29 Abril 2003 Seguir en 
En un caso inédito en la Justicia tucumana, los jueces de la sala V de la Cámara Penal deberán resolver el futuro de una joven mujer, acusada de matar a su pequeño hijo de tan sólo un mes, con la grave complicación de que la acusada es sordomuda.
El pequeño Gabriel Alejandro Aguilar murió asfixiado el 13 de setiembre de 2000. Su cuerpo fue hallado en un barranco, a 150 metros de un camino vecinal de Colonia 5, Famaillá.
La primera versión fue aportada por la madre de Florencia Marcela Aguilar, la acusada. Elsa Domínguez Pérez dijo que el bebé se le había caído a Aguilar en el barranco. Pero el vecino Víctor Hugo Rodríguez afirmó haber visto a Aguilar arriba del barranco, asfixiando con un trapo a la criatura. Al ser detenida, y con un intérprete, Aguilar acusó a su madre. Dijo que Pérez le había puesto un trapo en la mano y que la obligó a ponérselo en la boca a Gabriel. La joven, que actualmente tiene 26 años, dijo que su madre solía golpear al bebé porque lloraba mucho y ella, por ser sordomuda, no lo oía.
Las peritos
Aguilar, quien es asistida por el defensor oficial César Picón y que además enfrenta una pena de prisión perpetua, se casó en la cárcel hace unos 15 días con su novio, Daniel Ferro, quien también está detenido y que será un testigo fundamental en la causa.
Durante la audiencia, y por primera vez desde que se iniciaron los juicios orales, debió recurrirse a la ayuda de las peritos María Emilse Ortigoza y Ana Lucía González Hernández, quienes no sólo debieron realizar las preguntas que efectuaban las partes, sino que además tuvieron que interpretar las respuestas de los acusados. Aguilar no dudó en acusar nuevamente a su madre, como la autora del homicidio, aunque según remarcó la fiscal Juana Prieto de Sólimo hubo varias contradicciones. La joven agregó que su madre no sólo asfixió a su hijo con un pedazo de algodón, sino que además lo ahorcó con el cordón de una zapatilla. El problema, indicaron las intérpretes, es que no siempre se puede hacer una traducción literal de las señas. Además, Aguilar comenzó a aprender ese sistema de comunicación hace muy poco. Inclusive debió recurrirse a escenificaciones, para tratar de que algunos aspectos del caso queden en claro. En ese sentido, no quedó muy claro por qué ella no hizo nada para evitar el crimen. "Tenía mucho miedo de mi madre", explicó.
Las repreguntas
Durante horas, Aguilar trató de explicar que ella amaba a su hijo (antes que él ya tenía otras dos hijas) y que la culpable de todo era su madre, a quien denunció además por golpearla. Lo más difícil fueron las repreguntas. Las peritos tuvieron además la colaboración de Norma López y Juan Manuel Carrizo, dos jóvenes sordos que trataban de interpretar lo que la acusada intentaba decir, cuando no le salían las señas. En medio de todo, gran parte del público estaba conformado también por sordos que "conversaban" entre ellos, ante lo cual el presidente del tribunal, Alfredo Barrionuevo, les pidió que dejaran de hacerlo.
La audiencia continuará el miércoles, cuando declarará la madre de la acusada.
El pequeño Gabriel Alejandro Aguilar murió asfixiado el 13 de setiembre de 2000. Su cuerpo fue hallado en un barranco, a 150 metros de un camino vecinal de Colonia 5, Famaillá.
La primera versión fue aportada por la madre de Florencia Marcela Aguilar, la acusada. Elsa Domínguez Pérez dijo que el bebé se le había caído a Aguilar en el barranco. Pero el vecino Víctor Hugo Rodríguez afirmó haber visto a Aguilar arriba del barranco, asfixiando con un trapo a la criatura. Al ser detenida, y con un intérprete, Aguilar acusó a su madre. Dijo que Pérez le había puesto un trapo en la mano y que la obligó a ponérselo en la boca a Gabriel. La joven, que actualmente tiene 26 años, dijo que su madre solía golpear al bebé porque lloraba mucho y ella, por ser sordomuda, no lo oía.
Las peritos
Aguilar, quien es asistida por el defensor oficial César Picón y que además enfrenta una pena de prisión perpetua, se casó en la cárcel hace unos 15 días con su novio, Daniel Ferro, quien también está detenido y que será un testigo fundamental en la causa.
Durante la audiencia, y por primera vez desde que se iniciaron los juicios orales, debió recurrirse a la ayuda de las peritos María Emilse Ortigoza y Ana Lucía González Hernández, quienes no sólo debieron realizar las preguntas que efectuaban las partes, sino que además tuvieron que interpretar las respuestas de los acusados. Aguilar no dudó en acusar nuevamente a su madre, como la autora del homicidio, aunque según remarcó la fiscal Juana Prieto de Sólimo hubo varias contradicciones. La joven agregó que su madre no sólo asfixió a su hijo con un pedazo de algodón, sino que además lo ahorcó con el cordón de una zapatilla. El problema, indicaron las intérpretes, es que no siempre se puede hacer una traducción literal de las señas. Además, Aguilar comenzó a aprender ese sistema de comunicación hace muy poco. Inclusive debió recurrirse a escenificaciones, para tratar de que algunos aspectos del caso queden en claro. En ese sentido, no quedó muy claro por qué ella no hizo nada para evitar el crimen. "Tenía mucho miedo de mi madre", explicó.
Las repreguntas
Durante horas, Aguilar trató de explicar que ella amaba a su hijo (antes que él ya tenía otras dos hijas) y que la culpable de todo era su madre, a quien denunció además por golpearla. Lo más difícil fueron las repreguntas. Las peritos tuvieron además la colaboración de Norma López y Juan Manuel Carrizo, dos jóvenes sordos que trataban de interpretar lo que la acusada intentaba decir, cuando no le salían las señas. En medio de todo, gran parte del público estaba conformado también por sordos que "conversaban" entre ellos, ante lo cual el presidente del tribunal, Alfredo Barrionuevo, les pidió que dejaran de hacerlo.
La audiencia continuará el miércoles, cuando declarará la madre de la acusada.
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