"Con la desincriminación no se va a disparar el consumo. Al narcotraficante lo favorece la prohibición, porque esta crea mecanismos de ruptura del sistema: coima, cohecho, corrupción. Sí es cierto que la despenalización será un problema concreto para la Policía, que no tendrá trabajo a menor escala. Hasta ahora, los únicos que pagaron son los perejiles". Alberto Calabrese, integrante de la Comisión nacional coordinadora de políticas públicas en materia de prevención y control del tráfico ilícito de estupefacientes.
"Sin dudas esto favorecería una disminución de la percepción de riesgo y en consecuencia aumentaría el uso de drogas. El mensaje que se le pasa a la sociedad es para incrementar el consumo". Raúl Granero, titular de la Secretaría de programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico.
En el drama de las drogas, los argentinos estamos como chicos en medio de una pelea de un matrimonio desavenido: cuando la madre se pone en dura, el padre asume una postura complaciente, y viceversa.
Esta pelea se volvió combate de fondo en 2008, cuando desde el Ministerio de Justicia, que entonces conducía Aníbal Fernández (actual jefe de Gabinete) se impulsó el cambio de paradigmas a partir de una realidad dramática: en dos décadas de vigencia de la ley 23.737 (antidrogas) pasaron 300.000 personas por el derecho penal; el 70% eran perejiles (adictos, no narcos) y la situación ha empeorado, tanto en lo que hace a la prevención del delito como en el tratamiento de los adictos.
Se creó una comisión coordinadora para asesorar al gobierno, con el acento puesto en que se debe priorizar el aspecto de la salud y cambiar la acción criminal, hasta ahora enfocada específicamente en los perejiles, no en los grandes traficantes.
La primera consecuencia ha sido la lucha solapada entre esta comisión y la Sedronar, institución que se encargó en estas dos décadas de prevenir el abuso de drogas y combatir al narcotráfico. La comisión pide que la Sedronar tenga menos atribuciones y que no actúe en cuestiones de prevención de salud.
El segundo round fue el fallo de la Corte Suprema de Justicia (en agosto 09) que declaraba que no era penalizable el uso de una mínima cantidad de droga para consumo personal. El juez de la Corte Suprema Carlos Fayt pidió que se la sociedad debata el asunto y que los poderes Ejecutivo y Legislativo actúen.
La pelea de fondo sigue librándose. Lo dramático es que estos dos contrincantes integran el mismo Gobierno. Los dos dicen que quieren luchar contra los narcotraficantes, ayudar a los adictos y generar el debate en la sociedad. Pero, en los hechos, se sigue actuando como siempre.
Lo dijo el juez federal Mario Racedo en la reunión entre fiscales y jueces federales: crece la venta en las villas de emergencia y no se persigue a los peces gordos. Ni siquiera se sabe quiénes son. ¿Serán peces gordos algunos de los detenidos en el barrio Antena, que tenían cocaína bajo las jaulas de los gallos de riña? ¿Los dealers del barrio Costanera son peces gordos?
El cambio de paradigmas atañe a todos. No sirvió la política de prohibición y represión. ¿Hacia dónde vamos? ¿Por qué sigue la pelea en vez de que el país entero debata y las instituciones actúen para evitar la marea que se nos viene encima? Los argentinos estamos como hijos en una disputa matrimonial. Y como suele ocurrir en esas peleas, los hijos terminan haciendo lo que ellos quieren, no lo que los padres deciden sin mínima razón.
"Sin dudas esto favorecería una disminución de la percepción de riesgo y en consecuencia aumentaría el uso de drogas. El mensaje que se le pasa a la sociedad es para incrementar el consumo". Raúl Granero, titular de la Secretaría de programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico.
En el drama de las drogas, los argentinos estamos como chicos en medio de una pelea de un matrimonio desavenido: cuando la madre se pone en dura, el padre asume una postura complaciente, y viceversa.
Esta pelea se volvió combate de fondo en 2008, cuando desde el Ministerio de Justicia, que entonces conducía Aníbal Fernández (actual jefe de Gabinete) se impulsó el cambio de paradigmas a partir de una realidad dramática: en dos décadas de vigencia de la ley 23.737 (antidrogas) pasaron 300.000 personas por el derecho penal; el 70% eran perejiles (adictos, no narcos) y la situación ha empeorado, tanto en lo que hace a la prevención del delito como en el tratamiento de los adictos.
Se creó una comisión coordinadora para asesorar al gobierno, con el acento puesto en que se debe priorizar el aspecto de la salud y cambiar la acción criminal, hasta ahora enfocada específicamente en los perejiles, no en los grandes traficantes.
La primera consecuencia ha sido la lucha solapada entre esta comisión y la Sedronar, institución que se encargó en estas dos décadas de prevenir el abuso de drogas y combatir al narcotráfico. La comisión pide que la Sedronar tenga menos atribuciones y que no actúe en cuestiones de prevención de salud.
El segundo round fue el fallo de la Corte Suprema de Justicia (en agosto 09) que declaraba que no era penalizable el uso de una mínima cantidad de droga para consumo personal. El juez de la Corte Suprema Carlos Fayt pidió que se la sociedad debata el asunto y que los poderes Ejecutivo y Legislativo actúen.
La pelea de fondo sigue librándose. Lo dramático es que estos dos contrincantes integran el mismo Gobierno. Los dos dicen que quieren luchar contra los narcotraficantes, ayudar a los adictos y generar el debate en la sociedad. Pero, en los hechos, se sigue actuando como siempre.
Lo dijo el juez federal Mario Racedo en la reunión entre fiscales y jueces federales: crece la venta en las villas de emergencia y no se persigue a los peces gordos. Ni siquiera se sabe quiénes son. ¿Serán peces gordos algunos de los detenidos en el barrio Antena, que tenían cocaína bajo las jaulas de los gallos de riña? ¿Los dealers del barrio Costanera son peces gordos?
El cambio de paradigmas atañe a todos. No sirvió la política de prohibición y represión. ¿Hacia dónde vamos? ¿Por qué sigue la pelea en vez de que el país entero debata y las instituciones actúen para evitar la marea que se nos viene encima? Los argentinos estamos como hijos en una disputa matrimonial. Y como suele ocurrir en esas peleas, los hijos terminan haciendo lo que ellos quieren, no lo que los padres deciden sin mínima razón.







