Estamos en medio del tsunami. La inseguridad sacude al país. La brutal "salidera" bancaria que sufrió Carolina Píparo en Gonnet conmovió a todos. La muerte de su hijo, que llegó al mundo empujado por la fuerza salvaje de los delincuentes y no por el esfuerzo amoroso de su madre, laceró el corazón de los argentinos. La reacción de los funcionarios que, al verse avasallados, salen a avasallar, cansa. Ya hay que cambiar las leyes. Ya hay que aumentar las penas. Declaraciones que flaco favor les hacen a quienes esperan respuestas y al mismo tiempo les hacen el caldo gordo a quienes se aprovechan del descalabro.
El jefe de Gabinete Aníbal Fernández se queja. "¿Cómo no quieren que piensen que hay muchos asaltos si en todos los canales pasan lo mismo?", preguntó. En algo tiene razón. Hay medios que se encarnizan con el tema. Lo dijeron las personas que fueron tomadas como rehenes la semana pasada en Buenos Aires. Los delincuentes estaban tranquilos hasta que escucharon por televisión lo que los periodistas decían de ellos, y ahí se pusieron locos. "Nos podrían haber matado por una primicia", dijo Vanesa, una de las víctimas. El ¿ex? presidente Néstor Kirchner afirma que hay que invertir más en seguridad y que la Justicia "debe actuar como corresponde". La Asociación de Magistrados de la Nación salió a responderle: "la seguridad es un problema que debe ser resuelto por el Poder Ejecutivo". Y entre tantos dichos, en este mismo momento, están asaltando a alguien en alguna parte del país.
El lapsus del gobernador José Alperovich ante los periodistas de LA GACETA cuando se le preguntó por la cuestión de la inseguridad reflejado en la edición del domingo no parece ser tal: "Yo creo que la cuestión de la inseguridad anda muy bien...", dijo el mandatario despertando las risas. De gracioso no tiene nada. Lo admitió el mismo gobernador en alguna ocasión ante este periodista. El no sabe de seguridad. Y por eso delega. No está mal. Hace dos meses se hizo una conferencia de prensa para anunciar la adquisición de equipos para la Policía. El ministro de Seguridad Mario López Herrera ya estaba sentado en la mesa cuando el gobernador entró y se ubicó a su lado. Miró a los periodistas y de pronto le susurró algo al oído. Luego de la respuesta comenzó a hablar de lo que se había comprado. ¿Qué fue lo que le dijo? "Ché, Alberto (trata al funcionario por el segundo nombre), qué es lo que tenemos que anunciar?" Y sí; de seguridad no sabe nada.
Desde hace más de un año y medio se viene anunciando el plan servido en bandeja por la Nación, que aportó $ 30 millones. Cámaras de filmación, dispositivos de GPS para autos, camionetas y motos. En la actual gestión ya son casi 300 las motos que se compraron, pero no alcanzan. Hace una semana el intendente de Alderetes, Julio Silman, donó 10 rodados para reforzar la seguridad en su jurisdicción. Vecinos contentos es sinónimo de votos para dentro de un año. Pero el proyecto, por ahora, es sólo eso. ¿Qué otros planes tiene la provincia en materia de seguridad? Desde el ministerio hacen silencio (como casi siempre que hay problemas). Más motos, más policías, más cámaras, más ¿seguridad?
La prevención sigue siendo la deuda más importante que tiene la Policía. Obvio que muchos quieren que a los delincuentes se los atrape. Pero todos quieren que no lleguen a cometer un delito. Para peor, en este desmadre, la violencia se hace cada vez más patente. Y si no, hay que preguntarle a Mirta Huncos, a la que atacaron arrebatadores dos veces en ocho días; y la última, a pesar de que ya le habían quitado la cartera, le dieron un tiro en la pierna. O a Sandra Pico, a quien le abrieron la cabeza con un palo a pocas cuadras de su casa también para arrebatarle el bolso. Están a la caza, dijo el jefe de la Patrulla Motorizada, Luis Mansilla. Ninguna dependencia de la Policía recibió tanto apoyo como la que él conduce. Y es el orgullo del jefe de Policía, Hugo Sánchez. Manejan números lapidarios. El miércoles arrestaron a 21 personas, la mayoría de ellos por robos. Pero, por el tipo de delito, casi todos salen en libertad, y vuelven a robar. Así, el círculo más que vicioso es funesto.
Para prevenir es crucial caminar, conocer a los vecinos, hacer una radiografía en cada barrio, memorizar las tipologías de los delitos. ¿Cómo se hace eso arriba de una moto que pasa a 70 kilómetros por hora? La Patrulla Motorizada tiene 500 hombres distribuidos en tres turnos, o sea 167 agentes por turno que deben cubrir toda la capital. Así no hay prevención posible cuando, además, a diario se ve a grupos de ellos cómodamente sentados en galerías o dentro mismo de los locales comerciales. Para peor, quien era el jefe, Mario Rojas, tuvo un ataque de furia imprevisto y pretendió ascender por la fuerza. En el edificio del ex Cardiológico todavía resuenan los gritos contra el subjefe de Policía, Nicolás Barrera, quien le explicaba que los ascensos son por mérito y no por antigüedad. Ergo, Rojas ya no conduce la Patrulla, o mejor dicho, ya no está al frente.
