06 Mayo 2003 Seguir en 
Como si pudiera taparse el sol con una mano, algunas reparticiones policiales prefieren no remitir a la Justicia las actuaciones que se ven obligadas a realizar en contra de uniformados que son acusados de distintos delitos. En los últimos 30 días fueron presentadas al menos tres denuncias en contra de policías, a raíz de violentas patoteadas que terminaron con jóvenes hospitalizados, pero no se profundizaron las investigaciones y todo quedó en casa.
El jefe de Policía, comisario general (r) Roberto Vallejo, dijo que puede ser que por estar incompletas las investigaciones se demore la comunicación, pero fue categórico al afirmar que si hay encubridores, estos serán castigados.
Ayer se conoció el caso de Darío Marcelo Moyano, quien desde el jueves pasado está internado en el hospital Padilla con un edema pulmonar. "Un policía de Control Urbano me agarró en Lavalle y 9 de Julio, me puso contra la pared y me pateó en la espalda", contó el joven de 28 años, que es estudiante de Trabajo Social en la UNT.
Por el ataque, Moyano -quien sobrevive haciendo instalaciones de gas- perdió la oportunidad de empezar el viernes pasado a trabajar en una importante empresa, según dijo. La víctima había salido, a las 5, de un boliche de la zona y pretendía volver a su casa. El policía que lo habría golpeado lo hizo cruzar la calle, dijo Moyano, y allí apareció otro. "Me patearon en el piso y después me llevaron a la comisaría 2ª. Estuve detenido hasta las 17 por una contravención, y después mi familia me trajo al hospital", contó.
Moyano dijo que nunca antes había estado detenido, y que se siente muy impotente porque ni siquiera se resistió a ser detenido. "Sólo le pedía que me explicara por qué me pegaba", dijo.
Constatación
En la comisaría se enteró de que los policías que lo detuvieron son Carlos Rojas y Luis Galván, a quienes acusó por las lesiones. El viernes pasado, el comisario René Lescano, de la seccional 2ª, solicitó que Moyano sea revisado por un médico policial para constatar las lesiones, pero hasta anoche, según la víctima, no había concurrido.
En la Fiscalía III, que estaba de turno cuando se produjo el hecho, ayer no se había recibido ninguna notificación sobre el episodio. Vallejo invitó a quienes hayan mantenido incidentes con algún policía, a que lo visiten directamente a él, en la Jefatura. "Yo trabajo sin descanso, pero no puedo enterarme de todo lo que pasa en la provincia. Por eso les pido que vengan a verme, para que inmediatamente empecemos a trabajar", dijo.
"Si las denuncias son ciertas, sonaron los malos policías; y con ellos van a caer los encubridores", señaló Vallejo en un claro tono de advertencia a su tropa.
Fueron a denunciar y los detuvieron
Cuando se hizo pública la paliza que recibieron por parte de una patota, fueron a hacer la denuncia policial. Pero fueron detenidos porque los supuestos agresores los acusaron a ellos. Jesús Pérez y Mario González, de 19 años, fueron atacados el 13 de abril cerca de sus casas, en el barrio Lola Mora. "Cómo dicen que nosotros los atacamos, si éramos dos y ellos 15 o 20 tipos", dijo Pérez.
El joven afirmó que entre los atacantes había algunos policías vestidos de civil, en estado de ebriedad, que vivirían en la zona. A pesar de la aparente confusión que reina en la seccional 11ª sobre cómo ocurrieron los hechos, la Justicia no fue notificada. Tampoco actuó de oficio, pese a que la historia fue publicada el 14 de abril por LA GACETA.
Tampoco llegó a Tribunales la denuncia de Luis Valdez, un jovencito de 15 años que afirmó que dos policías que custodiaban el Recreo El Obrerito lo golpearon y le pegaron latigazos en la puerta del local ubicado en Los Bulacio.
El adolescente fue atacado por tres hombres que vestían uniformes policiales.
