El interior impidió que la Argentina se aisle más del mundo

El paso de "país modelo" al "default" fue veloz y salir a mendigar, luego de tanto incumplimiento, se transformó en una pesadilla que agobia.

28 Abril 2002
En la semana que pasó, el Gobierno se alejó y volvió a insertar a la Argentina en el escenario mundial, confudido por la falta de liderazgo sobre su posición internaciona, deteriorando -aún más- su imagen y credibilidad. Parece que todavía no está claro el diagnóstico y las causas de esta debacle, que se intenta revertir -en vano- con los mismos errores.
Los mercados, los organismos internacionales y el mundo exigen credibilidad -como en los siglos XIX y XX- y cuesta ser creíble, por el pasado que condena. En el año 1920, con la postura aislacionista no se ingresó a la Sociedad de las Naciones. En las dos guerras mundiales la posición fue de neutralidad; luego se abstuvo Argentina en la creación del estado de Israel, y en 1948 se estableció la Tercera Posición.
Después, la adhesión al Grupo de Países no Alineados fue más aislacionismo, por el acercamiento a naciones -lamentablemente pobres- que no compraban y si lo hacían no pagaban. Hubo que soportar el fracaso de este ensayo, para recién acortar la distancia con los países del primer mundo.
Durante la última década se retomó la relación con las grandes potencias, y hubo coherencia en la política exterior, sólo empañada por la venta de armas que se usaron contra el aliado Perú.
Pero con saldo favorable y mejor presencia en el escenario mundial, el país había entrado en una nueva etapa progresista, y la definida posición internacional mejoró la credibilidad.

¿Un ejemplo?
Los organismos internacionales de crédito -exagerando- pusieron a la Argentina como ejemplo. Pero las crisis sistémicas y el exceso de endeudamiento cambiaron rápidamente las condiciones adentro del país y en el exterior. El paso de "país modelo" al "default" fue veloz y salir a mendigar, luego de tanto incumplimiento, se transformó en una pesadilla que agobia.
En un mundo cada vez más interdependiente, la "viveza criolla" no logra resultados. Cuando el guiño y la maniobra no son para el mismo lado, las consecuencias son tremendas.
Ahora las provincias, como tantas veces en el pasado, rescataron en la semana a la Nación del abismo, con esa "visión del interior hacia el puerto" que Lauro Falgalde narró con pasión en su libro "El interior al poder".
Hay un pacto de gobernabilidad que frena el intento de romper con el Fondo Monetario, en documento corto y ambicioso que atenúa tanto disparate.
Pero a no confundirse: hace tiempo que se practica -con el resultado a la vista- la contradicción entre lo que se dice y hace, y entre lo que se promete y no se cumple.Hay poco tiempo y paciencia para que las nuevas autoridades económicas superen la desconfianza, lo cual sólo puede lograrse con pocas medidas serias. ¿Podrán hacerlo?

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