23 Noviembre 2010 Seguir en 
Los familiares de Pamela Núñez despidieron ayer los restos de la joven en el cementerio de Famaillá. Y, mientras le decían adiós por última vez, seguían preguntándose quién fue el autor de los disparos que acabó con su vida. "Seguimos sin saber qué pasó", expresó dolida Fabiana Ruedas, hermana de la víctima.
El policía federal Fabio Antonio Abregú, único aprehendido en la causa, sigue internado en un sanatorio de la capital, recuperándose del disparo que sufrió en el hombro. Hoy, la fiscala de Monteros, Mónica Andrea García de Targa le tomaría declaración, si es que los médicos consideran que el paciente está en condiciones de hacerlo. "Eso es lo que le avisaron de la Justicia", explicó "Cacho" Abregú, tío del muchacho. Su otra sobrina, Cecilia Abregú, quien también resultó herida de un balazo también sigue internada, y evoluciona.
El confuso episodio se produjo el domingo, cuando los hermanos Abregú y Núñez iban en un Peugeot 405 por la ruta 304, que conduce al ingenio Fronterita.
Horas antes, habían concurrido a boliches de Monteros y de Lules, dijo Silvia Castro, una joven que había estado con el grupo. En distintos lugares, habían protagonizado discusiones y otros incidentes leves. Cerca de las 4.30, ella se separó de sus amigos y estos siguieron su camino. Los investigadores aún no lograron determinar dónde estuvieron los Abregú y Núñez hasta las 6.30, cuando el Peugeot fue hallado a un costado de la ruta 324.
Un automovilista se acercó al rodado y encontró a todos los jóvenes baleados. Pamela había recibido un disparo en la boca, y murió minutos después. Fabio tenía perforado el hombro derecho; a su hermana la habían baleado en el pecho. En la guardia del Hospital Padilla, alguien le dio una extraña versión de los hechos al oficial principal Gustavo Exequiel Morales, que elaboró el parte.
"Al llegar al camino Fronterita (sic), se produjo un tiroteo con arma de fuego con dos sujetos desconocidos que se movilizaban en una moto", indica el informe policial al que ayer tuvo acceso nuestro diario. Pero, según los investigadores, un testigo clave echó por tierra esa hipótesis que en principio sería la que esgrimiría el policía federal. Este testigo es conductor de un vehículo que se había quedado a un lado del camino y vio cuando el del agente se iba hacia la banquina derecha. El, según fuentes policiales, aseguró que ningún otro vehículo participó del incidente.
Debido a estas contradicciones y a que dentro del Peugeot se encontraron tres casquillos (habrían sido disparados con el arma de Abregú, una pistola calibre 9 mm provista por la repartición nacional), la fiscala ordenó su aprehensión.
Ayer, el prosecretario de la fiscalía, César Reynaldo Pacheco, estuvo en el sanatorio, donde el joven permanece custodiado. "Yo pude conversar algo con mi sobrino, pero no demasiado. Todavía no he podido intercambiar palabras con él ni con mi sobrina, pero sé que la verdad se va a saber. Pamela, para nosotros, también era parte de nuestra familia", dijo "Cacho" Abregú.
El policía federal Fabio Antonio Abregú, único aprehendido en la causa, sigue internado en un sanatorio de la capital, recuperándose del disparo que sufrió en el hombro. Hoy, la fiscala de Monteros, Mónica Andrea García de Targa le tomaría declaración, si es que los médicos consideran que el paciente está en condiciones de hacerlo. "Eso es lo que le avisaron de la Justicia", explicó "Cacho" Abregú, tío del muchacho. Su otra sobrina, Cecilia Abregú, quien también resultó herida de un balazo también sigue internada, y evoluciona.
El confuso episodio se produjo el domingo, cuando los hermanos Abregú y Núñez iban en un Peugeot 405 por la ruta 304, que conduce al ingenio Fronterita.
Horas antes, habían concurrido a boliches de Monteros y de Lules, dijo Silvia Castro, una joven que había estado con el grupo. En distintos lugares, habían protagonizado discusiones y otros incidentes leves. Cerca de las 4.30, ella se separó de sus amigos y estos siguieron su camino. Los investigadores aún no lograron determinar dónde estuvieron los Abregú y Núñez hasta las 6.30, cuando el Peugeot fue hallado a un costado de la ruta 324.
Un automovilista se acercó al rodado y encontró a todos los jóvenes baleados. Pamela había recibido un disparo en la boca, y murió minutos después. Fabio tenía perforado el hombro derecho; a su hermana la habían baleado en el pecho. En la guardia del Hospital Padilla, alguien le dio una extraña versión de los hechos al oficial principal Gustavo Exequiel Morales, que elaboró el parte.
"Al llegar al camino Fronterita (sic), se produjo un tiroteo con arma de fuego con dos sujetos desconocidos que se movilizaban en una moto", indica el informe policial al que ayer tuvo acceso nuestro diario. Pero, según los investigadores, un testigo clave echó por tierra esa hipótesis que en principio sería la que esgrimiría el policía federal. Este testigo es conductor de un vehículo que se había quedado a un lado del camino y vio cuando el del agente se iba hacia la banquina derecha. El, según fuentes policiales, aseguró que ningún otro vehículo participó del incidente.
Debido a estas contradicciones y a que dentro del Peugeot se encontraron tres casquillos (habrían sido disparados con el arma de Abregú, una pistola calibre 9 mm provista por la repartición nacional), la fiscala ordenó su aprehensión.
Ayer, el prosecretario de la fiscalía, César Reynaldo Pacheco, estuvo en el sanatorio, donde el joven permanece custodiado. "Yo pude conversar algo con mi sobrino, pero no demasiado. Todavía no he podido intercambiar palabras con él ni con mi sobrina, pero sé que la verdad se va a saber. Pamela, para nosotros, también era parte de nuestra familia", dijo "Cacho" Abregú.







