04 Julio 2010 Seguir en 
Por Juan José Hernández
A pesar de las protestas, muchas veces razonables, de quienes viven o alguna vez vivieron en Tucumán, siempre he creído que la provincia tiene una influencia positiva en la formación de un escritor. Por un lado, le brinda abundantes ocios, enriquece su vida interior: largos períodos de aparente inactividad, de mortal aburrimiento, son recuperados después poéticamente, y hasta añorados. Por otro, nadie ignora que la provincia es algo así como el vivero de un narrador. Paraíso de las malas lenguas, ¡Cuántas apasionantes intimidades se ventilan públicamente en ese medio despiadado! Al mismo tiempo, ¡cuántos ejemplos de conmovedora resignación, o de justificada rebeldía, cuántos testimonios de pobreza, de radical desamparo que uno ha visto de cerca! El falso bienestar de las grandes ciudades, su actividad absorbente, estéril, nos lleva con frecuencia a olvidarlos, sumergiéndonos en una culpable distracción.
La tradición cultural de Tucumán significó demasiado para mí. Otro carácter tiene el vínculo que me une a mi provincia. Es, diría, un sentimiento de orden irracional, mezcla de rechazo y fascinación, sentimiento que comparten muchos de los escritores tucumanos que viven en la capital; aunque a veces, sin mayor entusiasmo, en audiciones de radio o en revistas literarias, mencionen al filósofo Rougés, al sabio Lillo, o al grupo de La Carpa, todos ellos, en confianza, están de acuerdo en señalar la atmósfera opresiva de la provincia, su desidia, su estancamiento. Quizás esa cruel lucidez no sea otra cosa que el reverso de un amor contrariado
Juan José Hernández - Fue uno de los mayores poetas y cuentistas de Tucumán. En 1952 se radicó en Buenos Aires, donde murió en 2007. Fue periodista del diario "La Prensa" y colaborador de LA GACETA Literaria, "La Nación" y la revista "Sur". Ganó, entre otros galardones, el Premio Municipal de Narrativa.
A pesar de las protestas, muchas veces razonables, de quienes viven o alguna vez vivieron en Tucumán, siempre he creído que la provincia tiene una influencia positiva en la formación de un escritor. Por un lado, le brinda abundantes ocios, enriquece su vida interior: largos períodos de aparente inactividad, de mortal aburrimiento, son recuperados después poéticamente, y hasta añorados. Por otro, nadie ignora que la provincia es algo así como el vivero de un narrador. Paraíso de las malas lenguas, ¡Cuántas apasionantes intimidades se ventilan públicamente en ese medio despiadado! Al mismo tiempo, ¡cuántos ejemplos de conmovedora resignación, o de justificada rebeldía, cuántos testimonios de pobreza, de radical desamparo que uno ha visto de cerca! El falso bienestar de las grandes ciudades, su actividad absorbente, estéril, nos lleva con frecuencia a olvidarlos, sumergiéndonos en una culpable distracción.
La tradición cultural de Tucumán significó demasiado para mí. Otro carácter tiene el vínculo que me une a mi provincia. Es, diría, un sentimiento de orden irracional, mezcla de rechazo y fascinación, sentimiento que comparten muchos de los escritores tucumanos que viven en la capital; aunque a veces, sin mayor entusiasmo, en audiciones de radio o en revistas literarias, mencionen al filósofo Rougés, al sabio Lillo, o al grupo de La Carpa, todos ellos, en confianza, están de acuerdo en señalar la atmósfera opresiva de la provincia, su desidia, su estancamiento. Quizás esa cruel lucidez no sea otra cosa que el reverso de un amor contrariado
Juan José Hernández - Fue uno de los mayores poetas y cuentistas de Tucumán. En 1952 se radicó en Buenos Aires, donde murió en 2007. Fue periodista del diario "La Prensa" y colaborador de LA GACETA Literaria, "La Nación" y la revista "Sur". Ganó, entre otros galardones, el Premio Municipal de Narrativa.
NOTICIAS RELACIONADAS







