"Sentí que hice con él lo que no pude hacer con mi propia hija"

La emotiva historia de un policía heroico.

UN HOMBRE VALIENTE, Y FELIZ. El agente Darío Rivadeneira, rodeado de sobrinos y vecinitos, se transformó por un día en el héroe de Delfín Gallo. LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ
UN HOMBRE VALIENTE, Y FELIZ. El agente Darío Rivadeneira, rodeado de sobrinos y vecinitos, se transformó por un día en el héroe de Delfín Gallo. LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ
08 Diciembre 2010
La sencilla casa de los Rivadeneira adquirió ayer una luz especial. De los ojos húmedos de mujeres y hombres brotaban lágrimas de orgullo, aunque ellos afirman que no están sorprendidos. Eduardo Darío Rivadeneira, de 35 años, el agente de la Policía que salvó a Nahuel Chávez al realizarle primeros auxilios luego que sufriera una descarga eléctrica, ejerció la vocación de ayudar a los demás, que ellos destacan.

"Cuando vi al chiquito así, sin vida, sólo atiné a tomarlo en mis brazos y correr", dijo el policía. Este es el diálogo que mantuvo con LA GACETA:

- ¿Cómo llegaste hasta allí?

- Estaba en la esquina realizando mi servicio de siempre en el barrio Los Fresnos. Escuché los gritos y corrí hasta allí. Una mujer lo tenía en sus brazos, y lo alcé, paré un remise y subimos.

- ¿Y Nahuel cómo estaba?

- No respiraba. Vi que la lengua se le iba hacia atrás, por lo que le abrí la boca y comencé a darle respiración boca a boca y maniobras de reanimación. Ya llegando a la ruta 9, a medio camino, sentí que volvía a respirar.

- No te desesperaste y actuaste pensando bien en lo que hacías...

- Siempre pensé lo que estaba haciendo. Cuando llegué al almacén la mujer que lo tenía en sus brazos estaba como paralizada. Reaccioné así, agarrándolo y, después, aplicando lo que me enseñaron de primeros auxilios cuando ingresé a la Policía.

- Pero no era fácil pensar en una situación tan compleja.

- No, para nada. Porque además la tía gritaba, y el remisero también repetía que ya íbamos a llegar. Pero yo solo lo miraba a él, y en un dos ocasiones se me representó la imagen de mi hija, que perdí hace unos meses, y pensaba que tenía que salvarlo a él. Cuando comenzó a respirar, ¡me puse de contento! No sabía que hacer de la alegría que tenía, y lloré.

- ¿Lloraste y estabas contento al mismo tiempo?

- Es que sentí que hice con él lo que no pude hacer con mi propia hija. ¡A él pude salvarlo!

- ¿Qué pasó con tu hija?

- Hubo problemas en el parto. Con mi señora estuvimos 10 años sin que ella pudiera quedar embarazada, y cuando se nos dio, nos pasó esto, hace nueve meses.

- ¿Y la viste a ella en la cara de Nahuel?

- Sí. Creo que en ese momento actué como padre, porque yo siempre digo que soy como un papá viudo. Pero sé que se me va a dar algún día.

- Sigamos con Nahuel. ¿Que pasó después que se recuperó?

- Llegamos al hospital de Lastenia y le expliqué al médico lo que había pasado. Ahí lo atendieron muy bien. El doctor me dijo que había actuado bien.

- ¿Tuviste que aplicar los ejercicios de reanimación anteriormente?

- Sí, esta es la tercera vez. Las otras dos veces fue cuando estaba en Alderetes. A un hombre lo habían golpeado y lo dejaron tirado, sin respirar. Le hice reanimación cardiopulmonar (RCP) y hasta que reaccionó. Y la otra vez fue en un accidente de autos.

- ¿Cómo le dijiste a tu familia?

- Llegué y le conté a Carlitos, que es mi cuñado y también es policía. Después, de a poco, se fueron enterando el resto. Yo estoy satisfecho como policía, aunque no siempre se hace lo que corresponde y no siempre somos valorados. En Lastenia, por ejemplo, se estiran como chicles y salen a prestar colaboración cada vez que hace falta.

- ¿Hace cuanto que sos policía?

- Desde hace cinco años. Yo amo mi trabajo, pero lo que hago ahora, en la calle. Le hallé la forma y lo hice mío. Es que cuando conoces a la gente, y la gente te respeta, es maravilloso. Y eso me pasa en el barrio donde estoy ahora. El remisero es un vecino, y colaboró. Eso es importante. A pesar de que muchas veces se pelea por los ascensos, a mí lo que más me importa es que nos tomen como personas. Eso es lo que deseo de que corazón.

- ¿Y esa vocación con la gente es lo que te llevó a actuar así con Nahuel?

- Esto no viene de ser policía. La Policía es la Policía y yo soy yo. Siempre me he esforzado y he trabajado para tener mis cosas o estar, no digo mejor, pero si al mismo nivel de todos.

- Se ve en la cara de tus padres que están orgullosos.

- Es que todo lo que hago lo he aprendido aquí, en casa. En la Policía me enseñaron a usar algunas cosas, pero lo principal, lo que me sirve en la calle, que son el valor, la confianza y la humildad, me lo enseñaron mis padres.

- ¿Pensaste que todo eso lo ibas a aplicar hoy?

- Cuando llegué a la mañana querían que traslade a un preso, pero yo no quería. Me fui a la calle, donde me gusta estar. Y ahí me paso esto. Si no estaba yo, capaz que él iba a morir.

- Dirán que sos un héroe.

No, soy un policía común. Hice lo que cualquier persona de bien haría.

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