Anestesia, estrategias y un anhelo

El país, y por ende la actividad política, hará un paréntesis durante 30 días para seguir a la selección. Su eventual éxito servirá para adormecer a dirigentes y dirigidos.

Por Juan Manuel Asis 12 Junio 2010
Anestesia por un mes. Eso le espera al país, más aún si a partir de hoy la selección argentina gana en protagonismo deportivo y llega al 11 de julio como finalista (ojalá). La actividad política no escapará a la parálisis mundial y a la fiebre por el fútbol: observaremos menos labores parlamentarias, liviandad ejecutiva y escaso a nulo proselitismo (y si lo hay, con seguridad estará desembozadamente ligado de alguna forma a lo que puedan hacer la genialidad de Messi, la tozudez de Tevez o la efectividad de Higuaín). Los profesionales de la política conocen el paño, saben que si deben fijar posiciones partidarias o adoptar definiciones electorales, estas tienen que efectivizarse antes o después de un Mundial de Fútbol, indefectiblemente. Lo que suceda "durante" el campeonato no se vuelve trascendente por más que lo sea; así es como se cuelan decretos especiales en los boletines oficiales y resoluciones que pueden ser calificadas de impopulares. Un Mundial es una buena oportunidad para que los integrantes de los poderes públicos hagan de las suyas (en alguna ocasión, mientras Saviola, Crespo y Cambiasso "bailaban" a los serbios en 2006, los legisladores en silencio se aumentaban las dietas). Picardías institucionales que le llaman. En la Argentina, por lo que se juega en 2011 -el recambio de autoridades- las acciones con miras al partido presidencial tuvieron que concretarse durante la semana que pasó para dejar sentada presencias, intereses y mensajes.
Los que tienen vocación de poder saben que su registro político debe quedar antes que la conciencia social se enfrasque en las gambetas y goles argentinos (ojalá). En esa dirección se vieron jugadas en el oficialismo y en la oposición: a Néstor Kirchner cruzando de norte a sur el país mostrándose como el candidato natural a suceder a su esposa; a los disidentes del peronismo saliendo a la cancha asegurando que han conformado un equipo con figuras relevantes y que tendrán un candidato para pelearle el campeonato al patagónico (estratégicamente dejaron en la nebulosa si lo harán o no en la cancha del PJ, aunque esto último sea lo más práctico en sentido electoral); a los principales aspirantes del radicalismo y del cobismo poniéndose la camiseta del "yo quiero ser", a Mauricio Macri asegurando que le interesa el sillón de Rivadavia -con guiños a los disidentes justicialistas, con los que compartió una delantera ganadora en 2008- y a Elisa Carrió -en cambio- no diciendo nada. Es un silencio táctico. Tal vez se decida a hablar cuando los otros callen obnubilados por las subidas rutilantes de Di María, instalando su voz en un adormilado ambiente político. Lo real es que, frente a los pasos apresurados de sus contrincantes, por más que su método sea el de los periódicos golpes de efecto, ha perdido espacio; como si hubiera quedado rezagada en la carrera hacia la Presidencia. Aunque "Lilita" está ahí, como Palermo, esperando su oportunidad. La mayoría actuó, los habilidosos de la política fijaron posición, dejaron en claro sus ambiciones e intenciones y en los 30 días por venir aguardarán inquietos que Sudáfrica quede atrás para acelerar el trabajo electoral, para empezar con sus "quiebres de cintura" y a marcar sus propios goles.
En Tucumán, el alperovichismo mira las movidas de los principales contrincantes internos en el peronismo con alguna preocupación, cual si fuera Garcé, no sabiendo cómo lo harán jugar, si es que estará en el gran partido final o si lo verá desde el banco comiendo alfajores. El director técnico, el del buzo con una gran "K" en la espalda, tiene al gobernador, José Alperovich, en la lista de "los 23" confiables, y entre los dos o tres que puedan calzarse los botines de candidato a vicepresidente en 2011. Sin embargo, el mandatario mira esos calzados con tapones relucientes y reniega, no tiene las ansias de Demichelis y de Samuel por salir a la cancha y defender a la escuadra albiceleste del ataque de los adversarios. Alperovich lo admitió hace poco a los concejales capitalinos. Prefiere seguir practicando en la "Liga Tucumana", porque aquí viene ganando por goleada en cada elección. Una votación en la provincia es un "partido fácil": juega de local, a cancha llena, sin hinchada opositora, con pelota propia, con adversarios a los que "tiene de hijos", con un reglamento electoral que lo favorece -acople mediante-, y con una terna arbitral "amiga": fiscal de Estado, presidente de la Corte Suprema de Justicia y el vicegobernador. Con ese marco, perder es una utopía. Es como si Argentina jugara siempre un amistoso contra Canadá: un 5 a 0 cantado.
