La joven sordomuda recibió 10 años de cárcel por filicidio

La mujer lloró cuando le explicaron que había sido condenada. "Soy inocente", les había indicado a los jueces.

10 Mayo 2003
"Soy inocente", expresó la sordomuda Marcela Florencia Aguilar antes de conocer el fallo por el que fue condenada a 10 años de prisión por el crimen de su hijo Gabriel, de un mes.
La fiscal Juana Prieto de Sólimo había pedido, en su alegato, que fuera condenada a prisión perpetua por considerar que fue ella la que el 13 de setiembre de 2000 asesinó a su hijo asfixiándolo. La imputación fue la de homicidio agravado por el vínculo.
La fiscal basó su acusación en las ocho versiones que surgieron sobre la muerte de Gabriel. La primera fue que Aguilar cayó por un barranco con el bebé en brazos, luego que ella misma lo mató, y las restantes variaron sobre la posibilidad de que el crimen lo haya cometido la madre de la condenada, Elisa Perea.
El defensor oficial César Picón, por su parte, solicitó que se la declare inimputable o que se apliquen los atenuantes del homicidio agravado. Nadie vio a Aguilar matando a Gabriel, pero su madre y hermanos coincidieron en que ese día, a las 16, la acusada salió corriendo de la casa con el bebé, y que media hora después regresó con el niño muerto.
La joven, de 26 años, dijo que fue víctima de golpes y de malos tratos siempre, y en la casa era considerada una "Cenicienta" dedicada a la limpieza y a la cocina. Todo eso fue negado por Perea y sus demás hijos. Ayer, Gabriela Aguilar, hermana de la acusada, dialogó con LA GACETA. "No es así, no sé por qué miente. Nos duele mucho porque siempre la tratamos bien; su novio (Daniel Ferro) le dio vuelta la cabeza", afirmó.

Ultimo pedido
Ayer, Marcela Aguilar le expresó al tribunal que se sentía mal, y que acataría su decisión. Aludió a la falta de cariño recíproca con su familia y a las dudas sobre su futuro. "Vi bocas que hablaban, pero yo no entendía lo que decían... viví en silencio", aseguró.
Los jueces Alfredo Barrionuevo, Emilio Páez de la Torre y Julio Silva decidieron condenarla a 10 años de prisión por homicidio agravado. Pero no aclararon cuáles fueron los atenuantes que tuvieron en cuenta para no sancionarla con la prisión perpetua (el artículo 80 del Código Penal tampoco los especifica).
Mientras el secretario Carlos Sales leía el acta, Aguilar rompió en llanto al ver a las intérpretes diciéndole que la estaban condenando.

Dicen que la fiscal discriminó
Unos 25 sordomudos acompañaron a Marcela Aguilar en el final del juicio. Ninguno se refirió a la sentencia, pero sí expresaron su malestar porque se sintieron discriminados por la fiscal Juana Prieto de Sólimo.
"Nos sentimos mal porque habló en contra de la lengua de señas... ella tiene el poder de la palabra y nuestra lengua es distinta, pero no puede burlarse así de nosotros", dijo Pablo González, a través de las peritos intérpretes Ana Lucía González y María Emilse Ortigoza.
En su alegato, la fiscal hizo señas y tetralizaciones que ofendieron a los sordomudos. Pero lo que menos les gustó fue que pusiera en duda a las intérpretes y que dijera que Aguilar se comunicaba bien con su familia (empezó a aprender el lenguaje de señas hace un año, en la cárcel).
Pablo González indicó que ellos no pueden defenderse como cualquier otra persona, porque el resto del mundo quiere imponerles "el poder de la palabra y se aprovechan de esa diferencia".

Buena experiencia
González, Norma López, Miguel Rojas y Juan Manuel Carrizo coincidieron en que, a pesar de los disgustos, esta primera experiencia de un juicio oral en contra de un sordomudo les sirvió. "Puede ser que nos ayude a insertarnos mejor en la sociedad, y que los padres de chicos sordos acepten que aprendan el lenguaje de señas", indicó López.
Los sordomudos afirmaron, además, que esa situación de discriminación se da con ellos en todos los ámbitos de la sociedad, y que les cuesta mucho luchar en su contra.

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