12 Diciembre 2010 Seguir en 
Fue un recital de autoayuda. Mónica Posse engarzó sus canciones, las de siempre y las más nuevas, con comentarios, reflexiones y enseñanzas de vida. Todo cruzado por el amor como hilo conductor, como sentimiento a resguardar y fortalecer para crecer como humanidad.
Ese es el objetivo manifiesto de la cantante durante los últimos años, y así lo explicó apenas subió al escenario. Porque entre una canción y otra Mónica habló, reflexionó y aportó -con toques de humor- consideraciones generales sobre problemas que son comunes para muchos.
Con media hora de retraso, y cuando las butacas de la platea del Teatro Alberdi y de los palcos bajos estaban llenas, Posse entró por el ingreso del público, mientras la música empezaba a sonar. Un haz de luz la siguió, mientras todos daban vuelta la cabeza para descubrir desde dónde estaba cantando "Susana no se acuerda", tema de su disco "¿Por qué tiene esa chica la cara tan seria" (1982).
La convocatoria fue menor a las anteriores, cuando la cantante estaba regresando a la música después de un silencio de 15 años, y lo hacía justamente en Tucumán. Pero de todos modos fueron muchos los que quisieron recordar viejos y buenos tiempos.
La platea se completó principalmente con mujeres que fueron llegando en grupos con cara de satisfacción por el reencuentro con sus amigas y la posibilidad de dejar de lado por un rato los problemas cotidianos. Pero también hubo muchas parejas y grupos de hombres que seguramente añoran los lentos de los 80, cuando la voz de Mónica acompañaba los primeros arrumacos adolescentes.
Ahora esas imágenes del pasado tienen el agregado de un intento por ahorrar dolor y sufrimiento en base a la experiencia propia. Por eso, después de cantar "¿Qué te parece?", se refirió al origen del problema de la autoestima baja de muchas personas, del sentimiento de vergüenza, que ella ubicó en la infancia. Pidió dar más amor a los niños, y explicó que después de mucho psicoanálisis y búsqueda interior, logró sanar a la niña herida que lleva adentro y le escribió a su padre una canción.
Guiños de mujer
La platea femenina disfrutó también sus comentarios sobre separaciones, abandonos y momentos difíciles de la pareja, que ella tomó con humor antes de cantar el clásico "Otra vez cambio de casa".
Y todos cantaron con ella, estableciendo esa conexión que tanto le interesa, "El jardín prohibido", otro de esos hits ochentosos que se refieren a la infidelidad y al arrepentimiento posterior.
También pasó "Luna nueva" (de cuando se enamoraba de hombres más jóvenes que ella, contó, y las chicas gritaron alocadas desde sus asientos).
Conexión exterior
Durante el recital, que se extendió por alrededor de dos horas, Mónica anunció que no vivirá más en la Argentina (se lo había anticipado a LA GACETA el día anterior), en una decisión que calificó de valiente. "Voy a andar por el mundo buscando lo sagrado, reconociéndome en cada lugar", dijo.
Entre sus canciones más emblemáticas estuvieron en la lista "Pisadas en la arena" y "Reina madre". Fueron estas las que más entusiasmaron al público, que bailó con los brazos en alto, formando olas entre los asientos.
Con emoción y nostalgia, y tal vez con alguna nueva idea dando vueltas en cada cabeza, el teatro fue vaciándose mientras muchos se acercaron a saludar, sacarse fotos y charlar con la cantante.
Ese es el objetivo manifiesto de la cantante durante los últimos años, y así lo explicó apenas subió al escenario. Porque entre una canción y otra Mónica habló, reflexionó y aportó -con toques de humor- consideraciones generales sobre problemas que son comunes para muchos.
Con media hora de retraso, y cuando las butacas de la platea del Teatro Alberdi y de los palcos bajos estaban llenas, Posse entró por el ingreso del público, mientras la música empezaba a sonar. Un haz de luz la siguió, mientras todos daban vuelta la cabeza para descubrir desde dónde estaba cantando "Susana no se acuerda", tema de su disco "¿Por qué tiene esa chica la cara tan seria" (1982).
La convocatoria fue menor a las anteriores, cuando la cantante estaba regresando a la música después de un silencio de 15 años, y lo hacía justamente en Tucumán. Pero de todos modos fueron muchos los que quisieron recordar viejos y buenos tiempos.
La platea se completó principalmente con mujeres que fueron llegando en grupos con cara de satisfacción por el reencuentro con sus amigas y la posibilidad de dejar de lado por un rato los problemas cotidianos. Pero también hubo muchas parejas y grupos de hombres que seguramente añoran los lentos de los 80, cuando la voz de Mónica acompañaba los primeros arrumacos adolescentes.
Ahora esas imágenes del pasado tienen el agregado de un intento por ahorrar dolor y sufrimiento en base a la experiencia propia. Por eso, después de cantar "¿Qué te parece?", se refirió al origen del problema de la autoestima baja de muchas personas, del sentimiento de vergüenza, que ella ubicó en la infancia. Pidió dar más amor a los niños, y explicó que después de mucho psicoanálisis y búsqueda interior, logró sanar a la niña herida que lleva adentro y le escribió a su padre una canción.
Guiños de mujer
La platea femenina disfrutó también sus comentarios sobre separaciones, abandonos y momentos difíciles de la pareja, que ella tomó con humor antes de cantar el clásico "Otra vez cambio de casa".
Y todos cantaron con ella, estableciendo esa conexión que tanto le interesa, "El jardín prohibido", otro de esos hits ochentosos que se refieren a la infidelidad y al arrepentimiento posterior.
También pasó "Luna nueva" (de cuando se enamoraba de hombres más jóvenes que ella, contó, y las chicas gritaron alocadas desde sus asientos).
Conexión exterior
Durante el recital, que se extendió por alrededor de dos horas, Mónica anunció que no vivirá más en la Argentina (se lo había anticipado a LA GACETA el día anterior), en una decisión que calificó de valiente. "Voy a andar por el mundo buscando lo sagrado, reconociéndome en cada lugar", dijo.
Entre sus canciones más emblemáticas estuvieron en la lista "Pisadas en la arena" y "Reina madre". Fueron estas las que más entusiasmaron al público, que bailó con los brazos en alto, formando olas entre los asientos.
Con emoción y nostalgia, y tal vez con alguna nueva idea dando vueltas en cada cabeza, el teatro fue vaciándose mientras muchos se acercaron a saludar, sacarse fotos y charlar con la cantante.







