04 Mayo 2003 Seguir en 
La traumática vida de Florencia Marcela Aguilar, siempre aparentente aislada del mundo y avasallada por su entorno familiar, continúa en el centro del juicio que se sigue en su contra por la muerte de su hijo de un mes. Del hecho en sí, en la audiencia de ayer casi no se habló.El testimonio más importante de ayer lo brindó la perito psicóloga Teresa Rodríguez, quien realizó varios informes sobre Aguilar y su entorno familiar.
Aguilar, quien es sordomuda y hasta hace dos años no conocía el lenguaje de señas, está acusada de haber matado a su hijo Gabriel, de un mes de vida, el 13 de setiembre de 2000, cerca de su casa, en Famaillá.Rodríguez dijo que la acusada tiene capacidad de discernimiento, aunque aclaró que su nivel intelectual es inferior a lo normal por su falta de posibilidades de comunicación.
La psicóloga detalló que la acusada presenta inmadurez, vulnerabilidad, un limitado interés por la vida, inestabilidad emocional y posibles trastornos de personalidad.
Sobre el caso por el que se la juzga, Rodríguez apuntó que Aguilar reconoce el hecho, pero no se hace cargo. Luego aclaró que, en realidad, "conoce" el episodio, lo que no implica una confesión. Pero afirmó que todo se origina en la violencia en la que se crió, y en las dos fuerzas dominantes entre las que se desarrolló su vida hasta que fue detenida.Se refería a los presuntos golpes que sufría en la casa de su madre, Elsa Perea, y en la de su pareja, Daniel Ferro, además de su condición de "Cenicienta", obligada a atender todas las necesidades domésticas de ambos hogares.
Luego declararon Isaac Benjamín Aguilar, hermano de la acusada, y su pareja, María Cristina Pérez. Ambos estuvieron con la imputada hasta que esta salió con Gabriel en brazos, antes de que la criatura muriera. Dijeron que cuando Aguilar volvió con el bebé muerto, ellos ya no estaban. Ambos aseguraron que Aguilar recibía un buen trato en la casa y que Ferro la golpeaba.
Pero antes de que se cerrara la audiencia (fue la primera vez que un juicio se hace un sábado), Aguilar pidió declarar otra vez. Con dificultad, y con la ayuda de una de las intérpretes, contó que en la casa de su madre dormía en un colchón muy finito, junto al bebé y a Daniela, su hija, que ahora tiene cuatro años. Dijo que su madre la golpeaba desde pequeña (mostró cicatrices) y negó que su pareja la maltratara.
El juicio terminaría el martes próximo.
Aguilar, quien es sordomuda y hasta hace dos años no conocía el lenguaje de señas, está acusada de haber matado a su hijo Gabriel, de un mes de vida, el 13 de setiembre de 2000, cerca de su casa, en Famaillá.Rodríguez dijo que la acusada tiene capacidad de discernimiento, aunque aclaró que su nivel intelectual es inferior a lo normal por su falta de posibilidades de comunicación.
La psicóloga detalló que la acusada presenta inmadurez, vulnerabilidad, un limitado interés por la vida, inestabilidad emocional y posibles trastornos de personalidad.
Sobre el caso por el que se la juzga, Rodríguez apuntó que Aguilar reconoce el hecho, pero no se hace cargo. Luego aclaró que, en realidad, "conoce" el episodio, lo que no implica una confesión. Pero afirmó que todo se origina en la violencia en la que se crió, y en las dos fuerzas dominantes entre las que se desarrolló su vida hasta que fue detenida.Se refería a los presuntos golpes que sufría en la casa de su madre, Elsa Perea, y en la de su pareja, Daniel Ferro, además de su condición de "Cenicienta", obligada a atender todas las necesidades domésticas de ambos hogares.
Luego declararon Isaac Benjamín Aguilar, hermano de la acusada, y su pareja, María Cristina Pérez. Ambos estuvieron con la imputada hasta que esta salió con Gabriel en brazos, antes de que la criatura muriera. Dijeron que cuando Aguilar volvió con el bebé muerto, ellos ya no estaban. Ambos aseguraron que Aguilar recibía un buen trato en la casa y que Ferro la golpeaba.
Pero antes de que se cerrara la audiencia (fue la primera vez que un juicio se hace un sábado), Aguilar pidió declarar otra vez. Con dificultad, y con la ayuda de una de las intérpretes, contó que en la casa de su madre dormía en un colchón muy finito, junto al bebé y a Daniela, su hija, que ahora tiene cuatro años. Dijo que su madre la golpeaba desde pequeña (mostró cicatrices) y negó que su pareja la maltratara.
El juicio terminaría el martes próximo.
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