Arriesgaron sus vidas para salvar a una familia
Dos integrantes del Cuerpo Especial de Rescate y Operaciones fueron premiados por el gobernador durante una emotiva ceremonia. En julio, los dos suboficiales se metieron al río Los Sosa para rescatar a una pareja y a su pequeña nieta, que habían caído con su vehículo. La importancia de la vocación.
27 Noviembre 2010 Seguir en 
La nieve había cubierto los valles ese día de julio. En el cerro Muñoz, varios policías del grupo CERO habían rescatado a dos montañistas que llevaban desaparecidos varias horas. Y el sargento Raúl Alberto Apaza y el cabo Juan Simón Avila debían buscar a sus compañeros en una camioneta para traerlos de regreso a la capital, luego del exitoso operativo.
A ellos les había tocado la parte que, a priori, parecía más sencilla. Pero, en el camino, tuvieron que lanzarse a las heladas aguas del río Los Sosa para rescatar a un matrimonio y a su nieta pequeña, que acababan de caer casi 12 metros por un barranco.
Ayer, por su valentía, Apaza y Avila recibieron un reconocimiento de manos del gobernador, José Alperovich, en el acto por los 189 años de la Policía. Ellos, más allá de los diplomas, aseguran que el mejor premio es haber entablado amistad con la familia que salvaron. "Cuando vi en el medio del río a esa niña en brazos de su abuelo, no pude hacer otra cosa que acordarme de mi hijita. ¿Cómo no me iba a tirar al agua, a pesar de que sabía que la correntada podía llevárselos?", le contó Apaza a LA GACETA.
- ¿Qué pasó ese día?
- Nosotros debíamos buscar a nuestros compañeros que estaban en el cerro. Cuando íbamos por la ruta 307 (a la altura del kilómetro 42), nos encontramos con ese accidente en el río Los Sosa. La camioneta estaba en el agua, de costado, en medio del cauce. Adentro estaba una mujer, y un hombre mayor estaba tratando de salvar a su nieta, de dos o tres años. (Avila)
- La señora estaba atrapada dentro del vehículo. Tenía un principio de hipotermia, porque el accidente había sido 20 minutos antes, más o menos. Y hacía muchísimo, pero muchísimo frío. Para colmo, ni mi compañero ni yo llevábamos elementos de rescate, porque no íbamos a un procedimiento, sino a recoger al equipo que estaba en cerro Muñoz. (Apaza)
- ¿Cómo era el lugar?
- Estaba todo cubierto de blanco. No sabíamos si el suelo era de laja o había un peñasco. Y esa familia estaba a unos 12 metros. La nieve hizo un colchón de unos 70 centímetros. Ellos, al no conocer que se formaba una pista de nieve, frenaron, hicieron un trompo y cayeron al precipicio. Y el señor estaba sobre una piedra; el agua le daba en la cintura y la tenía a la nena en los brazos... (Apaza)
- Una escena terrible...
- Totalmente. Y yo creía que era pampito... cuando me meto al agua me doy cuenta de que era profundo. Y eso que el cauce no estaba crecido por la época del año. (Apaza)
- ¿Y entonces qué hicieron?
- Nos tiramos los dos. Después, yo fui a buscar unas cuerdas de la carpa de la camioneta. Até la cuerda a una baranda de la camioneta y tiraba; él, desde abajo, hacía subir a la familia. (Avila)
- Todo debe haber sido muy rápido...
- Cuestión de segundos. (Avila)
- La señora, para colmo, estaba muy golpeada. Yo la hacía subir como podía, de espaldas, porque estaba muy resbaloso. Eso sí: no es justo que agarremos todo el mérito, porque una vez que los rescatamos otros vehículos también se quedaron a colaborar. (Apaza)
- ¿Ustedes hicieron esto porque tienen una preparación especial?
- Sí. Constantemente tenemos entrenamientos especiales en el Grupo CERO, que está a cargo del comisario José Díaz. Nos preparamos física y psíquicamente para estos casos. (Avila)
- ¿Qué pasa por la cabeza de un policía en un momento así?
- Y, prácticamente nos tiramos. Fue un impulso. Nos debíamos jugar, porque estaba la vida de una criatura en juego. (Avila)
- Es que no podemos detenernos a pensar en ciertas cosas cuando actuamos. A cualquier colega le podés preguntar lo mismo y te lo va a decir. Incluso, yo vi a la nena y me acordé de mi hija. Soy padre de nueve chicos, y la menor tiene su edad. Y, además, yo estoy para hacer eso, es mi vocación. Uno está para responderle a la sociedad. (Apaza)
- ¿Esto fue lo más arriesgado que les tocó enfrentar?
- Nooo. Tengo 20 años ya en la Policía, y mi compañero lleva casi 12. Estuvimos en varios allanamientos y operativos. Esta vez nos tocó este hermoso reconocimiento, pero nosotros estamos para esto. (Apaza)
- ¿Volvieron a encontrarse con esa familia?
- Sí, a mí me mandaron varios mensajes de agradecimiento. Y seguimos en contacto. Lo lindo es que quedó una amistad con ellos. Incluso, a la señora la fuimos a visitar al sanatorio después.
