17 Junio 2010 Seguir en 
Dos frases pueden resumir la tragedia juvenil ocurrida en Rosario de la Frontera. "Muchas veces los jóvenes son los voceros de las enfermedades de la sociedad". "El que no sabe dónde termina la acera y dónde empieza la vereda se expone a que un auto lo atropelle". Fueron dichas por una médica y una pediatra. No sólo la ciudad salteña, sino ya todo el país está conmovido por los suicidios de cuatro adolescentes de 14 y 15 años en los últimos dos meses. Tres de ellos concurrían a la escuela de Comercio "Nuestra Señora del Rosario". Los comentarios generalizados sostienen que los suicidios estarían vinculados con un juego de internet. Ello derivó en una investigación judicial.
El viernes pasado hubo una marcha multitudinaria para reclamar a las autoridades provinciales asesoramiento y contención. Mientras muchos padres responsabilizaron a internet de esta desdicha, especialistas y educadores hicieron hincapié en la ausencia de diálogo y en la falta de expectativas de vida de los adolescentes. Los hechos desnudaron, por otro lado, precariedades en el mismo establecimiento educativo que carece de un gabinete psicopedagógico o en el hospital, donde sólo hay un psicólogo.
Lamentablemente, los suicidios de adolescentes no son nuevos. De acuerdo con un informe, publicado en la revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, en 2003, se quitaron la vida en nuestro país 818 adolescentes y jóvenes, de entre 15 y 24 años (con una proporción de 3,6 varones por cada mujer). Se indica que la tasa de suicidio de adolescentes y jóvenes varones del país total es superada por las provincias de Río Negro (24,4); Tierra del Fuego (25,6); La Pampa (29,4); Chubut (34,5) y Salta (35,2). La duplican Jujuy (40) y La Rioja (47,8) y la triplica Santa Cruz (61,1).
Una profesora pintó un cuadro de situación, en cuyo marco pueden entenderse tal vez algunos de los porqués. "Tenemos un gran problema: nos faltan fuentes genuinas de trabajo. La raíz es esa. El desempleo acarrea índices altos de alcoholismo y violencia familiar. En Rosario hay una enorme desigualdad. Casi no tenemos clase media y la poca que existe está bastante deteriorada", le dijo a nuestro diario. Considera que la juventud rosarina tiene escasas oportunidades y no sabe cómo canalizar su tiempo libre -excepto sumergiéndose en internet- porque el último cine se convirtió en un templo y la cancha de golf es para una minoría.
Se ha dicho en varias oportunidades que nuestra sociedad está en crisis, que la juventud no tiene modelos a seguir, que fomenta el consumo y lo superficial, el éxito fácil, los 15 minutos de fama, donde cada vez está más ausente la cultura del esfuerzo. Una sociedad que goza de increíbles adelantos en los medios de comunicación, pero sin embargo, está más incomunicada. Algunos adjudican los conflictos de la juventud a que los límites se han relajado hasta el punto de que los padres se han vuelto concesivos con los hijos y tienen miedo de ponerlos en su lugar por temor a que dejen de quererlos. Posiblemente eso sucede por la culpa que sienten los padres por estar poco tiempo en el hogar como consecuencia que, en la mayoría de los casos, ambos deben trabajar.
Los alumnos suelen ser el reflejo de la educación que reciben. Si una buena parte de ellos carece de expectativas de vida tal vez sea porque los mayores no saben estimularlos o mostrarles caminos válidos diferentes y diferentes a los que les ofrecen la sociedad de consumo. El deporte y el arte (conformar en los establecimientos coros, talleres literarios, de teatro, de títeres, de dibujo, de publicidad, de fotografía) son siempre buenos caminos para educar a cualquier persona. Educación y diálogo hacen mejores a los seres humanos. La comunidad de Rosario de la Frontera tal vez encuentre sus respuestas mirándose a sí misma.
El viernes pasado hubo una marcha multitudinaria para reclamar a las autoridades provinciales asesoramiento y contención. Mientras muchos padres responsabilizaron a internet de esta desdicha, especialistas y educadores hicieron hincapié en la ausencia de diálogo y en la falta de expectativas de vida de los adolescentes. Los hechos desnudaron, por otro lado, precariedades en el mismo establecimiento educativo que carece de un gabinete psicopedagógico o en el hospital, donde sólo hay un psicólogo.
Lamentablemente, los suicidios de adolescentes no son nuevos. De acuerdo con un informe, publicado en la revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, en 2003, se quitaron la vida en nuestro país 818 adolescentes y jóvenes, de entre 15 y 24 años (con una proporción de 3,6 varones por cada mujer). Se indica que la tasa de suicidio de adolescentes y jóvenes varones del país total es superada por las provincias de Río Negro (24,4); Tierra del Fuego (25,6); La Pampa (29,4); Chubut (34,5) y Salta (35,2). La duplican Jujuy (40) y La Rioja (47,8) y la triplica Santa Cruz (61,1).
Una profesora pintó un cuadro de situación, en cuyo marco pueden entenderse tal vez algunos de los porqués. "Tenemos un gran problema: nos faltan fuentes genuinas de trabajo. La raíz es esa. El desempleo acarrea índices altos de alcoholismo y violencia familiar. En Rosario hay una enorme desigualdad. Casi no tenemos clase media y la poca que existe está bastante deteriorada", le dijo a nuestro diario. Considera que la juventud rosarina tiene escasas oportunidades y no sabe cómo canalizar su tiempo libre -excepto sumergiéndose en internet- porque el último cine se convirtió en un templo y la cancha de golf es para una minoría.
Se ha dicho en varias oportunidades que nuestra sociedad está en crisis, que la juventud no tiene modelos a seguir, que fomenta el consumo y lo superficial, el éxito fácil, los 15 minutos de fama, donde cada vez está más ausente la cultura del esfuerzo. Una sociedad que goza de increíbles adelantos en los medios de comunicación, pero sin embargo, está más incomunicada. Algunos adjudican los conflictos de la juventud a que los límites se han relajado hasta el punto de que los padres se han vuelto concesivos con los hijos y tienen miedo de ponerlos en su lugar por temor a que dejen de quererlos. Posiblemente eso sucede por la culpa que sienten los padres por estar poco tiempo en el hogar como consecuencia que, en la mayoría de los casos, ambos deben trabajar.
Los alumnos suelen ser el reflejo de la educación que reciben. Si una buena parte de ellos carece de expectativas de vida tal vez sea porque los mayores no saben estimularlos o mostrarles caminos válidos diferentes y diferentes a los que les ofrecen la sociedad de consumo. El deporte y el arte (conformar en los establecimientos coros, talleres literarios, de teatro, de títeres, de dibujo, de publicidad, de fotografía) son siempre buenos caminos para educar a cualquier persona. Educación y diálogo hacen mejores a los seres humanos. La comunidad de Rosario de la Frontera tal vez encuentre sus respuestas mirándose a sí misma.







