Un colectivero enfrentó a tres delincuentes

Los ladrones se hicieron pasar por pasajeros. El hombre resultó herido, pero los ladrones huyeron. Dos de ellos fueron atrapados poco después. Alarma por la inseguridad.

26 Noviembre 2010
Dejó a sus últimos pasajeros, giró en la autopista de circunvalación y retornó por avenida San Ramón. A las cuatro cuadras, tres jóvenes le hicieron señas y detuvo el colectivo: parecían unos pasajeros más. Cuando los muchachos sacaron un arma y develaron su verdadera intención, el chofer los enfrentó, se trenzó en una pelea con uno de los ladrones, y el colectivo chocó con un poste de luz. Más tarde, dos de los sospechosos fueron aprehendidos.

El miércoles a las 23, Guillermo Gauna conducía el interno 16 de la línea 3. En el colectivo no había ningún pasajero. Cuando el chofer se dirigía hacia El Colmenar, en avenida San Ramón al 600 los tres jóvenes subieron al ómnibus. El primero de ellos sacó el boleto y se dirigió hacia atrás. Los otros dos simularon sacar el dinero para abonar, pero uno de ellos extrajo un revólver y lo puso en la cintura del chofer.

Sentado en una silla que gentilmente los vecinos le acercaron, Gauna contó a LA GACETA el enfrentamiento con los delincuentes. "Me dijo que le entregara todo el dinero o me iba a matar. Empecé a forcejear con él hasta que zafé del asiento. Allí nos revolcamos en el piso y nos trenzamos en una lucha", contó el colectivero.

Mientras se desarrollaba la pelea, el colectivo continuó su marcha: chocó a una camioneta que estaba estacionada, rozó a otro colectivo de la línea 3 que venía en sentido contrario e impactó contra una columna de luz. "Se me venía encima y pude esquivarlo. Cuando chocó con el poste, dejé a los dos pasajeros que viajaban en ese momento y di la vuelta", comentó el chofer del segundo colectivo, José Adrián Acuña.

Una explosión

Los ladrones emprendieron la huida, llevándose dinero y cospeles, además del celular personal de Gauna. "Escuchamos un ruido como de explosión y salimos asustados afuera. El hombre estaba como mareado", dijo una vecina que vive a la altura donde quedó el colectivo. Los vecinos asistieron al chofer con un vaso de agua, una silla y le tomaron la presión. Durante una hora, la víctima observó cómo el lugar se llenó de gente, y la Policía realizaba las pericias. Cerca de la medianoche llegó la ambulancia, una hora después del suceso.

Los policías de la seccional 10ª, a cargo de los comisarios Luis Bacas, Ramón Quinteros y Heberto Cortez actuaron rápidamente. En el interior del colectivo había quedado la pistola calibre 22 largo que el chofer había conseguido quitar a los ladrones. Dos muchachos vestidos como había descripto Gauna caminaban por calle Estanislao del Campo al 2.900. Fueron alcanzados por los policías. Con ellos llevaban dinero, una bolsa con cospeles y el celular del colectivero. Por eso, fueron trasladados a la seccional, donde quedaron aprehendidos. Fueron identificados como "Didí", de 24 años, y "Dulce", de 13.

"Este sector de la avenida es un problema para nosotros, al igual que el puente que cruza el canal Norte. A los choferes nos asaltan y nos golpean. No se puede trabajar así", protestó Acuña. Además, recordó que la semana pasada a un compañero de la empresa le produjeron un corte profundo en la cabeza, al ser golpeado con la culata de un arma.

Los vecinos rodeaban indignados el colectivo que conducía Gauna. Alegaron ser víctimas todas las noches de los asaltos que sufren los colectivos. "A mí me pusieron un arma en la cabeza para sacarme la cartera, cuando iba en el colectivo", afirmó una mujer. Un hombre alegó que lo confundieron con un Policía, arriba de un interno. "Como uso pelo corto, creyeron que era un cana. Me apuntaron con el arma y me tiraron al piso. Esto no puede seguir", afirmó.

Inconvenientes

Según informaron, la línea 11 dejó de ingresar al barrio hace unos meses. "Sólo ingresa un ?chanchito?, a veces. Y ahora no nos sorprendería que deje de ingresar la línea 3", se quejaba un hombre.

De hecho, hace un año los colectivos llegaban hasta la avenida Presidente Perón, en El Colmenar. "Teníamos que caminar unas seis cuadras para poder conseguir algún medio de transporte", contaron.

Ninguno quiso dar su nombre, por temor a represalias de los delincuentes. "Por acá nos conocemos todos. Por unos poquitos que hacen estas cosas, ni los taxis quieren entrar de noche", explicaron.

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