31 Diciembre 2010 Seguir en 
El 1 de enero de 2003, Luiz Inacio Lula da Silva se convirtió en el primer obrero en llegar a la Presidencia de Brasil, y asumió el gobierno rodeado de esperanzas y también del escepticismo de muchos. Ocho años más tarde, avalado por un índice de aprobación popular del 87% -el más elevado de la historia brasileña-, Lula entrega a su delfín y sucesora, Dilma Rousseff, un país económicamente más poderoso, políticamente más influyente y con grandes progresos en la lucha por la erradicación de la miseria. La combinación de programas de asistencia directa a los pobres, como el Beca Familia, con políticas de significativos aumentos reales para el salario mínimo y ampliación del acceso al crédito hicieron desplomarse el número de pobres en el país, donde 29 millones de personas de las clases D y E se incorporaron a la clase C y al mercado consumidor. Con ello, la clase media -personas que reciben entre U$S 660 y U$S 2.855 por mes- pasó a representar en 2009 el 51% de la población. La política para el salario mínimo, la creación de más empleos y puestos de trabajo formales (más de 14 millones en ocho años) hizo mejorar la distribución de la renta y llevó a una reducción inédita de la pobreza.
Los avances en el campo social constituyen el principal logro de la "era Lula", asentada en la política económica puesta en marcha por su antecesor, Fernando Cardoso, dirigida a asegurar la estabilidad monetaria. Con ello, logró pagar toda la deuda del país con el FMI y acumular reservas por cerca de U$S 240.000 millones.
La estabilidad interna atrajo importantes inversiones el crecimiento económico promedio fue del 4,1% anual, pese al freno de la crisis internacional de 2008.
Dilma recibirá un país con 14 millones de analfabetos y 30 millones de brasileños que sobreviven con menos de U$S 82 dólares por mes. Erradicar la pobreza y la desigualdad social serán parte de los retos, como lo fue para Lula.
Los avances en el campo social constituyen el principal logro de la "era Lula", asentada en la política económica puesta en marcha por su antecesor, Fernando Cardoso, dirigida a asegurar la estabilidad monetaria. Con ello, logró pagar toda la deuda del país con el FMI y acumular reservas por cerca de U$S 240.000 millones.
La estabilidad interna atrajo importantes inversiones el crecimiento económico promedio fue del 4,1% anual, pese al freno de la crisis internacional de 2008.
Dilma recibirá un país con 14 millones de analfabetos y 30 millones de brasileños que sobreviven con menos de U$S 82 dólares por mes. Erradicar la pobreza y la desigualdad social serán parte de los retos, como lo fue para Lula.