A los ediles oficialistas les quedó claro que Alperovich no quiere ser segundo en la "A" sino primero en el "anual de la Liga local". Si le dieran a elegir, Alperovich no duda; pero está resignado a esperar lo que diga finalmente el gran DT: si lo ponen en la cancha en agosto de 2011, tendrá que calzarse los botines para la interna abierta y hacer de Burdisso.
¿Hay alguna otra razón por la que Alperovich le disguste la camiseta con el dos en la espalda? Respuesta: no quiere perder. En un Mundial, el que llega a la final y pierde, pierde más que todo, sólo se lo menciona al pasar cuando se evoca al victorioso. Y si en la provincia no ve adversarios de fuste, en cambio observa que en la Nación al kirchnerismo le aparecieron los disidentes para disputarle el primer puesto, además de las posibles sociedades de radicales como una tercera alternativa. Algo así como que a la Argentina le salgan como competidores Brasil y España. Con en ese panorama, no llegar es una alternativa posible. Y esa sola posibilidad asusta al mandatario tucumano, que siempre apuesta a ganador. Pero, como se dijo, si Kirchner lo llama no tendrá más remedio que equiparse, ponerse la cinta de capitán y salir a la cancha a jugar de Mascherano, a correr para todos lados, tapando los agujeros del oficialismo.
Sin embargo, existe una ligera chance para no ser citado y que quede para intervenir en otro tipo de encuentro. Si eventualmente el santacruceño sorprende y le da la camiseta a un Otamendi (por ejemplo Juan Manuel Urtubey, o algún tapadito que pueda sobresalir en el juego), y gana la final en octubre de 2011, Alperovich podría llegar después a un ministerio de la Nación. Ya se lo mencionó como un hombre para sumar al gabinete nacional antes de que Juan Manzur fuera convocado para el Ministerio de Salud. Esa es una alternativa con un nuevo diseño de campo, ya que permitiría al titular del Poder Ejecutivo poder repetir al frente del Gobierno (si no hay trabas judiciales). Si Alperovich resulta electo en Tucumán, y luego Kirchner lo convoca para integrar su gabinete (si el pingüino regresa a la presidencia, claro), el futuro candidato a vicegobernador pasará a ser la figura clave a elegir. Será como Sergio Romero, una especie de arquero que llega a último momento y que se afianza en el puesto por el nivel de seguridad confianza que le brinda al técnico. ¿Quién será ese jugador? En el peronismo están evaluando esta posibilidad y algunos están acomodando su indumentaria a ese probable esquema. Tal vez sea el partido que más le agrade a Alperovich porque no perdería protagonismo en Tucumán y alcanzaría los planos nacionales sin arriesgar su pellejo. El hecho de esa eventual citación lo obliga a pensar el doble sobre quién debería ser su compañero de fórmula. O, por lo menos, analizar cuál sería el perfil que debe reunir ese suplente de lujo, algo así como un Milito. Los nombres, como siempre, son los mismos: Manzur (quien pierde posiciones en el Gobierno cada vez que el Tribunal de Cuentas le descubre una anormalidad administrativa a Pablo Yedlin, ya que lo consideran el responsable inicial de los defectos en la gestión de salud), Beatriz Rojkés, Sergio Mansilla (ambos deberían dejar su banca en el Senado) y Osvaldo Jaldo.
Es decir, no son pocas las probabilidades que debe merituar Alperovich para diagramar su futuro político: ser candidato a vice, postularse nuevamente a gobernador y llegar luego a ministro. Algo así como ser la "brujita" Verón (acompañar para triunfar o perder), ser Messi (para golear en la provincia) o ser Pastore (un recambio de primera). En suma, después del Mundial se abrirá el juego, cada equipo pondrá lo mejor en el campo, se sabrá quiénes son los aspirantes reales al título en 2011 y se pondrán en marcha las máquinas electorales; sea cual sea el papel que cumpla la selección en Sudáfrica, porque la actividad política sólo hace un paréntesis; jamás se detiene. (Ojalá nadie detenga al equipo de Maradona, que hoy es propietario de la felicidad o la tristeza momentánea de los argentinos).

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