El desastre ambiental en el Golfo de México

10 Junio 2010
La imagen de los pelícanos empetrolados en estado de parálisis recorrió ayer el mundo. Una muerte segura les espera a estas aves acuáticas que son víctimas de los desaguisados del hombre en la naturaleza. El 20 de abril pasado, millones de litros de petróleo comenzaron a derramarse en el Golfo de México, luego de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, que perforaba un pozo para empresa de energía British Petroleum (BP). Desaparecieron 11 trabajadores. El pozo Macondo está ubicado a 68 kilómetros al sureste de Venice, Louisiana, a unos 1.525 metros de la superficie y a 13.000 pies bajo el lecho marino.

Se trata del peor derrame en la historia de Estados Unidos, que afecta a unos 193 kilómetros de línea costera y amenaza el rico y frágil ecosistema de esa zona del país. Hasta ahora el derrame no ha podido ser controlado.

Ya en los primeros días de mayo, el derrame amenazaba con producir una catástrofe ambiental en cuatro Estados norteamericanos y ponía en peligro playas turísticas, refugios naturales y fértiles áreas de pesca. El petróleo había bañado también gran parte de las orillas de las islas Chandeleur, que conforman el Refugio Nacional de Vida Salvaje de Breton. Los científicos que sobrevolaron la región habían observado listones de petróleo que penetraban las numerosas bahías, canales y entradas de las islas. El 19 de mayo el petróleo había tocado las marismas de Louisiana y fragmentos ingresaron a una poderosa corriente marina que podía llevarlo a Florida. Una semana después la BP puso en marcha un procedimiento mediante el cual se inyectan fluidos pesados y otros materiales al pozo dañado para frenar la fuga y después sellarla con cemento. El presidente de la BP sostuvo que el costo del desastre era de 930 millones de dólares. A fines de mayo se informó que la metodología para taponar en paso habría fallado. Un poco tardíamente, se anunció el 1 de junio que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos había lanzado una investigación criminal y civil sobre la explosión de la plataforma y la marea negra.

Sin embargo, la expansión del llamado oro negro prosigue su lenta pero profunda invasión a las costas de Florida; los expertos sostienen que el crudo no dejará de fluir hasta agosto. Las extensas franjas de petróleo que no forman parte de la marea que cubre parte del Golfo de México, se mantienen suspendidas y circulando bajo el mar, una situación que según estiman los científicos, puede ser devastadora también para el ecosistema submarino de la región. Estas extensas franjas de alquitrán se mueven entre los 50 y 1.400 metros de profundidad en el mar y por lo tanto no son visibles para los satélites. El hecho hace casi imposible la limpieza. Mientras este desastre ambiental prosigue y los daños que provocará a la naturaleza son incalculables, la empresa British Petroleum ha gastado 50 millones de dólares en publicidad televisiva para mejorar su imagen. El Gobierno estadounidense calcula que alrededor de 19.000 barriles por día se estarían derramando en el Golfo.

Mientras los ejecutivos de BP, Transocean y Halliburton se siguen culpando entre ellos por la catástrofe, el oro negro de los hombres sigue matando los peces y cuanto encuentra en su camino marítimo.

Desde hace ya años tenemos días mundiales del medio ambiente, de la Tierra, de agua, del hábitat, del clima, para la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra y los conflictos armados; sin embargo, pese la prédica de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales, el hombre sigue cometiendo desastres ambientales. El daño a la naturaleza no se puede solucionar con dólares ni con euros. Cuando esta reacciona ante las agresiones, nada puede detenerla. El hombre ya debería haber aprendido.

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