Los peligros en la circulación de motos

02 Febrero 2011
El trágico accidente protagonizado el lunes último por dos motociclistas -con la muerte de ambos- es ampliamente revelador de los riesgos que acechan a quienes se desplazan en esos veloces vehículos. Como lo informamos, de acuerdo a los informes de la Policía, de las 11 muertes registradas en los percances de tránsito acaecidos en enero, nada menos que 10 correspondieron a motociclistas.

En numerosas oportunidades, desde estas columnas nos hemos referido a los peligros que entraña guiar una motocicleta. Se trata de un vehículo extraordinariamente difundido estos últimos años, en todos los sectores de la población: no porque sea especialmente barato, sino por la posibilidad de su adquisición a crédito y en cuotas accesibles. Por esta razón, cada vez hay mayor cantidad de motociclistas en las calles y en las carreteras de toda la provincia.

Y, lamentablemente, según lo muestran las estadísticas, esa población de conductores, que crece de modo exponencial, no se caracteriza precisamente por la prudencia ni por el acatamiento de las reglamentaciones. Esto es grave, cuando se considera el obvio hecho de que, tratándose de una máquina de dos ruedas, su estabilidad es por demás frágil.

De acuerdo a la ley, todo conductor debe circular con el casco puesto, disposición más que justificada si se tiene en cuenta que de los golpes en la cabeza deriva la mayor cantidad de muertes en accidentes. Pero, después de unas semanas de exigencia severa hace ya bastante tiempo, la energía municipal para exigir el casco amainó hasta prácticamente desaparecer.

Hoy, raro es el conductor que porta esa protección: cuando tiene el casco, lo lleva colgado del manubrio. Y ni qué decir que la norma sobre los tripulantes permitidos es letra muerta. A cada rato se ven conductores que llevan hasta tres niños pequeños aferrados como pueden sobre la máquina.

Como si todo esto fuera poco, es conocido que el motociclista se considera, a sí mismo, como alguien para quien no rigen las normas elementales del tránsito. Circula a gran velocidad en peligrosos zigzags; se introduce en medio de los automotores por cualquier resquicio y sin que los choferes lo adviertan; ignora olímpicamente las luces del semáforo y hasta la mano de las calles cuando se le antoja; y en muchos casos va distraído, porque tiene calzados los auriculares para escuchar música. Y corona todo esto con la utilización de las veredas y las peatonales para estacionar a su arbitrio.

Según el director de Tránsito -y esto agrega al asunto una nota más que inquietante- alarma la frecuencia con que se desplazan alcoholizados. Tal estado es la causa, dice el funcionario, de un 80 por ciento de los secuestros de motocicletas.

Lo peor es que este panorama de signo terrorífico se despliega sin control alguno por parte de la autoridad. Los municipales y los policías miran al costado cuando el motociclista infractor pasa raudamente, poniendo en peligro cierto su propia vida y la de terceros. Y en el interior de la provincia, la cuestión es acaso más grave.

Nos parece que es hora de iniciar una vasta tarea de concientización sobre esto que agrega, a los serios problemas del tránsito, un elemento más de riesgo y de perturbación. Sin duda puede esperarse que el sistema de "scoring" represente un aporte para mejorar el cuadro. Pero la tarea de corrección debe basarse en un trabajo ampliamente abarcativo, que comprometa a todos los sectores involucrados: desde los vendedores de motos hasta las autoridades, pasando por las escuelas. En estas, serían más que oportunas clases especiales, que pongan en guardia a los menores sobre lo que significa utilizar una motocicleta sin los recaudos elementales de seguridad.

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