 años, por problemas en Australia y en la India. Y todo parece indicar que en Tucumán se podrían obtener 1,5 millón de toneladas del producto este año, si no se producen heladas de consideración. O sea, se vislumbra que otra vez será un gran negocio el azúcar, siempre y cuando Moreno saque al principal sector productivo de Tucumán y del NOA de su lista negra.







