Su propia sangre se convirtió en la prueba más contundente contra el peligroso violador serial
Una pericia genética confirmó la identidad del hombre que desde 2008 atacó al menos a cinco menores, tras lo cual lo arrestaron ayer. La Justicia ordenó seis allanamientos. El principal sospechoso estaba trabajando en una obra en construcción en el centro. También detuvieron a sus tres hermanos
22 Septiembre 2010 Seguir en 
"Soy amigo de tu papá. Me dijo que te venga a buscar. Tengo caramelos y juguetes para vos". Nadie podrá saber, a ciencia cierta, cuántas niñas escucharon esta frase de boca del violador serial. Gracias a su perversa inteligencia, el depravado logró que durante más de dos años la Policía y la Justicia sintieran que estaban tratando de cazar un fantasma. Había cometido ataques en el sur de la capital, en Lastenia y en Yerba Buena. Los testigos que lo vieron pueden ser contados con los dedos de una mano. Y las víctimas, demasiado pequeñas, apenas podían recordar pantallazos de los brutales episodios.
Habiendo calculado cada paso, habrá pensado que jamás hallarían una prueba que permitiera identificarlo. Pero, en realidad, es él quien no puede deshacerse de la evidencia: su propia sangre.
Son cuatro hermanos. Todos tienen el mismo patrón genético masculino, y el cromosoma "Y" coincide con el del hombre que raptó al menos a cinco niñas de entre siete y 11 años. Las pericias definitivas dirán quién de ellos el violador serial. Pero los investigadores centraron su atención en uno de los detenidos: tiene 38 años, una motocicleta, y recientemente fue absuelto en una controvertida causa sobre abuso sexual.
La primera vez que se supo de él fue en febrero de 2008. La última, en noviembre del año pasado. Lo que hizo le valió que se lo considere como uno de los delincuentes más peligrosos de la provincia. Estaba entre los más buscados: en ningún otro caso se creó un 0-800 para reportar datos ni se les entregó un instructivo de bolsillo a agentes de calle para que estuvieran más alerta. Los investigadores, basándose en estudios psicológicos, incluso sospechaban que él sentía regocijo cuando se enteraba de que estaban tras sus pasos.
Hay otros patrones que caracterizaban sus ataques. Siempre, en cada hecho, estaba en una bicicleta o en una motocicleta pequeña. Así recorría los barrios, estudiándolos, buscando la próxima víctima.
Atacaba entre la siesta y la tarde, generalmente los días de semana. Cuando veía que no había otros adultos cerca de la niña seleccionada, se acercaba y, gentilmente, le prometía regalos. De esta forma, podía raptar a las pequeñas sin despertar sospechas. Para cuando los padres se daban cuenta, el violador serial ya había actuado. En todos los casos, las menores debieron ser hospitalizadas. Cada vez era más violento. La Policía y la Justicia temían que, de un momento a otro, matara. Sentían que atraparlo era urgente, pero averiguar su nombre parecía una misión imposible.
La pesquisa
En 2008, el ministro fiscal, Luis de Mitri, ordenó que los expedientes abiertos en cuatro oficinas judiciales distintas pasaran a manos de la fiscala Adriana Giannoni.
La investigadora, junto a los comisarios Miguel Gómez y Hugo Cabezas, de la División Homicidios y Delitos Complejos, supervisados por los comisarios Humberto Ruezga y Raúl Ferreira, de Investigaciones, se reunieron con expertos de Córdoba y confeccionaron un perfil psicológico del hombre. Ese estudio les dio pautas sobre la personalidad del depravado.
Además, enviaron los rastros de semen que habían secuestrado en cada caso a Buenos Aires. Esto permitió confirmar que el autor era uno sólo, y también les dio a los expertos una carta clave: el perfil genético del serial.
Cada mes, desde la fiscalía de Giannoni se recolectaban causas sobre ataques sexuales y se solicitaba un cotejo genético. Hasta la semana pasada, siempre habían tenido resultado negativo.
