Comenzó con dolores en Amaicha y gracias al chofer del ómnibus dio a luz en la Maternidad

Una mujer de Santa María les quitó el sueño a los pasajeros, el conductor desvió el recorrido y manejó contrarreloj hasta la capital. Santiago Jorge nació atendido por el equipo de emergencia. "Algunos me dijeron que debía ser el padrino del changuito". Video

EN BRAZOS DE MAMA. El protagonista del raudo viaje por los cerros nació con 3,25 kilos y está perfecto, según el médico que lo atendió. LA GACETA / FOTOS DE JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
EN BRAZOS DE MAMA. El protagonista del raudo viaje por los cerros nació con 3,25 kilos "y está perfecto", según el médico que lo atendió. LA GACETA / FOTOS DE JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
22 Septiembre 2010
La nariz y los ojos se parecen a los míos, arriesga el papá. Pasaron los nervios y aún no puede creer que en pocos minutos lo tendrá entre sus brazos. Mientras tanto, lo mira una y otra vez en la imagen que le acerca una cámara digital. "Gracias a diosito que le recé tanto", explica Jorge Manuel Sánchez. Su bebé, Santiago Jorge, llegó al mundo al amanecer. Y no habría nada de especial si no fuera porque casi nace en un colectivo.

Santiago les dio más que un baile a todos los ocupantes del ómnibus de la empresa Aconquija que ayer bajaba muy temprano, a las 6, desde los Valles Calchaquíes hasta la capital. También demostró que la vida de un niño es capaz de arrancar una especial solidaridad.

La mamá del pequeño, Anabella Arjona, de 18 años, junto a su pareja, Jorge, y a su otra hija, Giuliana, de tres años, abandonaron su casa en Santa María (Catamarca) a la madrugada. La madre había decidido trasladarse a la casa de sus padres, en Trancas, porque temía que en cualquier momento se desencadenara el parto. "Hacía varios días que los médicos de Santa María estaban de paro y me daba miedo no recibir atención médica", dijo la joven que había cumplido 40 semanas de gestación (embarazo en término).

A las 2 de la mañana tomaron el ómnibus. Los sobresaltos comenzaron cuando el ómnibus llegó a Amaicha. Repentinamente Anabella, que hasta entonces no había sentido nada, rompió la bolsa. Poco después comenzaron las dolorosas contracciones. La frecuencia aumentaba y también la preocupación. Las quejas le cortaron el sueño a más de un pasajero. Cerca de Lules, el papá se levantó inquieto y decidió pedirle al chofer, Gustavo Delgado, que acelerara la marcha del colectivo porque su esposa estaba a punto de dar a luz. Eran las 6 de la mañana.

Pediatra y enfermeros
El comentario empezó a correr por los asientos e inmediatamente una pediatra y dos enfermeros que viajaban prestaron su ayuda a la joven mamá. "Primero, intentaron tranquilizarme. Yo estaba muy dolorida. Todo fue muy rápido y sentía que en cualquier momento iba a salir mi hijo", relata Anabella.

Delgado no dudó en desviar su recorrido para llegar cuando antes a la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes. Ningún pasajero del colectivo -que estaba repleto- protestó. Inclusive se turnaron para entretener y atender a la pequeña Giuliana, que no entendía lo que estaba ocurrido. Mientras tanto, Sánchez -con medio cuerpo fuera de la ventanilla- le pedía a otros automovilistas que le abrieran paso al enorme colectivo porque estaban en emergencia.

"No doy más", pronunció la mamá. Pensaron que en cualquier momento llegaba el bebé. El colectivero detuvo la marcha. "Hay que traer toallas, algodón y ropa limpia", sugirieron los profesionales. Abrieron la bodega y buscaron todos los elementos necesarios. El chofer continuó conduciendo contrarreloj por pedido del padre.

A las 6.20, la odisea terminó frente a la Maternidad. La emergencia atendió a la muchacha y los pasajeros respiraron aliviados. Enseguida continuaron su viaje. Cinco minutos después, sobre una camilla y bajo la supervisión de los médicos, Anabella sintió el primer llanto de su bebé. La balanza se clavó en los 3 kilos 25 gramos. "El bebé está perfecto", festejó el médico, y una lágrima de emoción rodó por la mejilla de la mamá.

Todavía tiembla cuando recuerda la mañana que tuvo que vivir. A pocos metros de ella está Santiago. Descansa como si nada hubiera ocurrido. Lanza, a veces, un rezongo imperceptible. Anabella lo alza y suelta una sonrisa.

Giuliana revolotea debatiéndose entre el amor, los celos y otras sensaciones que ya estrena como hermana mayor. "Lo peor ya pasó", admite el papá, orgulloso y embobado porque al fin llegó el varón.

De la ficción a la realidad
El chofer creía que algunas cosas sólo pasaban en películas. Ayer entendió que a veces la realidad supera a la ficción. Delgado fue uno de los protagonistas principales de la historia de Anabella. El hombre vive en San José, muy cerca de San María, y contó que su viaje fue normal hasta cerca de Lules, cuando un joven de 20 años se acercó y le dijo que su mujer estaba por tener un hijo. "Me pidió que me apurara", recordó Delgado que hace 17 años trabaja como chofer del Aconquija. "Siempre me llamaron la atención los casos de remiseros o de taxistas que deben atender partos. Ahora me tocó a mí. Cuando entrábamos a la capital Sánchez me dijo que su mujer no aguantaba más. Ahí nomás desvié hacia la Maternidad. Me puse nervioso pero me tranquilizó ver que los pasajeros no protestaron. Algunos me dijeron que debía ser el padrino del changuito...", comentó satisfecho de haber cumplido con su deber.

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