- Para todo profesional es importante la vocación. ¿Esto se nota aún más en su trabajo?
- Y, sí, esto viene con uno. (Avila)
- Claro; acá se nota más. Nosotros pasamos muchas horas en esta unidad, haciendo trabajos físicos y operativos, esperando que nos llamen para intervenir. Y cuando eso pasa, tenemos que estar listos para hacerlo. (Apaza)
A ellos les había tocado la parte que, a priori, parecía más sencilla. Pero, en el camino, tuvieron que lanzarse a las heladas aguas del río Los Sosa para rescatar a un matrimonio y a su nieta pequeña, que acababan de caer casi 12 metros por un barranco.
Ayer, por su valentía, Apaza y Avila recibieron un reconocimiento de manos del gobernador, José Alperovich, en el acto por los 189 años de la Policía. Ellos, más allá de los diplomas, aseguran que el mejor premio es haber entablado amistad con la familia que salvaron. "Cuando vi en el medio del río a esa niña en brazos de su abuelo, no pude hacer otra cosa que acordarme de mi hijita. ¿Cómo no me iba a tirar al agua, a pesar de que sabía que la correntada podía llevárselos?", le contó Apaza a LA GACETA.
- ¿Qué pasó ese día?
- Nosotros debíamos buscar a nuestros compañeros que estaban en el cerro. Cuando íbamos por la ruta 307 (a la altura del kilómetro 42), nos encontramos con ese accidente en el río Los Sosa. La camioneta estaba en el agua, de costado, en medio del cauce. Adentro estaba una mujer, y un hombre mayor estaba tratando de salvar a su nieta, de dos o tres años. (Avila)
- La señora estaba atrapada dentro del vehículo. Tenía un principio de hipotermia, porque el accidente había sido 20 minutos antes, más o menos. Y hacía muchísimo, pero muchísimo frío. Para colmo, ni mi compañero ni yo llevábamos elementos de rescate, porque no íbamos a un procedimiento, sino a recoger al equipo que estaba en cerro Muñoz. (Apaza)
- ¿Cómo era el lugar?
- Estaba todo cubierto de blanco. No sabíamos si el suelo era de laja o había un peñasco. Y esa familia estaba a unos 12 metros. La nieve hizo un colchón de unos 70 centímetros. Ellos, al no conocer que se formaba una pista de nieve, frenaron, hicieron un trompo y cayeron al precipicio. Y el señor estaba sobre una piedra; el agua le daba en la cintura y la tenía a la nena en los brazos... (Apaza)
- Una escena terrible...
- Totalmente. Y yo creía que era pampito... cuando me meto al agua me doy cuenta de que era profundo. Y eso que el cauce no estaba crecido por la época del año. (Apaza)
- ¿Y entonces qué hicieron?
- Nos tiramos los dos. Después, yo fui a buscar unas cuerdas de la carpa de la camioneta. Até la cuerda a una baranda de la camioneta y tiraba; él, desde abajo, hacía subir a la familia. (Avila)
- Todo debe haber sido muy rápido...
- Cuestión de segundos. (Avila)
- La señora, para colmo, estaba muy golpeada. Yo la hacía subir como podía, de espaldas, porque estaba muy resbaloso. Eso sí: no es justo que agarremos todo el mérito, porque una vez que los rescatamos otros vehículos también se quedaron a colaborar. (Apaza)
- ¿Ustedes hicieron esto porque tienen una preparación especial?
- Sí. Constantemente tenemos entrenamientos especiales en el Grupo CERO, que está a cargo del comisario José Díaz. Nos preparamos física y psíquicamente para estos casos. (Avila)
- ¿Qué pasa por la cabeza de un policía en un momento así?
- Y, prácticamente nos tiramos. Fue un impulso. Nos debíamos jugar, porque estaba la vida de una criatura en juego. (Avila)
- Es que no podemos detenernos a pensar en ciertas cosas cuando actuamos. A cualquier colega le podés preguntar lo mismo y te lo va a decir. Incluso, yo vi a la nena y me acordé de mi hija. Soy padre de nueve chicos, y la menor tiene su edad. Y, además, yo estoy para hacer eso, es mi vocación. Uno está para responderle a la sociedad. (Apaza)
- ¿Esto fue lo más arriesgado que les tocó enfrentar?
- Nooo. Tengo 20 años ya en la Policía, y mi compañero lleva casi 12. Estuvimos en varios allanamientos y operativos. Esta vez nos tocó este hermoso reconocimiento, pero nosotros estamos para esto. (Apaza)
- ¿Volvieron a encontrarse con esa familia?
- Sí, a mí me mandaron varios mensajes de agradecimiento. Y seguimos en contacto. Lo lindo es que quedó una amistad con ellos. Incluso, a la señora la fuimos a visitar al sanatorio después.
- Para todo profesional es importante la vocación. ¿Esto se nota aún más en su trabajo?
- Y, sí, esto viene con uno. (Avila)
- Claro; acá se nota más. Nosotros pasamos muchas horas en esta unidad, haciendo trabajos físicos y operativos, esperando que nos llamen para intervenir. Y cuando eso pasa, tenemos que estar listos para hacerlo. (Apaza)