El antecedente
La madrugada del 16 de septiembre de 2007, dos muchachas fueron a bailar a un boliche del Abasto. Allí conocieron a tres hombres, con quienes compartieron bebidas alcohólicas.
Las jóvenes, de 18 y 20 años, se despertaron a la mañana siguiente en una casa de El Manantial. El trío de amigos había mantenido relaciones sexuales con ellas. Las mujeres aseguraban que habían sido drogadas y violadas, pero ellos afirmaban que todo había sido consentido.
En un polémico juicio que concluyó en julio de este año, la sala VI de la Cámara Penal los absolvió en un fallo dividido, pues se consideró que no había pruebas suficientes para condenarlos. Votaron por la absolución Alicia Freidenberg y Emilio Páez de la Torre. Por la condena lo hizo la vocala Marta Cavalloti. Antes del debate oral, la fiscala de Cámara, Juana Prieto de Sólimo, solicitó que los acusados se sometieran a un examen genético. Ese informe no sirvió demasiado en esa causa, pues todos los imputados admitían el acto sexual. Pero la semana pasada, cuando cayó en manos de Giannoni, el estudio tomó un valor incalculable.
El final
Es el tercero en orden decreciente de cuatro hermanos. Vive en la localidad de Santa Bárbara, al sur de la capital, junto a una mujer con la que tiene un hijo de dos años. Además, es padre de otro niña de seis. Trabaja como albañil y sus hermanos viven en Villa Mariano Moreno. No tiene padre y se moviliza en una motocicleta. Toda esa información recabó el equipo de investigaciones que trabajó al mando del ayudante fiscal, Carlos Bustos Morón. De esta forma, se supo cómo, dónde y a quiénes detener.
Ayer, el hombre estaba trabajando en una obra en construcción en pleno centro cuando llegaron los policías. "Cuando vio el operativo, se dio cuenta en el acto de lo que pasaba y empezó a llorar", dijo una fuente cercana a la causa.
En otros cinco allanamientos, realizados al norte de la capital, fueron arrestados los hermanos del sospechoso.
Los cuatro hombres serán sometidos a una pericia genética adicional y a otros estudios complejos, cuyas características no fueron dadas a conocer. Hoy serán llevados a Tribunales, donde deberán declarar. Los investigadores, basándose en la pericia anterior, están seguros en un 99% de que uno de ellos es el violador serial. Su sangre revelará la verdad.
Habiendo calculado cada paso, habrá pensado que jamás hallarían una prueba que permitiera identificarlo. Pero, en realidad, es él quien no puede deshacerse de la evidencia: su propia sangre.
Son cuatro hermanos. Todos tienen el mismo patrón genético masculino, y el cromosoma "Y" coincide con el del hombre que raptó al menos a cinco niñas de entre siete y 11 años. Las pericias definitivas dirán quién de ellos el violador serial. Pero los investigadores centraron su atención en uno de los detenidos: tiene 38 años, una motocicleta, y recientemente fue absuelto en una controvertida causa sobre abuso sexual.
La primera vez que se supo de él fue en febrero de 2008. La última, en noviembre del año pasado. Lo que hizo le valió que se lo considere como uno de los delincuentes más peligrosos de la provincia. Estaba entre los más buscados: en ningún otro caso se creó un 0-800 para reportar datos ni se les entregó un instructivo de bolsillo a agentes de calle para que estuvieran más alerta. Los investigadores, basándose en estudios psicológicos, incluso sospechaban que él sentía regocijo cuando se enteraba de que estaban tras sus pasos.
Hay otros patrones que caracterizaban sus ataques. Siempre, en cada hecho, estaba en una bicicleta o en una motocicleta pequeña. Así recorría los barrios, estudiándolos, buscando la próxima víctima.
