Voces de terciopelo

Ligia Piro brindó un show excepcional en el San Martín. La intervención de su madre, Susana Rinaldi, fue soberbia

Ligia Piro se desliza por el tablado del Teatro San Martín con elegancia, soltura y un manejo de la escena a la que su panza de siete meses le agrega una generosa dosis de simpatía. Pero es su voz -su extraordinaria voz- la que envuelve plateas y palcos para salpicar de magia la noche. El ecléctico repertorio elegido, ajustado por sugerentes arreglos jazzeados, es una fiesta en manos de Piro y de su banda. Y cuando Susana Rinaldi acepta la invitación de su hija para regalar cuatro temas inspirados, el show alcanza las máximas alturas. "Es impagable participar de esta fiesta, algo maravilloso", agradece Piro, feliz porque el Septiembre Musical está soplando 50 velitas. Los agradecidos somos nosotros, fue la respuesta silenciosa del público.
Calidad y calidez. Son dos conceptos que se ajustan a "Según pasan los años", tal el nombre del espectáculo presentado anoche por la cantante. El San Martín -con muy buena respuesta de público, aunque no colmado- albergó un colorido repaso por clásicos de la bossa, el jazz, el rock, el folclore, el country y, por supuesto, el tango, cortesía del poderoso registro de "La Tana" Rinaldi. Aunque no nos adelantemos.
El comienzo fue con "Day tripper", uno de los incontables hits de Los Beatles que Piro cantó con toda la polenta. Después de un remanso jazzero se asoció a la cellista Paula Pomeraniec y disparó una envolvente versión de "Eu sei que vou te amar", de Vinicius de Moraes. Inevitables, se escucharon los primeros bravos.
El clima ya estaba preparado y Piro hizo un alto para congratularse por la posibilidad de actuar en nuestro Septiembre. Para demostrar que su felicidad era completo interpretó "Barro tal vez" con una técnica y una afinación exquisitas -incluyendo un salto de octavas- que bien harían sonrojar a Luis Alberto Spinetta. Pablo Motta aportó un solo de contrabajo, muy aplaudido por cierto.
"Juan Panadero" fue un homenaje al "Cuchi" Leguizamón, y "Angel eyes" (1953, de Earl Brent y Matt Dennis) ratificó lo que todos sospechaban: la de Piro es una voz de terciopelo.
El punto de quiebre se produjo tras la entusiasta "O pato" (Joao Gilberto), que ella cantaba a los ocho años en el seno familiar. Porque de allí saltó a "Según pasan los años", junto al piano que Diego Schissi acarició toda la noche con impecable solvencia. El clásico de Herman Hupfeld fue la puerta de ingreso para Rinaldi, que se acomodó en el escenario y cantó la segunda parte... en castellano.
Madre e hija intercambiaron miradas, sonrisas, anécdotas y trasladaron el tono intimista a todos los rincones del San Martín. "La Tana" entregó tres temas: "Cada vez que me recuerdes" (de Mores y Contursi), "Desde el alma" (a dúo con Schissi) y el himno arrabalero "Yuyo verde". Sí, lo cantó como los dioses.
Piro aprovechó para renovar el vestuario y retornó para encarar la recta final. Renovó el compromiso con Los Beatles ("I saw her standing there"), siguió con "El hombre que yo amo", el son istmeño "Llorona" (¿no habrá nacido Piro en México?) y "Cry me a river" (Arthur Hamilton). Se lució la banda, que completaron Alan Plachta (guitarra), Javier Martínez (batería) y Mario Gusso (percusión).
Para la despedida, "The old McDonald", una melodía country que todos cantamos de niños, pero que en la voz de Piro sonó a standard. ¿No le decía que hubo magia?

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