22 Noviembre 2010 Seguir en 
Mientras la lluvia bajaba la temperatura varios grados, en el interior del local sucedía todo lo contrario. El público comenzaba a calentar el ambiente, preparando lo que sería una noche inolvidable para los metaleros. Afuera era una noche gris; adentro, negra.
Pasada la medianoche se abrieron las puertas de Robert Nesta Club y una serie de videoclips proyectados en una de las paredes sirvió de entrada para que los más puntuales empezaran a ambientarse. Aunque, por supuesto, predominaban los metaleros, las primeras horas de la madrugada recibieron a un público heterogéneo, que lucía tanto tacos altos y vestidos floreados como cintos de tachas y remeras negras.
La variada concurrencia se entendió mejor cuando subió al escenario la primera banda. Mágnum, lejos de ser una agrupación de metal, mezcló sonidos que fueron del rock and roll al blues, con varios intermedios.
Es una banda nueva, como ellos mismos se presentaron, con un sonido bien trabajado y con todas las ganas de armar una buena fiesta. Su público la pasó bien escuchando a la agrupación, mientras lanzaba gritos histéricos cada vez que el guitarrista cobraba un poco de protagonismo.
Llegando al final de la presentación -que duró sólo media hora-, la banda tocó un cover de Divididos, "Ala delta". Aunque no consiguió que la gente se moviera demasiado, los despidieron con aplausos y gritos.
A mover las cabezas
Alrededor de la 1.30 subió al escenario la banda de metal Elixir. Con un sonido más oscuro invitó a mover las cabezas. Aprovechando algunas similitudes con los norteamericanos de Evanescence el grupo hizo lo predecible: tocó "Bring me back to life". Aunque el cover les salió bien, no tuvieron la misma suerte con "Enjoy the silence". El popular tema de Depeche Mode dejó a la cantante momentáneamente en silencio, ya que debió recurrir a una hoja para recordar las letras.
A pesar del pequeño traspié, la banda se llevó los aplausos. Bien por el público, que se destacó por alentar a todas las bandas en sus altas y bajas.
A esa altura los metaleros habían redoblado su escuadrón y el ambiente invitaba cada vez más a hacer pogo. A las 2.20 le tocó el turno a Hexzone, que luego de una veloz prueba de sonido- quedaban menos de dos horas para las 4 y mucho metal por delante- dieron comienzo al set. Con un sonido mucho más power, empezaron los primeros pogos, air guitars y head bangings de la noche.
La banda, liderada por una mujer, le subió la temperatura al Robert Nesta, y llegó a su punto máximo cuando ejecutaron el cover de Metallica "Enter Sadman". Fue ahí cuando la pasión empezó a aflorar más claramente por medio de un pogo en el que las remeras de Iron Maiden, Metallica y V8 se mezclaron. Aparecieron los eufóricos empujones que dejaron a más de uno en el suelo.
El plato principal
Pasadas las 3 de la mañana Sacro, plato principal de la noche, subió el escenario; motivo más que suficiente para que todos se amontonaran cerca de la tarima.
"Hay que hacer pogo como en los viejos tiempos", anunció el frontman, "Andy" Martínez. Con la cara pintada de blanco, un marcado delineado negro, pantalones de cuero y una cruz colgando en el pecho, comenzó a charlar con el público. Luego de unos pocos minutos y de mucha ansiedad, las luces se volvieron azules, agregándole un toque más lúgubre a la puesta y la voz de Martínez dio el puntapié inicial. Así Sacro entró en acción.
Para el tema "La revolución del metal" se invitó a Ivana a subir al escenario. El nuevo talento -como fue presentada- dejó en claro que la crudeza del metal no distingue ni edad ni género. Para "Vacío", un clásico de la banda, Romina Santillán, ya parte de Sacro, le agregó su potente voz lírica al grupo, logrando un perfecto opuesto con el crudo registro de Andy.
Más allá de la mezcla de voces arriba del escenario, el show de Sacro se destacó por su puesta en escena y por la presencia del ya clásico mago. De vez en vez aparecía en el escenario prendiendo fuego a lo que tuviera a mano y haciendo uno que otro truco que le agregaba color -o mejor dicho, oscuridad- a la noche.
Semejante performance, a esta hora de la madrugada, provocó que los pogos crecieran un poco más. Incluso llegaron a un punto máximo cada vez que el frontman abandonaba el escenario, para unirse al público entre empujones y saltos.
"Tu lugar", "La maldición" y "Metal" fueron cerrando la noche. Antes, Andy lanzó una afirmación: "me dijeron que el metal estaba muerto en Tucumán. Pero no, acá estamos todos",. El bien desarrollado black metal arriba del escenario y el pogo abajo, entre el público, fue la prueba irrefutable de que tiene razón.