Darío Moyano, el estudiante golpeado el jueves pasado, dijo que los agresores eran policías contratados. "Creen que tienen autoridad sobre el mundo y quieren pasarles por encima a todos. No se puede mandar a cualquiera a la calle con un uniforme sin hacerle exámenes psicológicos antes; es un peligro", agregó.
El jefe de Policía, comisario general (r) Roberto Vallejo, dijo que puede ser que por estar incompletas las investigaciones se demore la comunicación, pero fue categórico al afirmar que si hay encubridores, estos serán castigados.
Ayer se conoció el caso de Darío Marcelo Moyano, quien desde el jueves pasado está internado en el hospital Padilla con un edema pulmonar. "Un policía de Control Urbano me agarró en Lavalle y 9 de Julio, me puso contra la pared y me pateó en la espalda", contó el joven de 28 años, que es estudiante de Trabajo Social en la UNT.
Por el ataque, Moyano -quien sobrevive haciendo instalaciones de gas- perdió la oportunidad de empezar el viernes pasado a trabajar en una importante empresa, según dijo. La víctima había salido, a las 5, de un boliche de la zona y pretendía volver a su casa. El policía que lo habría golpeado lo hizo cruzar la calle, dijo Moyano, y allí apareció otro. "Me patearon en el piso y después me llevaron a la comisaría 2ª. Estuve detenido hasta las 17 por una contravención, y después mi familia me trajo al hospital", contó.
Moyano dijo que nunca antes había estado detenido, y que se siente muy impotente porque ni siquiera se resistió a ser detenido. "Sólo le pedía que me explicara por qué me pegaba", dijo.
Constatación
En la comisaría se enteró de que los policías que lo detuvieron son Carlos Rojas y Luis Galván, a quienes acusó por las lesiones. El viernes pasado, el comisario René Lescano, de la seccional 2ª, solicitó que Moyano sea revisado por un médico policial para constatar las lesiones, pero hasta anoche, según la víctima, no había concurrido.
En la Fiscalía III, que estaba de turno cuando se produjo el hecho, ayer no se había recibido ninguna notificación sobre el episodio. Vallejo invitó a quienes hayan mantenido incidentes con algún policía, a que lo visiten directamente a él, en la Jefatura. "Yo trabajo sin descanso, pero no puedo enterarme de todo lo que pasa en la provincia. Por eso les pido que vengan a verme, para que inmediatamente empecemos a trabajar", dijo.
"Si las denuncias son ciertas, sonaron los malos policías; y con ellos van a caer los encubridores", señaló Vallejo en un claro tono de advertencia a su tropa.
Cuando se hizo pública la paliza que recibieron por parte de una patota, fueron a hacer la denuncia policial. Pero fueron detenidos porque los supuestos agresores los acusaron a ellos. Jesús Pérez y Mario González, de 19 años, fueron atacados el 13 de abril cerca de sus casas, en el barrio Lola Mora. "Cómo dicen que nosotros los atacamos, si éramos dos y ellos 15 o 20 tipos", dijo Pérez.
El joven afirmó que entre los atacantes había algunos policías vestidos de civil, en estado de ebriedad, que vivirían en la zona. A pesar de la aparente confusión que reina en la seccional 11ª sobre cómo ocurrieron los hechos, la Justicia no fue notificada. Tampoco actuó de oficio, pese a que la historia fue publicada el 14 de abril por LA GACETA.
Tampoco llegó a Tribunales la denuncia de Luis Valdez, un jovencito de 15 años que afirmó que dos policías que custodiaban el Recreo El Obrerito lo golpearon y le pegaron latigazos en la puerta del local ubicado en Los Bulacio.
El adolescente fue atacado por tres hombres que vestían uniformes policiales.
Darío Moyano, el estudiante golpeado el jueves pasado, dijo que los agresores eran policías contratados. "Creen que tienen autoridad sobre el mundo y quieren pasarles por encima a todos. No se puede mandar a cualquiera a la calle con un uniforme sin hacerle exámenes psicológicos antes; es un peligro", agregó.
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