Ni su defensor entiende a la joven sordomuda enjuiciada

La sospechosa podría ser condenada a prisión perpetua por matar a su pequeño hijo. Un testigo no fue claro en sus dichos y fue reconvenido por uno de los jueces.

CASO COMPLEJO. La intérprete de señas traduce para la acusada el juicio, pero todo está confuso aún.
CASO COMPLEJO. La intérprete de señas traduce para la acusada el juicio, pero todo está confuso aún.
02 Mayo 2003
"Señor juez, no puedo comunicarme con mi defendida a los fines del descubrimiento de la verdad real". La frase, dicha por el defensor oficial Cesar Picón respecto de su defendida, la joven sordomuda Florencia Marcela Aguilar, indica la complejidad de la causa en la cual la mujer es acusada de haber matado a su bebé, de apenas un mes.
El miércoles, en la continuación del juicio, no sólo hubo que recurrir nuevamente a la participación de peritos intérpretes de lenguaje de señas para la defensa y para la acusación, sino que, como insistió la fiscal Juana Prieto de Sólimo, hubo contradicciones en gran parte de los testimonios. Por ello, tanto la defensa como la Fiscalía pidieron un careo entre la imputada y su madre, Elsa Perea. Esa medida está pendiente de resolución.
Víctor Hugo Rodríguez, que el 13 de setiembre de 2000 había encontrado en un barranco a la mujer tirada boca abajo, y tapando con su pecho a su bebé, dijo que él había llegado al lugar atraído por un llanto de mujer, y que, ya con el niño en brazos, y seguido por Marcela, corrió hacia la casa de la joven, a unas tres cuadras del lugar, y le entregó el cuerpito del bebé a la madre de la chica.
El problema es que, en la etapa de instrucción, Rodríguez había declarado haber visto a Aguilar arriba del barranco, tratando de asfixiar a su hijo con un trapo.

Reconvenido
El miércoles, Rodríguez dijo que al momento de rescatar al bebé de las manos de Marcela, se dio cuenta de que el niño ya estaba muerto. Y agregó que, cuando le entregó el niño a la madre de Marcela, la mujer estaba "desesperada". "Ella no sabía para dónde ir", aseguró Rodríguez. ¿Usted se imaginó que lo habían matado al chiquito?, se le inquirió. "Yo no puedo imaginar nada. No sé si habrá sido accidente", respondió. "¿No puede pensar, o no se quiere comprometer?", le remarcó el juez Julio Silva, quien integra el tribunal con los magistrados Alfredo Barrionuevo y Emilio Páez de la Torre.
El testimonio de Elsa Dominga Perea, la madre de la imputada, fue también contradictorio con la historia que dos días antes había contado Marcela Aguilar. La chica, que había acusado a su madre de haber matado al bebé, aseguró que la mujer, una vez cometido el asesinato, le había ordenado que se arrojara al barranco para simular una muerte accidental.
En su recreación del 13 de setiembre de 2000, Perea aseguró que ella recién se encontró con el bebé una vez que Rodríguez lo puso en sus brazos, y que, presa de la desesperación, le dijo a su hija Gabriela que buscara un remise, y lo llevó al hospital, donde le confirmaron que el niño estaba muerto. En su testimonio del miércoles, Perea dijo que quería a su hija, que en la casa no la explotaban laboralmente (la fiscal había dicho que Aguilar se sentía una "Cenicienta") y que se "entendían bien". Pero en sus intervenciones insistió en que la joven se ponía "nerviosa" a raíz de su relación con el novio y padre de dos de sus hijos, Daniel Ferro, quien, aseguró, le pegaba, la maltrataba y amenazaba a la familia Aguilar.

La venta
Ferro, quien también está detenido (y que se acaba de casar con Aguilar en la cárcel) dará su testimonio el sábado, a partir de las nueve, junto a otros testigos, entre ellos los otros hermanos de Marcela Aguilar. Con insistencia, la fiscal le preguntó a Perea si "alguien estaba pensando en entregar o vender al bebé". "No sé", fue la respuesta, igualmente insistente, de la mujer.

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