Pasada la medianoche se abrieron las puertas de Robert Nesta Club y una serie de videoclips proyectados en una de las paredes sirvió de entrada para que los más puntuales empezaran a ambientarse. Aunque, por supuesto, predominaban los metaleros, las primeras horas de la madrugada recibieron a un público heterogéneo, que lucía tanto tacos altos y vestidos floreados como cintos de tachas y remeras negras.
La variada concurrencia se entendió mejor cuando subió al escenario la primera banda. Mágnum, lejos de ser una agrupación de metal, mezcló sonidos que fueron del rock and roll al blues, con varios intermedios.
Es una banda nueva, como ellos mismos se presentaron, con un sonido bien trabajado y con todas las ganas de armar una buena fiesta. Su público la pasó bien escuchando a la agrupación, mientras lanzaba gritos histéricos cada vez que el guitarrista cobraba un poco de protagonismo.
Llegando al final de la presentación -que duró sólo media hora-, la banda tocó un cover de Divididos, "Ala delta". Aunque no consiguió que la gente se moviera demasiado, los despidieron con aplausos y gritos.
A mover las cabezas
Alrededor de la 1.30 subió al escenario la banda de metal Elixir. Con un sonido más oscuro invitó a mover las cabezas. Aprovechando algunas similitudes con los norteamericanos de Evanescence el grupo hizo lo predecible: tocó "Bring me back to life". Aunque el cover les salió bien, no tuvieron la misma suerte con "Enjoy the silence". El popular tema de Depeche Mode dejó a la cantante momentáneamente en silencio, ya que debió recurrir a una hoja para recordar las letras.
A pesar del pequeño traspié, la banda se llevó los aplausos. Bien por el público, que se destacó por alentar a todas las bandas en sus altas y bajas.
A esa altura los metaleros habían redoblado su escuadrón y el ambiente invitaba cada vez más a hacer pogo. A las 2.20 le tocó el turno a Hexzone, que luego de una veloz prueba de sonido- quedaban menos de dos horas para las 4 y mucho metal por delante- dieron comienzo al set. Con un sonido mucho más power, empezaron los primeros pogos, air guitars y head bangings de la noche.
La banda, liderada por una mujer, le subió la temperatura al Robert Nesta, y llegó a su punto máximo cuando ejecutaron el cover de Metallica "Enter Sadman". Fue ahí cuando la pasión empezó a aflorar más claramente por medio de un pogo en el que las remeras de Iron Maiden, Metallica y V8 se mezclaron. Aparecieron los eufóricos empujones que dejaron a más de uno en el suelo.
El plato principal
Pasadas las 3 de la mañana Sacro, plato principal de la noche, subió el escenario; motivo más que suficiente para que todos se amontonaran cerca de la tarima.
"Hay que hacer pogo como en los viejos tiempos", anunció el frontman, "Andy" Martínez. Con la cara pintada de blanco, un marcado delineado negro, pantalones de cuero y una cruz colgando en el pecho, comenzó a charlar con el público. Luego de unos pocos minutos y de mucha ansiedad, las luces se volvieron azules, agregándole un toque más lúgubre a la puesta y la voz de Martínez dio el puntapié inicial. Así Sacro entró en acción.
Para el tema "La revolución del metal" se invitó a Ivana a subir al escenario. El nuevo talento -como fue presentada- dejó en claro que la crudeza del metal no distingue ni edad ni género. Para "Vacío", un clásico de la banda, Romina Santillán, ya parte de Sacro, le agregó su potente voz lírica al grupo, logrando un perfecto opuesto con el crudo registro de Andy.
Más allá de la mezcla de voces arriba del escenario, el show de Sacro se destacó por su puesta en escena y por la presencia del ya clásico mago. De vez en vez aparecía en el escenario prendiendo fuego a lo que tuviera a mano y haciendo uno que otro truco que le agregaba color -o mejor dicho, oscuridad- a la noche.
Semejante performance, a esta hora de la madrugada, provocó que los pogos crecieran un poco más. Incluso llegaron a un punto máximo cada vez que el frontman abandonaba el escenario, para unirse al público entre empujones y saltos.
"Tu lugar", "La maldición" y "Metal" fueron cerrando la noche. Antes, Andy lanzó una afirmación: "me dijeron que el metal estaba muerto en Tucumán. Pero no, acá estamos todos",. El bien desarrollado black metal arriba del escenario y el pogo abajo, entre el público, fue la prueba irrefutable de que tiene razón.