Atacaba entre la siesta y la tarde, generalmente los días de semana. Cuando veía que no había otros adultos cerca de la niña seleccionada, se acercaba y, gentilmente, le prometía regalos. De esta forma, podía raptar a las pequeñas sin despertar sospechas. Para cuando los padres se daban cuenta, el violador serial ya había actuado. En todos los casos, las menores debieron ser hospitalizadas. Cada vez era más violento. La Policía y la Justicia temían que, de un momento a otro, matara. Sentían que atraparlo era urgente, pero averiguar su nombre parecía una misión imposible.
La pesquisa
En 2008, el ministro fiscal, Luis de Mitri, ordenó que los expedientes abiertos en cuatro oficinas judiciales distintas pasaran a manos de la fiscala Adriana Giannoni.
La investigadora, junto a los comisarios Miguel Gómez y Hugo Cabezas, de la División Homicidios y Delitos Complejos, supervisados por los comisarios Humberto Ruezga y Raúl Ferreira, de Investigaciones, se reunieron con expertos de Córdoba y confeccionaron un perfil psicológico del hombre. Ese estudio les dio pautas sobre la personalidad del depravado.
Además, enviaron los rastros de semen que habían secuestrado en cada caso a Buenos Aires. Esto permitió confirmar que el autor era uno sólo, y también les dio a los expertos una carta clave: el perfil genético del serial.
Cada mes, desde la fiscalía de Giannoni se recolectaban causas sobre ataques sexuales y se solicitaba un cotejo genético. Hasta la semana pasada, siempre habían tenido resultado negativo.
El antecedente
La madrugada del 16 de septiembre de 2007, dos muchachas fueron a bailar a un boliche del Abasto. Allí conocieron a tres hombres, con quienes compartieron bebidas alcohólicas.
Las jóvenes, de 18 y 20 años, se despertaron a la mañana siguiente en una casa de El Manantial. El trío de amigos había mantenido relaciones sexuales con ellas. Las mujeres aseguraban que habían sido drogadas y violadas, pero ellos afirmaban que todo había sido consentido.
En un polémico juicio que concluyó en julio de este año, la sala VI de la Cámara Penal los absolvió en un fallo dividido, pues se consideró que no había pruebas suficientes para condenarlos. Votaron por la absolución Alicia Freidenberg y Emilio Páez de la Torre. Por la condena lo hizo la vocala Marta Cavalloti. Antes del debate oral, la fiscala de Cámara, Juana Prieto de Sólimo, solicitó que los acusados se sometieran a un examen genético. Ese informe no sirvió demasiado en esa causa, pues todos los imputados admitían el acto sexual. Pero la semana pasada, cuando cayó en manos de Giannoni, el estudio tomó un valor incalculable.
El final
Es el tercero en orden decreciente de cuatro hermanos. Vive en la localidad de Santa Bárbara, al sur de la capital, junto a una mujer con la que tiene un hijo de dos años. Además, es padre de otro niña de seis. Trabaja como albañil y sus hermanos viven en Villa Mariano Moreno. No tiene padre y se moviliza en una motocicleta. Toda esa información recabó el equipo de investigaciones que trabajó al mando del ayudante fiscal, Carlos Bustos Morón. De esta forma, se supo cómo, dónde y a quiénes detener.
Ayer, el hombre estaba trabajando en una obra en construcción en pleno centro cuando llegaron los policías. "Cuando vio el operativo, se dio cuenta en el acto de lo que pasaba y empezó a llorar", dijo una fuente cercana a la causa.
En otros cinco allanamientos, realizados al norte de la capital, fueron arrestados los hermanos del sospechoso.
Los cuatro hombres serán sometidos a una pericia genética adicional y a otros estudios complejos, cuyas características no fueron dadas a conocer. Hoy serán llevados a Tribunales, donde deberán declarar. Los investigadores, basándose en la pericia anterior, están seguros en un 99% de que uno de ellos es el violador serial. Su sangre revelará la verdad.
Lo más popular
Ranking notas premium







