02 Febrero 2011 Seguir en 
Antes de su discurso difundido por televisión, todo el mundo se preguntaba dónde estaba Mubarak el día en que cientos de miles de personas expresaban rechazo hacia su persona en las calles. ¿Por qué permitía que en las panaderías escaseara el pan y que las empresas ya no pudieran pagar sueldos, cuando supuestamente ama tanto a Egipto? Mubarak, el otrora poderoso presidente, recuerda en estos días al emperador Nerón que primero destruyó la ciudad de Roma y después lamentaba su destino en tristes versos. Mientras todo Egipto espera el fin de la era Mubarak, entre bastidores ya se está tejiendo la época posterior a su esperada dimisión. Sólo que cada cual fragua un futuro distinto. Los críticos sólo coinciden en que el presidente y su régimen tienen que desaparecer. Pero en cuanto se plantea la cuestión de quién asumirá las riendas de un gobierno de transición, emergen las divergencias entre los líderes del movimiento opositor. Uno quiere convertir Egipto en una democracia moderna al estilo europeo. Otros desean un Estado de bienestar con un toque socialista. Los Hermanos Musulmanes aspiran a crear un Estado islámico. La embajada de Estados Unidos retira a una parte de sus diplomáticos. El Baradei se encuentra en su jardín y ofrece una entrevista televisada detrás de otra. Mucho depende de qué postura adopte el Ejército. "Los soldados de bajo rango se solidarizan con los manifestantes, pero la cúpula militar todavía está a la espera. Creo que observará aún unos días este pulso por el poder y decidirá después a quién respaldará", dice el ex oficial del Ejército Mohammed Abdul Asis.







