"Se bañan al lado del cartel que dice aguas profundas"

12 Octubre 2010
A 26 kilómetros al norte de la ciudad, por ruta Nº 9, el gigante tucumano abre sus brazos al visitante para mostrarle, generoso, sus bellezas. Pero castiga, sin piedad, al que lo desafía. El dique El Cadillal no es, precisamente, el lugar más seguro y tranquilo de Tucumán, y mucho menos para bañarse o pescar sin las debidas precauciones. No es fácil internarse en un lago que cubre 1.360 hectáreas y que tiene 11 kilómetros de largo. Sus costas son irregulares, lo que torna muy difícil la vigilancia y la búsqueda de personas. Pero lo más peligroso son sus aguas, de hasta 67 metros, con caídas abruptas y remolinos. El comisario inspector Néstor Osores, jefe de la División Bomberos, conoce el dique como la palma de su mano porque durante 22 años se desempeñó como policía lacustre. Advierte que en algunos sectores, a sólo uno o dos metros de la orilla, el dique se hunde tres metros de profundidad. "Mucha gente ingresa con la presunción de que el lago tiene una pendiente suave. De pronto se da con la sorpresa de que no hace pie. Por eso hay que ser muy cuidadosos", recomienda.

"Hay un solo lugar habilitado para bañarse: es el balneario, en la zona del anfiteatro. El resto está terminantemente prohibido", remarca contundente. "Y aún esa zona también es peligrosa, por eso tenemos una guardia permanente, las 24 horas, de cinco efectivos de la Policía Lacustre (que depende de la División Bomberos). En temporada alta, el número de guardavidas asciende a 30 (por gestión del Ente Turismo), mientras la cantidad de bañistas llega a 10.000. Pero en esta época del año no hay ningún guardavidas", admite. Osores insiste en que el 99% de los accidentes se produce por imprudencia de los visitantes. "Muchos se bañan al lado de carteles que dicen aguas profundas", lamentó.

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