01 Septiembre 2010 Seguir en 
Tuve el privilegio de ser invitado por la Academia del Folclore de la República Argentina a asistir al Congreso Nacional de Folclore, organizado en Potrero de Los Funes (San Luis). No se realizaba uno similar desde 1960, cuando se celebró el Primer Congreso Internacional de Folclore en Buenos Aires.
Esta vez fue mas abarcativo, porque además de los especialistas académicos se incluyó a artistas, artesanos, periodistas, escritores y bailarines, y fue mayor la amplitud de los ejes temáticos.
En la apertura la provincia estuvo representada por Eduardo Ocaranza Zavalía, quien expuso el proyecto de creación de la Academia del Foclore de Tucumán, difícil tarea que está a su cargo y ojalá llegue a buen puerto.
Me tocó sumarme al resto de los tucumanos en el panel donde el profesor Ricardo Kaliman contó sobre la producción musical de la década del 60 en Tucumán. En la pantalla iban apareciendo los rostros del "Chivo" Valladares, los hermanos Núñez, José Augusto Moreno, Lucho Díaz? "Pato" Gentilini, que estaba presente y ofreció pocas y sabias palabras, realizó un aportar con su guitarra y su voz profunda. Fue el más claro ejemplo de lo que se estaba hablando.
Antes, él había expresado en otro panel: "cuando se produce la crisis en el país, Tucumán sigue produciendo y aumentando su cancionero popular, pero queda circunscripta a los límites regionales del NOA". Gentilini agregó: "hoy se buscan caminos nuevos, pero es en medio de un bombardeo cultural extremo producidos por la radio y la televisión, en base a intereses capitalistas que sólo quieren ganar plata".
Con la cantante Paula Paz y su voz limpia y cálida compartí un par de canciones para evocar a Valladares, Manuel Castilla y Raúl Galán. Luego Lucho Hoyos -eligió cantar sin amplificación- consiguió parar el tiempo en la sala de conferencias con una zamba del "Pato" y Moreno.
La ocasión de preguntar, debatir, compartir charlas, vinos y guitarreadas me llevó a los tiempos del Buen Gusto, La Cosechera, El Alto de la Lechuza y la Peña el Cardón (aunque ahí a veces no nos dejaban entrar a quienes teníamos el pelo largo).
Para pensar
Actualmente muchas de las nuevas generaciones sólo conocen a sus referentes por grabaciones, videos o fotos. O peor aún: se ha cortado el hilo natural del conocimiento y algunos creen que el folclore es un género musical que empezó con artistas de los 90.
En estos veloces tiempos los cambios nos han ido dividiendo y separando. Dando la idea de que si no nos asimilamos o adaptamos a alguna superestructura inserta en el sistema y el mercado dominante, los esfuerzos independientes quedan para la historia sólo en los pequeños círculos en los que nos movemos.
Está en nosotros cuidar como tesoro vital esa cuerda umbilical que es la tradición oral, es la manera indicada en que se aprenden estas cosas.
Si ya no existen esos lugares donde se produce el encuentro cara a cara con los artistas e intelectuales, será que hay que generar nuevas maneras. Más allá de estos eventos extraordinarios, encontrar la forma, barrialmente, en las escuelas, en el municipio, en los teatros o pubs, de mantener actividades periódicas que generen el espacio para el intercambio entre las distintas generaciones. Y qué mejor manera que con la música, la danza, la artesanía, la gastronomía y demás artes folclóricas.
Ojalá los temas que se debatieron en los paneles y las conclusiones de este Congreso continúen elaborándose, creciendo, difundiéndose y despertando nuevas energías, formas y sistemas de recuperar, fortalecer y preservar esa parte de nuestra identidad que llamamos folclore.
Aunque hubo cosas criticables, yo aprendí (también de la música) que para tocar bien primero hay que tocar mal, así que celebro la iniciativa de juntarse y me quedo con la mitad llena del vaso.
Esta vez fue mas abarcativo, porque además de los especialistas académicos se incluyó a artistas, artesanos, periodistas, escritores y bailarines, y fue mayor la amplitud de los ejes temáticos.
En la apertura la provincia estuvo representada por Eduardo Ocaranza Zavalía, quien expuso el proyecto de creación de la Academia del Foclore de Tucumán, difícil tarea que está a su cargo y ojalá llegue a buen puerto.
Me tocó sumarme al resto de los tucumanos en el panel donde el profesor Ricardo Kaliman contó sobre la producción musical de la década del 60 en Tucumán. En la pantalla iban apareciendo los rostros del "Chivo" Valladares, los hermanos Núñez, José Augusto Moreno, Lucho Díaz? "Pato" Gentilini, que estaba presente y ofreció pocas y sabias palabras, realizó un aportar con su guitarra y su voz profunda. Fue el más claro ejemplo de lo que se estaba hablando.
Antes, él había expresado en otro panel: "cuando se produce la crisis en el país, Tucumán sigue produciendo y aumentando su cancionero popular, pero queda circunscripta a los límites regionales del NOA". Gentilini agregó: "hoy se buscan caminos nuevos, pero es en medio de un bombardeo cultural extremo producidos por la radio y la televisión, en base a intereses capitalistas que sólo quieren ganar plata".
Con la cantante Paula Paz y su voz limpia y cálida compartí un par de canciones para evocar a Valladares, Manuel Castilla y Raúl Galán. Luego Lucho Hoyos -eligió cantar sin amplificación- consiguió parar el tiempo en la sala de conferencias con una zamba del "Pato" y Moreno.
La ocasión de preguntar, debatir, compartir charlas, vinos y guitarreadas me llevó a los tiempos del Buen Gusto, La Cosechera, El Alto de la Lechuza y la Peña el Cardón (aunque ahí a veces no nos dejaban entrar a quienes teníamos el pelo largo).
Para pensar
Actualmente muchas de las nuevas generaciones sólo conocen a sus referentes por grabaciones, videos o fotos. O peor aún: se ha cortado el hilo natural del conocimiento y algunos creen que el folclore es un género musical que empezó con artistas de los 90.
En estos veloces tiempos los cambios nos han ido dividiendo y separando. Dando la idea de que si no nos asimilamos o adaptamos a alguna superestructura inserta en el sistema y el mercado dominante, los esfuerzos independientes quedan para la historia sólo en los pequeños círculos en los que nos movemos.
Está en nosotros cuidar como tesoro vital esa cuerda umbilical que es la tradición oral, es la manera indicada en que se aprenden estas cosas.
Si ya no existen esos lugares donde se produce el encuentro cara a cara con los artistas e intelectuales, será que hay que generar nuevas maneras. Más allá de estos eventos extraordinarios, encontrar la forma, barrialmente, en las escuelas, en el municipio, en los teatros o pubs, de mantener actividades periódicas que generen el espacio para el intercambio entre las distintas generaciones. Y qué mejor manera que con la música, la danza, la artesanía, la gastronomía y demás artes folclóricas.
Ojalá los temas que se debatieron en los paneles y las conclusiones de este Congreso continúen elaborándose, creciendo, difundiéndose y despertando nuevas energías, formas y sistemas de recuperar, fortalecer y preservar esa parte de nuestra identidad que llamamos folclore.
Aunque hubo cosas criticables, yo aprendí (también de la música) que para tocar bien primero hay que tocar mal, así que celebro la iniciativa de juntarse y me quedo con la mitad llena del vaso.







