Los argentinos somos adictos a la moda. Moda, según los diccionarios, es "un modo, uso o costumbre que está en vigencia durante un tiempo determinado". Contrariamente, un "clásico" es aquel hecho o producto que ha superado la barrera de lo efímero, y que permanece en el tiempo. Por estos días, en Tucumán, Alberdi, que debería ser un clásico, se ha puesto de moda. La celebración de los 200 años del natalicio del autor de las "Bases" ha desatado una catarata de homenajes, desde los ámbitos más diversos, incluida la ciudad que lleva su nombre; por lo menos, la "moda Alberdi" habrá permitido que numerosos tucumanos se acerquen al fecundo pensamiento alberdiano, cuyo mérito mayor, pero no excluyente, fue el diseño de la organización de la Argentina como país.
Destaca Lucía Piossek Prebisch de Zucchi, una intelectual que ha estudiado en profundidad la obra alberdiana, que en el ideario del tucumano ilustre sobresalen conceptos tales como "solidaridad" y "optimismo histórico", así como la certeza de que toda acción necesita de una base teórica; y añade (con otras palabras) que para Alberdi la Revolución de Mayo empezó al revés. "A todas las revoluciones las precede un lento reflexionar de la inteligencia, que elabora las ideas luego llevadas a la práctica", escribe en su libro "Argentina: identidad y utopía" la filósofa. En otros términos, destaca que Alberdi, hijo de su tiempo (el siglo XIX) la entendía a la historia como una aventura de la razón.
A doscientos años de esa "aventura", los festejos por los bicentenarios son excusas para mirar el presente a la luz de la historia, hecha la salvedad de que cada tiempo tiene su lógica.
Sin embargo, el festejo alberdiano pone en blanco sobre negro las deudas de una sociedad que parece haber aprendido poco de esos mensajes de la historia. Ejemplos de la vida cotidiana del Tucumán del siglo XXI: a) en ciudad Alberdi, que se viste con pompa para celebrar el cumpleaños del prócer que lleva su nombre, no hay ni un humilde centro cultural que tenga identidad alberdiana; 2) una carta de lectores aparecida en la edición de ayer de LA GACETA quema; un turista venido desde Bahía Blanca en busca de la huella aberdiana cuenta qué encontró en el camino: "Pregunté en el hotel y me aconsejaron dirigirme a la Casa de Turismo...Una señorita muy amable sólo pudo informarme que debía visitar la Casa de Gobierno, donde estaban los restos de Alberdi...El ingreso estaba vedado, vallado, rodeado de policías con sus pertrechos y un ambiente de tensión que no me animé ni siquiera a preguntar. Con un sentimiento de bronca y abatimiento, me fui, hasta que alguien me indicó que visitara la biblioteca Alberdi. Al ingresar ..un grupo de niños estaban siendo ilustrados respecto a la vida y obra de Alberdi. Ya mis emociones se habían aplacado y me senté a escuchar, esperando poder compartir algunas palabras con esa persona. Era el director de la biblioteca, quien humildemente me pidió disculpas por los momentos que había pasado...)", reza la carta.
Cuando el gobierno se propuso hace unos años definir la "marca Tucumán", una conclusión fue que Tucumán es historia. Y lo es, tal como lo indican las expresiones de emoción que se adueñan de miles de visitantes cuando visitan la "Casita de la Independencia". Sin embargo, aunque resulte extraño, miles de tucumanos sólo pisaron la "Casa histórica" cuando iban "a la primaria". Y no volvieron nunca más.
¿Cómo los encontrará a los tucumanos el año 2016? Para el gobierno provincial, ese es un desafío mayor, que exige políticas públicas desde todas las áreas: y la educación no es la menos importante. Hasta este ahora, los chicos y los adolescentes tucumanos no estudiaban historia tucumana en la escuela. Recién este año ingresó a la Legislatura un proyecto que enmienda esa omisión. Es una de las tantas herramientas que se necesitan para que en seis años más, en 2016, los tucumanos no vivamos como una moda lo que debería ser un clásico.
Destaca Lucía Piossek Prebisch de Zucchi, una intelectual que ha estudiado en profundidad la obra alberdiana, que en el ideario del tucumano ilustre sobresalen conceptos tales como "solidaridad" y "optimismo histórico", así como la certeza de que toda acción necesita de una base teórica; y añade (con otras palabras) que para Alberdi la Revolución de Mayo empezó al revés. "A todas las revoluciones las precede un lento reflexionar de la inteligencia, que elabora las ideas luego llevadas a la práctica", escribe en su libro "Argentina: identidad y utopía" la filósofa. En otros términos, destaca que Alberdi, hijo de su tiempo (el siglo XIX) la entendía a la historia como una aventura de la razón.
A doscientos años de esa "aventura", los festejos por los bicentenarios son excusas para mirar el presente a la luz de la historia, hecha la salvedad de que cada tiempo tiene su lógica.
Sin embargo, el festejo alberdiano pone en blanco sobre negro las deudas de una sociedad que parece haber aprendido poco de esos mensajes de la historia. Ejemplos de la vida cotidiana del Tucumán del siglo XXI: a) en ciudad Alberdi, que se viste con pompa para celebrar el cumpleaños del prócer que lleva su nombre, no hay ni un humilde centro cultural que tenga identidad alberdiana; 2) una carta de lectores aparecida en la edición de ayer de LA GACETA quema; un turista venido desde Bahía Blanca en busca de la huella aberdiana cuenta qué encontró en el camino: "Pregunté en el hotel y me aconsejaron dirigirme a la Casa de Turismo...Una señorita muy amable sólo pudo informarme que debía visitar la Casa de Gobierno, donde estaban los restos de Alberdi...El ingreso estaba vedado, vallado, rodeado de policías con sus pertrechos y un ambiente de tensión que no me animé ni siquiera a preguntar. Con un sentimiento de bronca y abatimiento, me fui, hasta que alguien me indicó que visitara la biblioteca Alberdi. Al ingresar ..un grupo de niños estaban siendo ilustrados respecto a la vida y obra de Alberdi. Ya mis emociones se habían aplacado y me senté a escuchar, esperando poder compartir algunas palabras con esa persona. Era el director de la biblioteca, quien humildemente me pidió disculpas por los momentos que había pasado...)", reza la carta.
Cuando el gobierno se propuso hace unos años definir la "marca Tucumán", una conclusión fue que Tucumán es historia. Y lo es, tal como lo indican las expresiones de emoción que se adueñan de miles de visitantes cuando visitan la "Casita de la Independencia". Sin embargo, aunque resulte extraño, miles de tucumanos sólo pisaron la "Casa histórica" cuando iban "a la primaria". Y no volvieron nunca más.
¿Cómo los encontrará a los tucumanos el año 2016? Para el gobierno provincial, ese es un desafío mayor, que exige políticas públicas desde todas las áreas: y la educación no es la menos importante. Hasta este ahora, los chicos y los adolescentes tucumanos no estudiaban historia tucumana en la escuela. Recién este año ingresó a la Legislatura un proyecto que enmienda esa omisión. Es una de las tantas herramientas que se necesitan para que en seis años más, en 2016, los tucumanos no vivamos como una moda lo que debería ser un clásico.