Y así vamos. En moto los policías, pero en un fórmula 1 los delincuentes. Eso sí, con los equipos de GPS a los agentes se los va a poder ubicar en segundos para que lleguen rápido una vez que la víctima ya esté en el suelo.
El jefe de Gabinete Aníbal Fernández se queja. "¿Cómo no quieren que piensen que hay muchos asaltos si en todos los canales pasan lo mismo?", preguntó. En algo tiene razón. Hay medios que se encarnizan con el tema. Lo dijeron las personas que fueron tomadas como rehenes la semana pasada en Buenos Aires. Los delincuentes estaban tranquilos hasta que escucharon por televisión lo que los periodistas decían de ellos, y ahí se pusieron locos. "Nos podrían haber matado por una primicia", dijo Vanesa, una de las víctimas. El ¿ex? presidente Néstor Kirchner afirma que hay que invertir más en seguridad y que la Justicia "debe actuar como corresponde". La Asociación de Magistrados de la Nación salió a responderle: "la seguridad es un problema que debe ser resuelto por el Poder Ejecutivo". Y entre tantos dichos, en este mismo momento, están asaltando a alguien en alguna parte del país.
El lapsus del gobernador José Alperovich ante los periodistas de LA GACETA cuando se le preguntó por la cuestión de la inseguridad reflejado en la edición del domingo no parece ser tal: "Yo creo que la cuestión de la inseguridad anda muy bien...", dijo el mandatario despertando las risas. De gracioso no tiene nada. Lo admitió el mismo gobernador en alguna ocasión ante este periodista. El no sabe de seguridad. Y por eso delega. No está mal. Hace dos meses se hizo una conferencia de prensa para anunciar la adquisición de equipos para la Policía. El ministro de Seguridad Mario López Herrera ya estaba sentado en la mesa cuando el gobernador entró y se ubicó a su lado. Miró a los periodistas y de pronto le susurró algo al oído. Luego de la respuesta comenzó a hablar de lo que se había comprado. ¿Qué fue lo que le dijo? "Ché, Alberto (trata al funcionario por el segundo nombre), qué es lo que tenemos que anunciar?" Y sí; de seguridad no sabe nada.
Desde hace más de un año y medio se viene anunciando el plan servido en bandeja por la Nación, que aportó $ 30 millones. Cámaras de filmación, dispositivos de GPS para autos, camionetas y motos. En la actual gestión ya son casi 300 las motos que se compraron, pero no alcanzan. Hace una semana el intendente de Alderetes, Julio Silman, donó 10 rodados para reforzar la seguridad en su jurisdicción. Vecinos contentos es sinónimo de votos para dentro de un año. Pero el proyecto, por ahora, es sólo eso. ¿Qué otros planes tiene la provincia en materia de seguridad? Desde el ministerio hacen silencio (como casi siempre que hay problemas). Más motos, más policías, más cámaras, más ¿seguridad?
La prevención sigue siendo la deuda más importante que tiene la Policía. Obvio que muchos quieren que a los delincuentes se los atrape. Pero todos quieren que no lleguen a cometer un delito. Para peor, en este desmadre, la violencia se hace cada vez más patente. Y si no, hay que preguntarle a Mirta Huncos, a la que atacaron arrebatadores dos veces en ocho días; y la última, a pesar de que ya le habían quitado la cartera, le dieron un tiro en la pierna. O a Sandra Pico, a quien le abrieron la cabeza con un palo a pocas cuadras de su casa también para arrebatarle el bolso. Están a la caza, dijo el jefe de la Patrulla Motorizada, Luis Mansilla. Ninguna dependencia de la Policía recibió tanto apoyo como la que él conduce. Y es el orgullo del jefe de Policía, Hugo Sánchez. Manejan números lapidarios. El miércoles arrestaron a 21 personas, la mayoría de ellos por robos. Pero, por el tipo de delito, casi todos salen en libertad, y vuelven a robar. Así, el círculo más que vicioso es funesto.
Para prevenir es crucial caminar, conocer a los vecinos, hacer una radiografía en cada barrio, memorizar las tipologías de los delitos. ¿Cómo se hace eso arriba de una moto que pasa a 70 kilómetros por hora? La Patrulla Motorizada tiene 500 hombres distribuidos en tres turnos, o sea 167 agentes por turno que deben cubrir toda la capital. Así no hay prevención posible cuando, además, a diario se ve a grupos de ellos cómodamente sentados en galerías o dentro mismo de los locales comerciales. Para peor, quien era el jefe, Mario Rojas, tuvo un ataque de furia imprevisto y pretendió ascender por la fuerza. En el edificio del ex Cardiológico todavía resuenan los gritos contra el subjefe de Policía, Nicolás Barrera, quien le explicaba que los ascensos son por mérito y no por antigüedad. Ergo, Rojas ya no conduce la Patrulla, o mejor dicho, ya no está al frente.
Y así vamos. En moto los policías, pero en un fórmula 1 los delincuentes. Eso sí, con los equipos de GPS a los agentes se los va a poder ubicar en segundos para que lleguen rápido una vez que la víctima ya esté en el suelo.







